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Festival Cannes 2014

El ‘hasta luego’ de Ken Loach

El director británico deja abierta la puerta a más rodajes

El cineasta presenta en Cannes la que dijo que sería su última película, ‘Jimmy’s hall’

Ken Loach y, en primer término, el guionista Paul Laverty en la presentación en Cannes de 'Jimmy' s Hall'. Ampliar foto
Ken Loach y, en primer término, el guionista Paul Laverty en la presentación en Cannes de 'Jimmy' s Hall'.

Fue la primera pregunta, como no podía ser de otra manera. "Señor Loach, se rumorea que va a ser su última película: ¿es cierto?" “Lo dije en un momento de máxima presión, con mucho material todavía por rodar. Pero luego llegas hasta el final. Así que vamos a ver el Mundial de fútbol este verano y ya hablaremos en otoño”, fue la respuesta del cineasta británico. Es decir, otro supuesto adiós al cine que suena más bien a un hasta luego. Así que a la espera de la nueva última película de Ken Loach esta mañana se ha podido ver en Cannes la que presenta para optar a su segunda Palma de Oro tras El viento que agita la cebada: Jimmy’s hall.

Ha habido dos secuencias de latigazos en la sección oficial de este año. Una la proporcionan los integristas islámicos de Malí a una joven culpable de cantar en Timbuktu. La otra se ha podido ver hoy y corre a cargo de la iglesia católica, a otra mujer cuyo pecado es parecido: danzar. Por lo menos, la segunda barbaridad no es actual sino que se refiere a principios del siglo XX, donde está ambientado el nuevo filme de Loach.

Relata la historia de Jimmy Gralton, un activista irlandés que levantó un círculo de baile y canto y se topó con la feroz oposición de la iglesia

El largo, inspirado en hechos reales, relata la historia de Jimmy Gralton, un activista irlandés que levantó un círculo de baile, canto e intercambio de ideas en su comunidad y se topó con la feroz oposición de la iglesia. “O Jesús o Jimmy”, suelta en un momento del filme el cura que se esmera en evitar que esos “comunistas” sigan adelante con su música y sus profanidades, aunque a la vez reconoce la pasión de su enemigo. “Los religiosos que se opusieron al Jimmy real eran muy dogmáticos, sostenían que iría al Infierno por escuchar el jazz, música diabólica. Queríamos un antagonista más sofisticado”, aseguró el director, acogido por una ovación en la sala de prensa.

“El filme es un tributo a todos los Jimmys que deben de estar en comunidades de todo el mundo que luchan por cambiar las cosas y corren serios peligros”; defendió Paul Laverty, guionista una vez más del cineasta británico. Y Loach recordó como la lucha de Gralton sigue siendo actual un siglo después, aunque sea en otros términos: “Hoy en día el enemigo serían las grandes compañías que determinan cada aspecto de nuestras vidas. Los poderosos buscan esconder sus secretos, como los que sacó a la luz Chelsea Manning a través de Wikileaks. Desafiar al un sistema tan organizado es desafiar a Dios. Pero encontrar espacio para la disidencia es la mayor cuestión de nuestros tiempos”.

Laverty contó que quedaron con la familia de Gralton para saber más del personaje y llegaron a encontrar un señor de 101 que vivió las experiencias relatadas en el filme y aún recuerda el día en el que el círculo de baile fue derribado. Y otra destrucción centró parte de la conversación: el adiós al celuloide, que Loach se resiste a dejar. “Cuando cortas las secuencias de esa manera consideras atentamente qué haces. Lo puedes tocar, sentir, es más humano”, relató el director. Y explicó cómo, al acabarse la cinta durante el rodaje, tuvieron que recurrir a la ayuda de estudios y cineastas por el mundo. Entre otros, respondió Pixar, que además les envió varios dibujos como regalo.

Al terminar la rueda de prensa, mientras Loach se quedaba firmando autógrafos, le gritaron: “No dejes el cine, no lo dejes”. Habrá que esperar al Mundial. Pero, tras hoy, ya parece menos probable.

Muy lejos de dejar el cine está en cambio Xavier Dolan. El joven canadiense (25 años), considerado como el niño mimado del festival de Cannes, vuelve a la Croisette con Mommy, tras un par de años de polémicas. Cuatro de sus cinco películas han pasado por el certamen salvo la penúltima, Tom à la ferme, que fue a Venecia. La razón, se dice, fue el enfado del director con Cannes por no ser seleccionado en la competición oficial sino solo en Una cierta mirada con su anterior largo, Laurence anyways. Esta vez Dolan se ha salido con la suya: opta por primera vez a la Palma de Oro y además el filme ha cosechado amplios consensos.

Adorado por sus fieles y despreciado por los que le tachan de pretencioso, Dolan despierta pasiones extremas. En Mommy, rodado en una novedosa pantalla vertical, el canadiense vuelve a proponer sus marcas de la casa: la importancia de la banda sonora (“es el alma de una película), la fuerte apuesta visual, el intento de ser original. También vuelve a hablar de la relación entre una madre y un hijo complejo, que ya afrontaba en su debut, Yo maté a mi madre. “La primera película era autobiográfica. En este caso no tiene nada que ver con mi madre, se lo prometo”, contó Dolan ante la insistencia de las preguntas. De paso, el director regresó una vez más a su película favorita, Titanic, que citó entre risas y que asegura haber visto una treintena de veces.

“No tengo miedo por mi edad, ni me creo yo mismo limites por ello. Tampoco creo que haya un momento apropiado para empezar a contar historias. No me siento ni joven ni viejo, solo intento narrar lo que me importa”, defendió Dolan. Sus palabras recibieron el aplauso de la sala. Definitivamente, el hijo pródigo había vuelto.

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