Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
FERIA DE FALLAS

Larga y accidentada novillada inaugural

Fallas arranca con una novillada de ocho astados, que resultó accidentada por la cornada y la lesión sufridas por Posada de Maravillas y el valenciano Román

El novillero Antonio Puerta, durante la faena a su primer novillo.
El novillero Antonio Puerta, durante la faena a su primer novillo. efe

Se movió mucho la desigual novillada de Fuente Ymbro con que se abrió el ciclo fallero, pero no siempre con verdadera entrega, la del astado realmente encastado y bravo que toma los engaños con entrega y codicia. De esos, en realidad, solo hubo uno, el tercero de los ocho, al que le cortó Román la única oreja de la tarde.

Ese Tañidero, bajo y bien hecho, se arrancó siempre con alegría a los cites desde la distancia y tomó los vuelos de capotes y muletas descolgando hasta el final su largo cuello para seguirlos con celo en todo el trazo de los pases. La faena que le hizo Román tuvo altibajos, pero también grandes momentos en el toreo al natural, llevando muy largas y sometidas tan bravas embestidas. Solo le faltó al valenciano redondear más las tandas para que su labor fuera completa. Aun así, un final de obra con unas ajustadas bernadinas, que el novillo tomó con el mismo celo, y una soberbia estocada volcándose sobre el morrillo motivaron la petición de una segunda oreja para el torero local. Pero el presidente no sacó el segundo pañuelo blanco ni tampoco el azul para ordenar una merecida vuelta al ruedo para el gran ejemplar de Fuente Ymbro.

En ese tercer turno se vivieron otros pasajes subrayables de la novillada, aunque no los únicos porque también hubo trabajo para los médicos. El primero en pasar por la enfermería fue Posada de Maravillas, que entró en el cartel a última hora tras su éxito de hace una semana en Olivenza.

Ocho novillos de Fuente Ymbro, de desiguales hechuras y remates. Aunque tuvieron movilidad, dieron un juego bajo de raza o a la defensiva en general, salvo el extraordinario tercero, alegre, bravo y con clase.

Antonio Puerta: dos pinchazos y estocada caída (ovación tras dos avisos); estocada tendida y estocada (ovación tras aviso); y estocada (vuelta al ruedo tras aviso y petición), en el que mató por Posada).

Juan Leal: estocada caída (palmas tras leve petición de oreja); dos pinchazos y estocada (silencio).

Román: gran estocada (oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo); pinchazo de Román y estocada de Puerta (silencio).

Posada de Maravillas: estocada (silencio), en el único que mató.

Saludaron Raúl Martí y Miguel Angel García, tras banderillear al tercero.

Posada de Maravillas fue intervenido de una cornada de 12 centímetros en la cara interna del tercio medio de la pierna. Pronóstico reservado. Román fue atendido de una luxación del hombro izquierdo.

La plaza registró un cuarto de entrada.

El novillero de dinastía resultó herido por su primero cuando, en una fea colada, el utrero le prendió en el gemelo izquierdo. Aun así, sangrando visiblemente, Posada se mantuvo en la arena sin un gesto de dolor hasta dar muerte al animal. También entró al hule el propio Román, y en dos ocasiones, durante la lidia del séptimo, un novillo descompuesto que le volteó al inicio del trasteo de muleta y le provocó una luxación del hombro izquierdo. Hizo gestos el novillero de que saldría de nuevo a torear y así lo hizo pasados unos minutos de confusión.

Otra vez en la arena, Román se volvió a arrimar para sacar muletazos de mérito con la izquierda, hasta que ser le volvió a salir el hombro antes de entrar a matar. Y, tras un pinchazo, retomó el camino de la enfermería con gesto de rabia y de dolor, mientras Puerta acababa su trabajo.

Por todos estos contratiempos, el murciano Antonio Puerta acabó estoquando cuatro de los ocho ejemplares que salieron por chiqueros. En el que abrió plaza, un novillo a más pero con querencia a tablas, ya sufrió el primer susto de la tarde en unas manoletinas, aunque la cosa no pasó de una transitoria conmoción. Si estuvo algo ligero con ese primero, al novillero de Murcia se le vio más cómodo con el noblote quinto, aunque tampoco sin levantar pasiones, y más animoso aún con el octavo, que acabó rajado en una faena de más intención que resultados.

Por su parte, al francés Juan Leal le correspondieron los dos novillos más deslucidos, dos animales sin raza ni fuerza que apenas si tuvieron un puñado de medias arrancadas. Con todo y, aunque sin éxito posible, a Leal se le apreció un valor firme y sereno que pide enemigos de más posibilidades.