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Un papelito de periódico esclarece el expolio de un lienzo de Zurbarán

El cuadro llegó a Londres en la colección del rey francés Luis Felipe procedente de un convento de Teruel

Un pequeño fragmento de un periódico escrito en inglés, adherido a un lienzo del pintor extremeño Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, 1598-Madrid, 1664) fue el hilo cuyo ovillo ha seguido el restaurador José Antonio Buces, del Instituto del Patrimonio Histórico, hasta descubrir un secreto sin revelar durante un siglo y medio. El fragmento contenía solo dos palabras legibles, el artículo the, y se hallaba incrustado en el remate del lienzo del maestro extremeño, célebre por sus pinturas de trasunto religioso y por su dominio pictórico de los textiles de atuendos religiosos, que su pincel hacía casi crujir.

El cuadro, de 2.11 de alto por 1.23, metros de anchura, se hallaba desde el año 1905 en un altar lateral situado en la sacristía de la iglesia de Santa Bárbara. El cuadro, sobre el que se ve escrita una inscripción S. Carmelo, obispo de Teruel, representa a un mercedario vestido de blanco, con tiara episcopal, con un libro en la mano izquierda y una pluma de escribir en la derecha. Su mirada se orienta hacia lontananza, donde surge una imagen de tamaño reducido de la Inmaculada Concepción sobre un globo terráqueo.

La pintura se hallaba muy deteriorada en la zona inferior del lienzo porque algunas personas tenían por costumbre frotar la parte inferior del lienzo para enlucirlo. Por ello, y a demanda eclesiástica, fue enviada al Instituto del Patrimonio Histórico Español, en la Ciudad Universitaria de Madrid, donde se encomendó su restauración al especialista José Antonio Buces. Éste comprobó que se desconocía por completo el origen y el trayecto del zurbarán hasta su llegada la iglesia madrileña, ya que el pintor extremeño había pintado en 1630 dos cuadros sobre el mismo personaje, que se hallaban en un monasterio de la Merced Calzada de Sevilla: uno de baja calidad y el otro, ante el cual Buces se hallaba, mostraba toda la magnificencia de Zurbarán.

Al examinar detenidamente el cuadro, el restaurador halló en su reborde frontal superior el fragmento de un diario británico, vestigio que expresaba de manera patente la costumbre de los marchantes ingleses de forrar los lienzos durante sus traslados. Asimismo, descubrió en el gran soporte de madera números con una grafía específica. Entonces, Buces consultó a Enriqueta Harris, tía suya, experta en pintura y le preguntó qué colección española en Inglaterra podría incluir un zurbarán así. Con las pistas facilitadas por ella, el experto llegó hasta la colección de Luis Felipe, el rey francés destronado y refugiado en Londres, donde se estableció con una extraordinaria colección que incluía el San Carmelo turolense, como probaban los documentos a los que Buces tuvo acceso tras numerosas gestiones documentales.

Supo así que el lienzo ?”procedente de un convento dominico de la ciudad de Teruel”, decía la documentación previa a la puja? fue subastado por la casa Christies and Manson en septiembre de 1853 y se pagaron por él 30 libras, a nombre de un testaferro, Mister Terry, vinculado a algún personaje desconocido pero poderoso, ya que la suma era entonces considerable. José Antonio Buces descubrió al poco que el viajero Pascual Madoz citaba un convento dominico en Teruel en el siglo XVII, que quedó destruido durante la Guerra Civil.

Por otra parte, un general de las tropas de Napoleón, Louis Gabriel Suchet, ocupó la ciudad aragonesa en 1809. José I, hermano de Bonaparte, acababa de disolver los conventos de hombres. Presumiblemente, fue el general Suchet quien se llevó el lienzo a Francia, donde recalaría en la colección del rey Luis Felipe. Aún hoy es posible ver en el museo del Ermitage de San Petersburgo otro lienzo de Zurbarán con una cartela al pie que señala su procedencia de la colección de M. Soult, apellido de uno de los generales napoleónicos, que combatió en España durante la Guerra de Independencia y que pasa por ser el más expoliador de sus conmilitones.

Uno de los interrogantes que se abre ahora es la ausencia de un santo canonizado con el nombre de Carmelo y que fuera obispo del Teruel aragonés. Como tal, no figura en el santoral cristiano. Fuentes de la Orden Mercedaria en Madrid señalan que beatos con ese nombre si fueron objeto de devoción, aunque no santos. Se sabe que Francisco de Zurbarán poseyó en Sevilla un Obrador, un taller que pintó por encargo decenas de cuadros de santos destinados a conventos y casas nobles de América. Curiosamente, en Cali, en Colombia, hubo un importante convento mercedario que permaneció allí hasta la emancipación colonial. Y, muy cerca de la ciudad caliqueña, existe una localidad pequeña llamada Teruel. ¿El zurbarán de Santa Bárbara fue quizá un encargo fallido que quedó en España hasta su expolio napoleónico?

Cuando la restauración del zurbarán ha culminado con éxito, el eslabón que falta por casar es el de cómo retornó a Madrid desde Londres, ya que los archivos del templo de Santa Bárbara ardieron en 1915. “Por una vez, en lugar de perder obras de arte en el extranjero, un cuadro valioso regresa a España”, comenta Buces.