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De la NASA al museo

El dúo británico Semiconductor trabajó mano a mano con científicos para crear una visualización artística de los campos magnéticos

Recrear en la cabeza una imagen de los fenómenos físicos que sobrepasan los límites de la percepción humana es una actividad que puede dar lugar a unas agujetas mentales permanentes. No todo el mundo es capaz de abstraer lo inmaterial para crear formas aprehensibles por los sentidos. El dúo británico Semiconductor sí lo es. En 2007, surgido de una residencia de artistas en los laboratorios de la NASA en la Universidad de California en Berkeley, crearon la película Magnetic Movie, una propuesta de representación de los imperceptibles campos magnéticos, las regiones donde el movimiento de cargas eléctricas crea una fuerza.

“Estuvimos conviviendo con científicos durante cinco meses”, cuenta al teléfono Joe Gerhardt, la mitad de la pareja que completa Ruth Jarman. “Y aunque no tenemos formación científica, vimos la oportunidad y nos lanzamos”. Durante ese periodo, siguieron la evolución del trabajo de los investigadores sobre el viento solar y la creación de campos magnéticos. “Ideamos visualizaciones para comprender este fenómeno que hace que las brújulas apunten al norte, pero que no puede verse”. Lo que no quiere decir que un campo magnético sea como ellos lo pintan. “Es una suerte de ciencia ficción”.

Para poder captar lo indiscernible, es imperativo recurrir a la tecnología. “Es una manera de expandir nuestros cuerpos”, señala Gerhardt. Por eso, la pareja de artistas, en vez de utilizar pinceles o brochas, se vale del software como material: “Pintamos a base de unos y ceros”.

Algunos científicos y parte del público no se tomaron a bien la propuesta de Magnetic Movie. “Había quien nos decía que teníamos que advertir que esto es arte, no ciencia”. Pero ello no impidió que el vídeo corriera viral por la Red. De lo aprendido en la NASA, Semiconductor extrajo tanta información que otras obras posteriores giran en torno al mismo tema. 20Hz, una pieza que expusieron entre marzo y junio pasados en la LABoral de Gijón, muestra una representación formal de los sonidos del viento solar; y en Heliocentric tratan la idea de la familiaridad con la que convivimos con el hecho de que la Tierra rota aunque no somos capaces de sentirlo. Y es que hacer arte también tiene su ciencia.

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