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OPINIÓN

Escritores ocultos

'Una habitación en Europa' es un conjunto de diarios de Avelino Fierro escritos entre 2010 y 2012

La amistad me ha permitido conocer uno de los libros más hermosos de cuantos se han publicado este año en nuestro país (mi amistad con el autor no condiciona mi juicio). Una habitación en Europa es un conjunto de diarios publicado por una editorial provincial, Eolas Ediciones, y firmado por Avelino Fierro, de profesión fiscal y de vocación escritor, dibujante y lector. “El diario de un lector agradecido” define él mismo su libro, un conjunto de diarios escritos entre el año 2010 y el 2012 cuya finura y delicadeza emparenta a su autor con los grandes escritores de dietarios españoles: Josep Pla, César González-Ruano, Julio Camba (con el que Avelino Fierro comparte la definición que de él dio el escritor ampurdanés: “Tenía un horario incierto y su vanidad fue nula”), Ramón Gaya, Gimferrer, Francisco Umbral, Trapiello, Azúa o Sánchez-Ostiz, y cuya profusión de citas, ninguna de ellas aleatoria o injustificada, destinada a la autocomplacencia del escritor o al épatage del lector como a menudo sucede, sino producto de su función fecundadora del texto, de su capacidad sintetizadora de ideas y pensamientos o de su potencialidad metafórica o iluminadora sin más, delatan a una persona que lo ha leído y lo ha digerido todo (las dos cosas son precisas para que se sedimente el humus de lectura), todo con el aprovechamiento de los verdaderos sabios, esos que hacen de su sabiduría un arte y no una escalera hacia la presunción misántropa.

Que un desconocido fiscal de provincias que publica su primer libro a los 58 años cite en él a poetas desconocidos para un lector avezado (también a los conocidos), a los filósofos europeos y universales menos trillados (también a los más famosos), a pintores, músicos y escritores nada habituales (también a los habituales) y que sus citas aparezcan enhebradas por una prosa transparente, conmovedora y bella a la vez, que intercala la descripción y la reflexión, el análisis y la imaginación, la observación de la realidad y las fantasías del sueño, hace pensar en la cantidad de horas de lectura, de trabajo silencioso y ajeno a las alharacas a las que tan acostumbrados estamos los escritores que gozamos del apoyo editorial (y de la proyección y la promoción que este nos supone) y en la cantidad de autores que, como Avelino Fierro, viven su vocación literaria en el anonimato más absoluto, sin la esperanza siquiera de ver sus obras publicadas, salvo merced a un golpe de suerte como el que a Avelino Fierro le ha sorprendido de pronto, en forma de una editorial pequeña que, de la misma forma que él, lucha por hacerse ver y que conoció su obra casi por casualidad: en la página de Internet en la que, por insistencia de su directora, también amiga del escritor oculto, este fue publicando su diario por entregas a medida que lo iba escribiendo.

¡Cuántos autores así no ha conocido uno en su deambular de escritor viajero (no diré nombres porque se me olvidarían muchos, lo cual aumentaría la injusticia de su desconocimiento) y cuántos no merecerían la atención de todos esos lectores que, como ellos, viven también su pasión en el anonimato de los datos estadísticos, esos que dan las editoriales para tratar de definir un mercado cada vez más misterioso e inaprehensible, con más justicia que muchos de los que disfrutamos del favor editorial y de la prensa, en algunos, bastantes casos (tampoco aquí diré nombres, cada uno que los piense por su cuenta), sin ni siquiera saber qué es la literatura!

Una habitación en Europa. Avelino Fierro. Eolas Ediciones. León, 2014.

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