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"La 'Duquesa Roja'no tuvo nunca ninguna conciencia de pecado"

Este viernes en EL PAÍS, la primera entrevista que concede Liliana Dahlmann viuda de Luisa Isabel Álvarez de Toledo. En ella defiende el poder del carácter de la 'Duquesa Roja' y la necesidad de mantener intacto el patrimonio histórico de la Fundación Casa de Medina-Sidonia

La historia tiene todos los elementos para convertirse en un folletín lleno de pasadizos escabrosos. Una duquesa que se rebela contra la dictadura de Franco, es encarcelada y luego tiene que partir al exilio. Una madre que rompe relaciones con sus hijos al ser acusada de ladrona. Una mujer que se casa in artículo mortis con la secretaria vitalicia de la Fundación en la que ha empeñado su vida. El vertiginoso circuito de los medios del corazón calienta motores y alguno de los descendientes salta a primer plano para denunciar abandono y reclamar una herencia que, dice, se le escamotea.

Luisa Isabel Álvarez de Toledo (Estoril, Portugal, 1936), la Duquesa Roja, murió hace unos días, y en el palacio de Sanlúcar de Barrameda, sede de la Fundación Casa de Medina-Sidonia, no se termina aún de asimilar su pérdida. La nueva presidenta, Liliana Dahlmann (Heidelberg, 1956), su viuda, intenta conservar la calma y recuperar la otra historia, la que tiene menos resonancias novelescas.

Los lectores de EL PAÍS podrán ver este viernes en el periódico toda la entrevista. Aquí adelantamos algunas preguntas.

Pregunta. ¿Cómo se explica que la duquesa se casara con usted en los últimos momentos?

Respuesta. Es algo en lo que no quiero entrar. Forma parte de nuestra vida privada. Hay cosas que se hacen cuando se tienen que hacer.

P. ¿Por qué se produce la ruptura de la duquesa con sus hijos? Se quejan de abandono. Y reclaman una finca de Mortera que, eso ha afirmado alguno, se quedó ella cuando se la había dejado su bisabuela.

R. La gran ruptura se produce cuando Isabel consigue en 1990 crear la Fundación. No se puede decir que fueran unos niños abandonados. Entonces iniciaron una serie de pleitos contra ella. De la finca de Mortera la duquesa quedó como usufructuaria y cuando cada hijo cumplió 21 años, les dio la parte que les correspondía. Quedan aquí en Sanlúcar unas 15 piezas, entre obras de arte y muebles, que pueden recoger cuando deseen. Pero no quisiera entrar en esta espiral de desmentidos y aclaraciones que puede convertirse en una locura. La justicia tiene mecanismos para establecer la autenticidad de esas reclamaciones.

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