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Por fortuna, no

A la pregunta: ¿Es posible un español global?, mi respuesta es: "Por suerte, no". La idea de buscar esa meta globalizadora implica desconocer la virtud de una lengua viva y multiforme. Más allá de las periódicas incorporaciones de la Academia, que son bienvenidas y revelan su demorada, a veces, pero atenta observación del idioma en muy diversas latitudes.

Me parece prudente atender al che y al pibe argentino. Un criterio tan esquemático y utópico como el que apela al "español global" nos acercaría a la idea del esperanto, perspectiva que no se merece ese lenguaje cristalino y sonoro, lleno de inflexiones musicales, que dio origen a una literatura, una poética y un teatro tan variados como cautivantes. Y que se enriquece día a día con el aporte de los afluentes de ultramar.

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