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Simpatía por el demonio

Serguéi Necháyev fue protegido de Bakunin y odiado por Marx. Su manifiesto viene acompañado de las notas y el epistolario de Dostoievski

Simpatía por el demonio

En noviembre de 1869, un acontecimiento que podría haber sido amarillo chismoso se tiñó de rojo político y sacudió Moscú, la época y a Fiódor Dostoievski, que nos regaló así una de sus más furiosas diatribas contra el nihilismo en general, y el carácter ruso en particular (y viceversa). El cadáver del estudiante Iván Ivanovich Ivanov —el Iván Shatov de Los demonios— fue hallado en el fondo de un estanque con un tiro en la cabeza, crimen tras el cual se escondía y se escondió Serguéi Necháyev —el Piotr Stepánovich de la obra citada—. Admirador del célebre Dmitri Karakozov, que en abril de 1866 había atentado sin suerte contra el zar Alejandro II; "monje cruel que inauguró la raza despectiva de los grandes señores de la revolución desesperada", según lo calificara Albert Camus en El hombre rebelde; "el primer terrorista", según lo categorizara Edward H. Carr en Los exiliados románticos. Necháyev fue protegido, del a diestra y siniestra multiodiado, Mijaíl Bakunin —el endemoniado Nikolái Stavrogin—. Y si algún invitado faltaba a tan distinguida orgía, Karl Marx, que más sabía por viejo que por topo, se sumó para desprestigiar al anarquismo en general, y a Bakunin en particular (y viceversa).

De tamaña envergadura son, pues, los protagonistas principales de esta novela de intriga, de esta cinta de espionaje y contraespionaje, de este manual de conocimiento insurreccional anarquista cuya excusa es la meticulosa edición del manifiesto revolucionario nechayeviano, originariamente titulado Reglas en las que debe inspirarse un revolucionario, que con un estilo directo y despiadado —que no se hubiera atrevido a utilizar nuestra mismísima Myrna Minkoff en sus cartas a Ignatius Reilly— promulga enfebrecido “la destrucción rápida, terrible, total y sin piedad de esta ignominia que representa el orden universal”. Envuelto en una preciosista edición, el prólogo ilustrativo, las notas preliminares de Dostoievski y un epistolario final, con comentarios de los implicados en el affaire Necháyev completan un libro absolutamente fuera de lo común.

El catecismo revolucionario. Mijaíl Bakunin y Serguéi Necháyev. Notas y epistolario de Dostoievski Traducción de J. Alcalde. La Felguera Editores. Madrid, 2014. 308 páginas. 17 euros

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