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El teatro joven estadounidense se cita en Louisville

Desde hace 35 años esta ciudad a orillas del río Ohio se convierte cada primavera en la capital de la futura dramaturgia de EE UU

Hay quien inmediatamente asocia Louisville (Kentucky) al famoso derby que se celebra anualmente en esta ciudad desde hace más de un siglo. Para otros Louisville es sinónimo de sabores ásperos y nocturnos ya que el 90% del bourbon que se destila en Estados Unidos sale de allí. Los amantes de la música quizás sepan que es la ciudad de origen de Bonnie Prince Billy o My Morning Jacket, aunque entre sus habitantes más célebres hay personalidades con pedigrí histórico como el periodista y escritor Hunter S. Thompson, el boxeador Muhammed Alí y el prolífico inventor Thomas Edison. Pero para los dramaturgos estadounidenses Loiusville tiene un único sinónimo: Humana Festival of New American Plays (Festival Humana de nuevas obras de teatro).

Desde hace 35 años esta ciudad a orillas del río Ohio se convierte cada primavera en un pequeño satélite de Nueva York, desde donde acuden directores de casting, productores de teatro, agentes, y editores para asistir al estreno de una decena de nuevas obras escritas por jóvenes dramaturgos. Además, los gestores de teatros de ciudades similares de todo el país también acuden a Louisville durante el mes que dura este festival (clausurado el pasado fin de semana) pionero en Estados Unidos y que hoy ya tiene varios competidores en otros puntos de la geografía estadounidense.

Pero para entender su importancia hay que comprender las diferencias que existen entre la escena teatral estadounidense y la europea. "Hasta mediados del siglo pasado Nueva York y Chicago eran los únicos centros de producción teatral del país. La creación de los teatros regionales, que hoy se ha convertido en una red esencial para que las obras tengan un período de rodaje antes de llegar a Nueva York, ocurrió por impulso de la Fundación Ford, que donó grandes sumas para crear teatros en ciudades de toda la geografía estadounidense con el objetivo de descentralizar la cultura". Lo explica el director artístico del festival Marc Masterson desde su despacho en el Actors Theatre de Louisville, un teatro nacido de aquella iniciativa y desde el que se organiza un festival con un presupuesto de casi dos millones de dólares que cuando arrancó marcó realmente una gran diferencia en el sector puesto que en Estados Unidos no existían teatros regionales que apostaran por obras nuevas, que solo podían verse en Broadway. "La gran diferencia fue que al crearse el Humana Festival (con dinero de una fundación creada por la aseguradora médica homónima) las obras escogidas se producen por entero en el Actors Theatre y para un dramaturgo joven, que una institución apueste por él y acceda a llevar su obra en un escenario, significa dar un gran impulso a su carrera" asegura Masterson, quien además alimenta esa relación e invita a los autores a regresar al festival. Pero al contrario que en Europa, una producción nacida en un teatro como el suyo, no viaja. Se concibe para mostrarse en ese teatro y si luego otro teatro quiere montarla tiene que empezar de cero con otros actores y otro equipo. "Hay muy pocas compañías itinerantes. Los teatros cuando montan una obra la mantienen mucho tiempo en su repertorio para amortizarla pero es difícil moverla" dice Masterson. "Pero al menos aquí, al presentar obras nuevas, damos la oportunidad de que otros teatros del resto del país se atrevan a producirlas".

Adam Rapp, uno de los dramaturgos invitados en esta edición lo corrobora. Rapp acude con The edge of our bodies, escogida entre las más de 700 que se enviaron este año (por medio de agentes, no se aceptan obras de autores sin agente), un intenso monólogo sobre la soledad que ha dirigido él mismo y con el que ha conseguido algunas de las mejores críticas de esta edición. "Participar en este festival al principio de tu carrera es fundamental porque todos los teatros regionales acuden a ver las obras y toda la industria se reúne aquí. Es muy poco común que te produzcan una obra cuando eres un desconocido así que es uno de los festivales con los que se sueña de joven. Yo tuve una experiencia fantástica en 2002 con la obra Finer Noble Gases, sobre una banda de rock en crisis existencial. Ahora ya no soy tan joven pero con lo difícil que es conseguir estrenar una obra me alegro muchísimo de estar aquí". Rapp, de 42 años, es el único de los autores escogidos este año con una trayectoria profesional de más de una década. Y aún así, no puede vivir del teatro. "La mayoría de nosotros vivimos de la televisión o el cine". Rapp ha sido guionista de las series The L World, In treatment y también ha dado el salto al celuloide como guionista y director de Winter Passing.

Jordan Harrison, autor de Maple and Vine, tuvo una experiencia similar al participar en el 2003 en el 'Concurso de obras de diez minutos' que también organiza el Festival Humana, abierta a todo tipo de autores y a la que se presentan unas 300 personas anualmente. "Hay muy pocos lugares donde apuesten por obras nuevas y con la economía en crisis todo es mucho más complicado. En Nueva York hay algún productor atrevido pero en el resto del país pocos teatros se atreven a apostar por creadores nuevos, prefieren obras más comerciales y más seguras" afirma. La obra que presenta este año, Maple and Vine, es una inquietante reflexión sobre la vida actual y sus jornadas laborales de sesenta horas, su exceso de tecnología y sus preocupaciones banales (¿pedir chino o japonés para cenar?) de la que una pareja decide escapar entrando en una comunidad-culto que ha optado por enjaularse en una urbanización donde se vive como en los años cincuenta y se existe con la simplicidad, el secretismo y hasta la intolerancia de esa época. "Esta obra surgió de un trabajo que hicimos con la compañía neoyorquina The Civilians, que se dedica a montar obras de teatro en base a entrevistas que giran entorno a temas diversos. Le preguntamos a la que gente qué echaba de menos en sus vidas actuales y de alguna manera la respuesta común fue la simplicidad y al mismo tiempo las limitaciones de antes, cuando incluso tu matrimonio estaba decidido de antemano". Así lo explica la directora de la obra Anne Kaufmann, que ha trabajado junto al dramaturgo desde el principio. "Es curioso como toda la libertad que tenemos en las sociedades occidentales a veces se convierte en una carga para el individuo".

Sin hilo argumental

En este festival no parece haber un hilo conductor en cuanto a temas, aunque el desasosiego personal, la soledad, y la búsqueda de una identidad propia - y de una identidad sexual, también muy presenten en obras como Edith can short a tinas ana hit Tte. o i.e. en- se repite en propuestas cuyo mayor éxito sería conseguir llegar a Nueva York, o llevarse premios como el Pulitzer, algo que ya ha ocurrido con otras obras nacidas en el festival Humana. Pero a algunos periodistas europeos presentes en el festival les sorprendió la falta de contenido político de las propuestas, a lo que Marc Masterson respondió así: "En el teatro estadounidense el agitprop no se practica tanto como en Europa. Aquí se tiende a ser más sutil, más irónico, no se habla de política tan directamente". Además, el teatro, como el cine, no puede responder rápidamente a la actualidad, apostilla Jordan Harrison. "Desde que una obra se concibe hasta que se lleva a al escenario pueden pasar tranquilamente cuatro años. Estoy seguro de que llegarán varias obras sobre la crisis económica, como ahora ha llegado a Broadway El tigre de Bengala en el zoo de Bagdad, sobre la guerra de Irak, que ha estado dando vueltas entre productores durante años hasta que Robin Williams aceptó actuar en ella. Los tiempos del teatro, desafortunadamente, son muy lentos".