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Analectas de Américo Castro

  • Lo que me ocupa ahora es el libro sobre España, España en su historia, que […] me clara lo que nunca entendí: España. Mi tirria contra la erudición y el convencionalismo universitario (plagas de nuestro tiempo, como aquellas artes corruptae que hacían protestar a Luis Vives) me han llevado a mettre les pieds dans le plat, y a intentar ver la historia no como hechos que acontecen, sino desde dentro de los hechos. El resultado es que a España la han hecho y la han deshecho los moros, los judíos, entreverados con los cristianos. 29 de noviembre de 1945
  • Con pocos libros, casi sin saber el árabe e ignorando el hebreo, valiéndome en suma de traducciones, vi claro como la luz que España ha sido una contextura cristiano-islámico-judía, tan diferente de Francia e Inglaterra como una especie zoológica lo es de otra. Eso de los judíos conversos es como Ud. dice; pero es el caso que el asunto comenzó ya en la mal llamada Edad Media (España es “uniévica”). Juan de Mena era judío, y lo fueron Mosén Diego de Valera, Hernando del Pulgar, Fernando el Católico (por su madre). 23 de marzo de 1946
  • En un plano distinto, y digno, García Gómez no ve cómo pueda estar El collar de la paloma en El libro del buen amor En un artículo de saldrá en Comparative Literature le digo que cuesta también trabajo ver la presencia del Quijote en Madame Bovary, ya que en ésta no hay ni lanza ni caballo flaco. 6 de julio de 1952
  • Toda la enorme cuestión de la pobreza española, no obstante ser España de las más ricas y más extensas tierras del planeta, queda reducida al tema de la hidalguía: cabía negociar en las Indias, pero no hacer negocios en España en conexión con las Indias. Se perdía la honra, y a la postre, aunque no se diga abiertamente, el negociante (o el industrial, o el técnico, o lo que fuera) se desplazaba hacia la casta judío-española. De ahí el matiz peyorativo que oscurece el esplendor de la riqueza de los indianos. Si tengo vida para escribir la Segunda Parte de La realidad histórica, intentaré situarla entre dos hitos: de los reinos cristianos a la riqueza menoscabada de los indianos. 26 de diciembre de 1964
  • Don Quijote surge, antes de serlo, como persona sin ascendencia, con nombre inseguro, pero a los torreznos que come se les llama “duelos y quebrantos”. El cristianismo de don Quijote es de cristiano nuevo: vertido a lo íntimo, paulino, antiteológico y antilegalista (don Diego quiere que su hijo sea teólogo y leguleyo; don Lorenzo quiere averiguar si Homero “dijo bien o mal” en tal y tal pasaje, ocupación rehuida por los eruditos del 1600, el último gran humanista, el Brocense muere en donde sabemos; don Quijote simpatiza con los rumbos minoritarios y críticos, con la doctrina de Luz del alma). 26 de abril de 1966
  • Me llama la atención esto: en 1569 Rodrigo Cervantes dice para probar que su hijo Miguel es legítimo, y que ellos no han sido “moros, judíos, conversos ni reconciliados…” (Pérez Pastor, Documentos cervantinos, II, 11). Antes, cuando estaba preso por deudas en 1552 alegó ser hidalgo, y organizan una clamorosa probanza de hidalguía (que tiene aire de ser una farsa como tantas otras). ¿por qué no alega en 1969 la probanza de 1553? ¿Y por qué doña Leonor Cortinas se hace pasar por viuda, sin serlo, cuando trataban de reunir fondos para rescatar a su hijo Miguel? 23 de junio 1967
  • Cervantes era de casta conversa ante todo porque un cristiano viejo nunca hubiera escrito como él lo hizo. ¿O es que no es verdad que la literatura del siglo XVI corría por dos vertientes, la de los gustos de la masa y la del gusto y angustias de los pocos? Cosas de esas son las que nunca aceptarán los de la escuela de Braudel, para quienes el pasado es un simulacro de esquemas abstractos: cifras, estadísticas, etcétera. De ahí que su colega Braudel escriba sin pestañear que la expulsión de los judíos fue un fenómeno de explosión de población. […]

Cervantes era converso porque los Quijadas, parientes de su mujer, lo eran; porque la probanza de hidalguía de su padre era tan falsa como la de tantos otros; porque don Quijote era cristiano nuevo y Sancho cristiano viejo; porque elogia los jesuitas que acogían a los conversos, lo mismo que hizo Mateo Alemán. 19 de octubre de 1967