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Angelina Jolie también es una directora apreciable

En Invencible demuestra que sabe hablar con la cámara

He leído que en el saqueo de la base de datos de Sony, perpetrada por hackers al kamizake servicio de ese demencial señor que reina en Corea del Norte, el productor Scott Rudin calificaba a Angelina Jolie como una niña malcriada con mínimo talento. Menos mal que en su piadosa descripción no se le ha ocurrido también acusarla de fea. Ignorando si se comporta como una malcriada, me parece una actriz competente y dudo mucho ateniéndome a las películas que ha dirigido que su talento sea inexistente. La dura En tierra de sangre y miel, ambientada en la guerra de los Balcanes, no era desdeñable.

En Invencible demuestra que sabe hablar con la cámara. También debió de ser curioso el rodaje, ya que es una película bélica habitada exclusivamente por tíos y de la cual sospechas que se ha filmado en condiciones duras. Se necesita mucha personalidad, siendo la reina de la belleza, para dirigir a un ejército de hombres abarrotados de testosterona que viven situaciones al límite, intentado sobrevivir, matando y muriendo. No es la única directora que se siente en su mundo con temáticas siempre protagonizadas por la violencia. Ahí está la excelente Kathryn Bigelow, autora entre otras películas de las tensas y sangrientas Acero azul, Le llaman Bodhi, Días extraños, K-19, En tierra hostil y La noche más oscura, una mujer que se siente en su salsa no haciendo cine intimista, sino de acción.

Invencible depara más sorpresas. Y es que el guion lo han escrito los hermanos Coen y Richard La Gravanese. Y es complicado deducir las razones de los hermanos Coen para abordar una historia que no guarda relación con su identificable mundo. Al parecer, ese guion dio múltiples vueltas por las productoras y acabó dirigiéndolo Angelina Jolie

Comienza con una batalla aérea en el Pacífico durante la II Guerra Mundial que te contagia la adrenalina de quienes exponen su vida en medio del cielo. Uno de los soldados se llama Louis Zamperini y fue un personaje real que disfrutó de un poquito de gloria y también padeció un largo y monstruoso infierno terrenal.

Cuando un flashback empieza a contarte la adolescencia de ese chaval huraño y problemático que descubre en el atletismo, en su capacidad de resistencia y su fuerza para correr como el viento, que por fin ha encontrado su motor vital, crees que vas a asistir a un biopic exaltante, tipo Carros de fuego. Pero la guerra paralizará sus gestas, después de haber logrado un récord duradero en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936.

A partir de ahí, todo se convertirá en un excesivo calvario para el hombre que pudo reinar. Después del milagro de no palmarla al ser derribado su avión y resistir durante meses en una balsa rodeado de tiburones, alimentándose con peces crudos y agua de lluvia, será rescatado no por los suyos, sino por los japoneses. Y en un campo de concentración descubrirá por medio de uno de sus guardianes, sádico, torturador y obsesionado con hacerle perder la dignidad, que no hay animal más cruel que el ser humano. Por mi parte, acabo un poco harto de tanta paliza explícita. Preferiría que la directora utilizara algo llamado elipsis. Los actores son creíbles y la profesionalidad como narradora de Angelina Jolie parece curtida. El talento no es mínimo, sino más que aceptable.

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