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Jonathan Coe sorprende con una intensa novela sobre madres e hijos

El escritor británico deja la sátira política con 'La lluvia antes de caer'

Él dice que no, que no ha sido un giro de 180 grados en su obra, que tenía la idea en mente desde hace 20 años. Pero para sus lectores sí lo ha sido. Se habían acostumbrado a su retrato satírico, cruel a veces, lleno de humor corrosivo y de ironía sobre el Reino Unido, desde antes de la era Thatcher hasta finales de los noventa (Menudo reparto, El club de los canallas, El círculo cerrado, por ejemplo). Jonathan Coe (Birmingham, 1961) sorprende ahora con una novela, La lluvia antes de caer (Anagrama), intimista, sin sus antiguos y chispeantes diálogos, un monólogo dramático, una historia -parece una maldición genética- de madres e hijas en las que las madres no quieren a las hijas.

"Todo lo que escribo es un intento de comprender el presente", aseguró ayer en conferencia de prensa en Barcelona. Es un punto en común, casi el único. "Mis anteriores novelas eran más largas y más complejas. Pensé en quitar en vez de añadir. Decidí contar la historia de madres e hijas y prescindir de los padres e hijos".

Lo que cuenta es así: Rosamund, de 73 años, muere (o se suicida). Lega sus bienes a tercios entre dos sobrinos nietos, Gill y David, e Imogen, prácticamente desconocida para el resto. Deja también cuatro cintas grabadas para que su sobrina se las entregue a Imogen, con el encargo de que si no la localiza, las escuche ella. "Desde mediados los años ochenta tenía una idea sobre tres imágenes. Una niña rubia y ciega, una misteriosa casa en el campo y una canción, Baileros (de Cantos de Auvernia, interpretados por Victoria de los Ángeles), pero tenía 25 o 26 años, sin madurez suficiente, para juntarlas. Y me fui en dirección opuesta, la sátira política y el humor. En 2005 regresé a esa idea, por lo que no es un cambio sino un retorno".

En las casetes, dictados poco antes de morir, Rosamund, cuenta a Imogen sus orígenes y su propia historia. Para hacerlos, elige 20 imágenes, casi todas fotografías pero también alguna postal, desde la II Guerra Mundial hasta los noventa. Es lo que atrapa de la novela y que obliga a leerla sin parar para llegar al final y luego volver a algunas de sus páginas. Describe las fotografías a una niña ciega, a la que no ve desde hace 20 años, se supone que ahora es ya una mujer. La descripción de paisajes se combina con la narración, del pasado al presente y al revés. "No fue difícil elegir las fotografías, muchas pertenecen a mi propia infancia. Me di cuenta al enseñar antiguos álbumes a mis hijas, no sólo les interesaba las imágines también la historia de las personas que en ellas aparecían".

El tema principal de la novela es una contradicción. Imogen, que sufre malos tratos a los tres años que la dejan ciega, no debía haber nacido. Todo lo que llevaba a ella había sido un error. "Rosemund se da cuenta de que es una ser humano. Intento con este libro entender esta paradoja".

¿Volverá Coe a sus novelas políticas que tanto han gustado? "Estoy en medio de la escritura de la siguiente. Es difícil de decir. Habrá humor y muchos hombres, en realidad, sólo hombres. Este es el desafío: integrar los elementos de mis anteriores novelas con ésta".