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Auserón: “La música española es africana”

El músico elabora en el tratado ‘El ritmo perdido’ una asombrosa investigación sobre la pervivencia de lo árabe y lo africano en el acervo popular

Santiago Auserón, el músico tras Radio Futura o Juan Perro, publica 'El ritmo perdido'.
Santiago Auserón, el músico tras Radio Futura o Juan Perro, publica 'El ritmo perdido'.

Santiago Auserón (Zaragoza, 1954) está apurado. Ha detectado algunas erratas en la primera edición de El ritmo perdido(Península) y se empeña en corregirlas a mano en la copia del periodista: “Este libro creció imparable. Ha terminado teniendo un 50% más del texto pactado y me quedé literalmente sin espacio para el índice”.

Para el lector despistado, El ritmo perdido puede suponer un sobresalto. Las primeras 40 páginas constituyen una deliciosa inmersión en los recuerdos de infancia y juventud de Auserón. “Periodos que están marcados por diferentes músicas. En Zaragoza, mi padre trabajaba en la base americana y eso nos daba acceso a discos que quizá no eran muy comunes en los hogares españoles. Luego, viví en la Andalucía Occidental, donde tuve mis primeros contactos con el flamenco y con conjuntos que tocaban soul sorprendentemente bien”.

Más que una voluntad de introspección, ese inicio responde a una pregunta: “¿Qué significó el contagio de la negritud para nuestra generación? Yo iba para filósofo, lo que significa trabajar de docente. Pero, a la vuelta de París, me encontré con un fermento musical que me arrastró”. La autobiografía se para ahí, en los albores de Radio Futura, aunque luego se cuelan intrigantes revelaciones: De un país en llamas, título del tercer disco del grupo, deriva de la imagen de la quema de rastrojos, práctica entonces muy habitual en la meseta y que impactaba a unos músicos urbanitas en gira. “De alguna manera, decidimos aplicar similares técnicas ancestrales a la creación musical, para facilitar el cultivo de historias propias de la España profunda. Fue cuando descubrimos que la africanidad del rock tenía aquí precedentes; hablo de unos siglos sin microsurcos ni medios electrónicos”.

Esa indagación fue alentada por el gozoso reencuentro con la música cubana. “A 90 millas de Estados Unidos, se mantenían formas literarias y musicales procedentes del Siglo de Oro español. Decidí tirar del hilo”. En el camino, Auserón se encontró con asuntos que llevan a mal traer a los especialistas. “¡No sabía dónde me metía! Hay temas, como la etimología de la zarabanda, que parece invitar al disparate. Además, hablamos de hallazgos que van evolucionando. La chacona que se bailaba en los bajos fondos de Sevilla o La Habana está transformada cuando llega a las partituras de Juan Sebastián Bach”.

Recurriendo a la musicología, la filología, la historia o la arquitectura, Auserón intenta determinar la pervivencia de la música árabe tras la expulsión de los moriscos o la entrada de la polirritmia en el universo hispano. “Las leyendas de los cantes de ida y vuelta son anteriores a lo que se piensa. Abundaban los negros, esclavos y libertos, en la España del siglo XVI; ellos mismos o sus ocurrencias musicales viajarían a América antes incluso de que comenzara el tráfico de seres humanos desde África”.

Para Auserón, resulta evidente que “todo el folclore peninsular ha estado bajo el signo de la negritud, sin menospreciar las influencias musulmanas y judías. Esa riqueza explica la enorme capacidad de irradiación de la música popular española, sobre otros países europeos y, desde luego, sobre América”. Se trata de una realidad oculta, desde que se impuso un cristianismo intolerante: “La obsesión por la pureza de la sangre crea en España una sociedad demencial, un delirio de mala conciencia, corrupción administrativa y negación de lo evidente”.

Pueden resultarnos muy lejanas las disputas sobre el origen y el alcance del majurí, el zéjel, la jarcha, el tango. Pero Auserón hace desfilar a un reparto estelar de testigos: Lope de Rueda, Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, Góngora, Lorca. “Todos mencionan a los negros y, a veces, sus danzas y sus cantos. Un cántabro, Rodrigo de Reinosa, introduce en el castellano el habla de los negros, haciendo referencia a los dos tópicos que se les quedarán adheridos: su potencia sexual y su musicalidad”.

Hay algo más que curiosidades de eruditos. “Ignorar la trama interétnica de España supone legitimar el modelo político impuesto a partir de los Austrias, que pretende borrar la diversidad en aras de una homogenización. Felizmente, el Estado no ha sido tan absolutista como él mismo se soñaba. Si estudias la Gran Redada de 1749, que pretendía reeducar a todo el pueblo gitano, ves que ni siquiera se consiguió su apresamiento general. Muchos gitanos huyeron o fueron protegidos por las autoridades locales. Si hubiera triunfado la redada y sus propósitos, hoy no tendríamos flamenco”.

Hay lecciones para al momento actual, insiste Auserón. “Consciente o inconscientemente, nuestros gobernantes se mueven por un odio a la cultura, que siempre desvela verdades incómodas. Con ser grave, la subida del IVA no es lo principal. Sí lo es su negativa a responsabilizarse de la pobreza, la ignorancia y la violencia que traen sus decisiones. Han secuestrado la soberanía popular y desprecian todo lo que sea fluido, plebeyo, mestizo”.

Melodías que viajan

Aunque El ritmo perdido prima la investigación bibliográfica, también se mencionan referencias sonoras:

Eduardo Paniagua. Las tres culturas de la música medieval española (Pneuma, 2001). “En la interpretación de la Cofradía Sufí Andalusí al Shustarî se insinúa el patrón de tango africano o habanera, cercano al pasodoble”. También cita La llamada de Al-Andalus. "Incluye una moaxaja procedente de Alepo tocada en 6/8" Jordi Savall. Alfonso X el Sabio-Cantigas de Santa María, Strela do dia (Astrée Auvidis, 1993). “La selección es una muestra de la variedad rítmica que caracteriza al repertorio alfonsino”.

Hespèrion XX. Canciones y danzas de España. Songs and dances from the time of Cervantes (EMI, 1977). “Incluye La perra mora, de Pedro Guerrero, músico sevillano del XVI”.

Arthur Morris Jones. Africa collection (grabaciones de campo en la Red). “Es el famoso misionero que descubrió que, en contraposición a la inmensa diversidad lingüística, hay compatibilidad rítmica entre los africanos”.

Celeste Mendoza. Papá Oggún (en Semilla del son, BMG, 1992). “Frente a la soleada alegría del son, hay en la rumba afrocubana un persistente eco de melancolía”.

Jelly Roll Morton. La paloma (en The Complete Library of Congress Recordings, Rounder, 2005). “Según Jelly Roll \[en la foto\], el matiz hispano era componente indispensable del primer jazz. En la mano izquierda, conservaba el patrón de la habanera, mientras sincopaba la melodía con la derecha”.

Cubanismo. In New Orleans (Hannibal, 2000). “El tema Mardi gras mambo sugiere las connivencias entre los músicos de Luisiana y sus congéneres de La Habana”.