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Miserachs entra en el museo

El depósito del archivo del fotógrafo en el MACBA plantea una alternativa a las polémicas pujas entre administraciones

Cuando aún humea la polémica por la compra de los archivos del fotógrafo Agustí Centelles por el ministerio de Cultura y sigue sin perfilarse una pauta sobre qué se debe hacer con estos materiales, llega una buena noticia: el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), se ha hecho con la custodia y el uso de la totalidad del archivo de Xavier Miserachs (Barcelona, 1937-1998): 80.000 imágenes fotográficas (60.000 en tiras de negativos y 20.000 en diapositivas o transparencias), 2.500 hojas de contacto y todo tipo de documentación personal, desde cuadernos de notas a facturas de material y de colaboraciones.

El acuerdo entre la familia del fotógrafo y el museo es por 25 años renovables y no contempla "ningún tipo de transacción económica", como precisó el director del MACBA, Bartomeu Mari. La titularidad seguirá siendo de la familia que recibirá los derechos que se deriven de su explotación comercial. El museo, se encargará de limpiar, restaurar y clasificar el material, así como de digitalizar las imágenes, además de programar una exposición antológica para 2013. La importancia de la obra de Miserachs no escapa a nadie: fijó una imagen icónica de la Barcelona de la segunda mitad del siglo XX, siguiendo el rastro de las grandes transformaciones sociales que sufrió la ciudad y junto a su amigo y compañero de generación, Oriol Maspons, estableció los parámetros de la "nueva vanguardia fotográfica", por usar el término del crítico de referencia de esta época y que fue también su descubridor: Josep Maria Casademont. Para el estudioso de la fotografía y asesor del Macba, Jorge Ribalta, Miserachs representaría el seny (el sentido común) y Maspons la rauxa (el arrebato).

Xavier Miserachs Ribalta nació en Barcelona el 12 de julio de 1937 y falleció el 14 de agosto de 1998, a los 61 años. Fue tremendamente precoz. La fotografía le fascinó desde la adolescencia. Con 15 años ya era miembro de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya, donde conoció a Maspons. A los 17 inició los estudios de medicina ?la profesión de su padre? que nunca concluyó. Aquel mismo año ganó el premio de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya y en 1957 formó parte de la mítica exposición organizada por Casademont junto a Ricard Terré y Ramón Masats. En 1961 instaló su estudio profesional y en los años siguientes produjo y editó los tres grandes libros de referencia que fijaron icónicamente el inicio de la modernidad en Barcelona y Cataluña: Barcelona blanc i negre (Aymà, 1964), Costa Brava Show (Kairós, 1966) y Los cachorros (Lumen, 1967).

El primero de esta trilogía sigue siendo la vara de medir, el espejo en el que se tiene que mirar cualquier fotógrafo que intente retratar a Barcelona, un libro del que, en su momento, el crítico de arte Alexandre Cirici Pellicer, un referente donde los haya de aquella Barcelona, consideró "una obra que afectará a la autoconciencia de la ciudad". Para Casademont, Miserachs crea un "nuevo género". Lo cierto es que el trabajo de Miserachs encarna el momento final de las poéticas neorrealistas, cuando aparece el consumo y el turismo de masas, y se produce el tránsito de lo popular a lo pop. Hay unanimidad sobre la condición de obra maestra de Barcelona blanc i negre, pero Cirici cree además que, desde su aparición, cualquier libro sobre la ciudad "se ha de medir" con él.

Ribalta apunta incluso que "hay dibujos de Mariscal -el gran referente icónico de la Barcelona olímpica- que son reelaboraciones de fotos de Miserachs". Cirici considera que Miserachs y Maspons revolucionaron en aquellos años el oficio de fotógrafo, profesionalizándolo y dotándole de sólidas bases estéticas y técnicas. Tal vez por eso, a finales de la década de 1960 trabaja en todos los frentes: publicidad, prensa y encargos editoriales. Viaja para los grandes medios impresos de la época, desde Gaceta Ilustrada a La Vanguardia o Triunfo, revista de referencia de la izquierda española durante el tardofranquismo, para la que publica reportajes sobre el mayo del 68 parisino a la fallida primavera de Praga. "Esta generación padeció muchas carencias", explica la historiadora de la fotografía Laura Tarré. "A los 25 años Miserachs ya había producido los libros más importantes de su vida y después ya no pudo hacer otros más; y otro tan sucede con las exposiciones".

En el campo teórico, en 1969 Miserachs fue cofundador y primer profesor de fotografía de la escuela Eina, un trabajo que se plasma en algunos libros y escritos publicados en los últimos años de su vida como Fulls de contactes. Memòries (Edicions 62, 1998) y Criterio fotográfico (Omega, 1998). El director del Macba, Bartomeu Mari, definía la operación acordada con las hijas del fotógrafo, como "un modelo sostenible" que, en tiempos de crisis, no contempla el desembolso de cifras de dinero importantes. La mayoría de los expertos consultados están de acuerdo en que el Macba y su activo Centro de Documentación son la opción ideal para depositar un archivo de este tipo, precisamente porque es un museo que se centra en la segunda mitad del siglo XX, cuando se produce la eclosión del arte conceptual, un género en el que el archivo es tan importante como la obra misma.

Todos señalan, asimismo, su preocupación por el destino final del archivo de su compañero generacional, Oriol Maspons, que recientemente ha depositado por un periodo de 10 años una serie de copias vintage (originales) al otro gran museo barcelonés, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), pero que sigue sin decidir donde depositará el archivo, aunque está negociando con el Archivo Fotográfico de Barcelona. El MACBA ofreció a Maspons un acuerdo similar al de Miserachs, pero no obtuvo respuesta. Al MACBA le interesan este tipo de depósitos, pero no al MNAC, al que le importa exclusivamente la obra única. Tarré considera una muy buena noticia que el archivo de Miserachs se conserve en su totalidad en un museo de arte contemporáneo, pero lamenta que en Cataluña se mantenga una política errática, por no decir, ninguna política, sobre el destino de los archivos de los grandes fotógrafos.

"Estamos descomponiendo el cadáver, no hay una política unitaria", dice. "En este país los los archivos siempre se han visto desde un punto de vista patrimonial", añade, "de mercado, sin tener en cuenta la importancia de la totalidad de la obra". Hay en estos momentos varios archivos en el punto de mira de museos, instituciones o coleccionistas. Jorge Ribalta. Joan Colom sigue conservando el suyo y no parece querer venderlo. "No creo que tenga ganas de deshacerse de él. Además, lo cuida muy bien", asegura Ribalta.

El de Pere Català Pic, el padre de Francesc Català Roca y Pere Català Roca, en poder de éste último, es de gran importancia según los expertos. Los archivos de otros fotógrafos catalanes como Francisco Ontañon o Ramon Masats están en Madrid, donde, en opinión de Rivalta, aún hay más problemas que en Cataluña porque hay menos instituciones capaces de hacerse cargo. En cualquier caso, hay acuerdo unánime en la coherencia del modelo empleado por el Macba para esta operación. "Los archivos nunca serán de uso masivo sino de de un trabajo muy especializado", señala Ribalta, "se ha mitificado, magnificado, el rendimiento económico de las imágenes, que tal vez resulte rentable a los grandes proveedores del estilo Getty Images, pero no a los museos". "La obra de Centelles", añade, "no generará una explotación millonaria como podría esperarse de la inversión. No hay que valorarlos como si estuvieran en el mercado del arte". Pero también hay coincidencia en que la línea entre una pieza de archivo y una obra de arte es muy movediza. ¿En qué momento empieza a cotizarse como obra de arte una simple carta de Picasso?