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La era de las casas de quita y pon

Aumentan las viviendas que se asientan en el terreno sin obra, como caravanas fijas, listas para entrar a vivir

'Machine-home', casa hecha por Ad-Hoc con materiales prefabricados.
'Machine-home', casa hecha por Ad-Hoc con materiales prefabricados.

Son muchos los profesionales que han detectado el hueco para una arquitectura prefabricada con respeto por el diseño. Y aunque la mayoría de los urbanistas defienden la densidad urbana como el crecimiento más sostenible, esos arquitectos apuestan por aunar industrialización, sostenibilidad y diseño en viviendas prefabricadas. Los hermanos Pablo y Francisco Saiz fundaron, hace cinco años, la empresa Modulab y, más allá de viviendas, han levantado un aulario para la Universidad Autónoma de Madrid y tienen entre manos una colaboración con la cadena hotelera Rusticae para producir una suite viajera que funcione como un intrépido albergue, en ubicaciones sorprendentes, con las comodidades de los mejores hoteles.

Ellos, y muchos otros proyectistas, están sacando los prefabricados del atasco doméstico en el que habían vivido en España. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer hasta alcanzar la altura que ahora se construye en Brooklyn, donde el estudio neoyorquino Shop Architects está ya levantando el que será el edificio modular más alto del mundo. Con 1.500 viviendas en 32 alturas, la suma de módulos dará como resultado tres edificios de viviendas listos para entrar a vivir tras un proceso, complejo pero rápido, de apilamiento de unidades prefabricadas.

Una casa completa transportable por carretera y de emplazamiento inmediato es, también, uno de los últimos proyectos ideados por el estudio madrileño de arquitectura Ábaton. Se trata de una vivienda sencilla de 27 metros cuadrados, con una altura máxima de 3,5 metros que se puede instalar, afirman, “casi en cualquier sitio”. Las cifras —32.000 euros y entre cuatro y seis semanas de fabricación— impresionan. Sin embargo, y por eso hablamos de aparcar una casa, sorprende más saber que su proyecto solo requiere un día de montaje. Las viviendas pueden llegar así ya listas para vivir: equipadas con nevera, vitrocerámica o gas, con baño completo y hasta amuebladas.

Las casas de Ábaton están construidas a partir de una estructura de madera maciza de abeto español y tienen una fachada de aglomerado de virutas de madera mezclado con hormigón de color gris. El interior también está forrado de abeto y al modelo básico se pueden unir otros módulos más sencillos; es decir, las viviendas pueden crecer. También pueden llegar a mudarse.

En ese movimiento pensaba Juan Antonio Sánchez Morales, del estudio murciano Ad-hoc, cuando quiso recrear, con una vivienda, la furgoneta en la que él y su mujer viajaron por el mundo durante años. Su Machine-home hoy pertenece a su cuñado y, de momento, está aparcada en una huerta. Acaba de ganar el XVII Premio de Arquitectura de la Región de Murcia en la categoría Otras Vías, y la otra vía que este arquitecto lleva años investigando es la que trata de industrializar la arquitectura. Esta casa que indaga en un híbrido —cruce entre una caravana y una vivienda que no precisa montarse ni desmontarse— es su primer hallazgo. Asentarla requiere una mínima cimentación y puede conectarse a la red pública de agua, electricidad y alcantarillado o funcionar con dispositivos de autosuficiencia, pues está preparada para captar energía, y almacenar agua.

Los ejemplos proliferan y atacan todos los frentes: el económico, el de la sostenibilidad y ahora, el del diseño. De asentarse esta arquitectura “que se aparca” la revolución en el mundo de la construcción dejaría de ser un asunto formal y pasaría a ser una cuestión fundamental.