Contagio

Me encanta el análisis futbolístico. El Real Madrid fue eliminado de la Copa de Europa por echarse atrás cuando ganaba dos a cero al Bayern. El Barcelona, en cambio, fue eliminado por no echarse atrás cuando ganaba por el mismo resultado al Chelsea. No hay manera, pasa como con la economía. Cuando se pierde, los mejores cerebros de nuestra nación nos explican el porqué del marcador final. Eso sí, en lo que somos una potencia mundial es en fabricación de chistes. Las bromas sobre el penalti de Sergio Ramos ya superan a las del elefante del Rey. Si en lugar de prima de riesgo cotizara la prima por chiste otro gallo financiero nos cantaría.
La risa compensa tantas desventuras. El humor cumple dos funciones: desnuda la trascendencia para convertirla en una mascarada, y no provoca la sedación del paciente, sino su reacción de supervivencia. La expulsión de los inmigrantes ilegales del sistema de salud retrata a España como un país desvencijado. Su admisión era un seguro de vida que nos protegía de cualquier brote infeccioso de manera más barata que corriendo a comprar 14 millones de vacunas, pero más aún, significaba una declaración institucional de enorme grandeza. El cálculo de ahorro que la medida reporta es tan ridículo como suprimir las aceitunas para bajar el coste de un gran banquete. Todo bajo el silencio eclesial, tan alerta para otras competiciones.
La ley del anterior gobierno por la que se pudo dar papeles a 700 mil trabajadores ilegales, se yergue como un hito administrativo. La esclavitud y el desamparo, después de tantos siglos, hiere con más crueldad la autoestima de la raza humana. La reforma se trata de un arreglo contable que apacigua a ese diez por ciento de la población que se identifica, aquí también, con el discurso ultranacionalista de los resurgentes partidos xenófobos europeos. En España no ha aparecido una persona inteligente y articulada como Marine Le Pen para poner la receta en liza pública, pero ahí está, latente, ese consuelo irascible a la situación actual. Por eso, cualquier consuelo que alumbre una risa será siempre mejor recibido. El payaso Coluche se retiró para dejar ganar a Mitterrand, pero las ambiciones supremacistas del Front National son más serias y contagiosas.
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