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El martillo de la sociedad moderna

La Biblioteca Nacional de Francia abre 'Juego de la Guerra', una exposición del filósofo y escritor francés Guy Debord

Guy Debord fotografiado en París en junio de 1954. Ver fotogalería
Guy Debord fotografiado en París en junio de 1954. Imágenes cedidas por la Biblioteca Nacional de Francia

Puede parecer paradójico que el filósofo, escritor y cineasta de pensamiento revolucionario Guy Debord (1931-1994), gran crítico de la sociedad moderna, se vea ahora homenajeado por la muy institucional Biblioteca Nacional de Francia (BNF). Pero lo cierto es que fue el propio autor de La Sociedad del Espectáculo (1967) y principal fundador de la Internacional Situacionista quien dejó clara su voluntad de transmitir su trabajo, al guardar y ordenar él mismo los archivos de toda su vida. Partiendo de ese enorme legado, clasificado por el Estado francés como Tesoro Nacional en 2009 y adquirido por la BNF por la friolera de 2,7 millones de euros, la muestra Debord, Un Arte de la Guerra propone en París la primera gran retrospectiva dedicada al autor.

A través de manuscritos, revistas, mapas, fotografías y un sinfín de notas elegidas por el mismo Debord, a los que los comisarios han añadido una serie de extractos de vídeos, la exposición retrata a la vez el recorrido personal de Debord y de paso el de los grandes movimientos que impulsó: la Internacional Letrista (1952—1957) y la Internacional Situacionista (1957-1972). Recorre su vida desde su infancia, pero se detiene sobre todo en el recorrido de su pensamiento, su influencia en la revuelta de mayo del 68 —al que se dedica una sala completa— y a los seguidores de sus ideas.

La propuesta se articula en torno al concepto de Debord como estratega. Cada etapa de su pensamiento se asemeja así a un movimiento de un enorme juego de mesa. Hace eco así al Juego de la Guerra, que él mismo empezó a desarrollar en los años 50 y creó oficialmente en 1965 y que da nombre a la muestra. La última sala expone así el tablero de cuero del propio Debord, uno de los pocos objetos expuestos de la muestra. El principal objetivo de aquel juego mesa consiste, como la obra del propio filósofo, en cortar las líneas de comunicación del enemigo para neutralizarle. En los años 70 se comercializaron unos centenares de versiones del juego con tablero de tela y piezas de madera, y ahora existe una versión en Internet.

El otro gran atractivo de la exposición lo componen sus notas de lectura, un conjunto inédito de unas 1.400 fichas que conforman una suerte de minibiblioteca ambulante elegida por Debord. En aquellas pequeñas fichas blancas de papel Bristol, de 12,5 cm por 7,5 anotaba citas enteras que reutilizaría más adelante, a través de su táctica del détournement —la tergiversación— en un cómic, en un panfleto o en sus libros, o simplemente que mantendría para alimentar su pensamiento. “Para escribir hay que haber leído. Y para leer hay que haber vivido”, escribió.

“Viendo esas notas tenemos la sensación de leer por encima de sus hombros”, destaca Laurence Le Bras, comisaria de la muestra. “Son fichas muy emotivas porque presentan a Debord como a un estratega extremadamente sensible”, añade. El teórico las guardaba archivadas por temáticas: cerca de un tercio correspondía a estrategias militares —empezando por Clausewitz—, junto a las cuales se mezclaban escritos menos duros, como algunos extractos de poesía china.

Debord se apuntaba también citas de Cervantes y en una de sus notas situaba al Quijote como a uno de sus tres “mejores hombres” de la literatura. El trío lo completan el capitán Shandy, de Laurence Sterne, y el cónsul Firmin, protagonista de Bajo el volcán, de Malcom Lowry. “Podía haber elegido a tres grandes estrategas militares, pero se decantó por tres magníficos perdedores”, destaca Emmanuel Guy, también comisario de la muestra. “Y si lo piensa, Debord tiene algo de don Quijote”, concluye.

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