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Perros en el centro de la polémica: proteger la caza o a los animales

El PSOE y Podemos han mantenido abierto un debate sobre si incluir o no a estos canes en la ley de protección animal, de la que finalmente se quedaron fuera. Viajamos a varios puntos de Andalucía donde se usan en la actividad cinegética

Rehala 'El Viti', compuesta por 75 perros de caza y propiedad del veterinario Luis Muñoz Lorite, en La Carolina (Jaén).
Rehala 'El Viti', compuesta por 75 perros de caza y propiedad del veterinario Luis Muñoz Lorite, en La Carolina (Jaén).PACO PUENTES

Lindor es un podenco andaluz de color marrón claro, casi como un bombón navideño, y de esos dulces toma su nombre. Tiene las orejas muy puntiagudas y una mirada penetrante con la que intenta ocultar su timidez. Camina despacio y con miedo, incapaz de apoyar una de sus patas. Su dueño solía salir a cazar con él hasta que el can se hizo una fractura. El cazador le hizo un vendaje casero que no funcionó, así que lo dejó atado a un olivo en Lucena (Córdoba) para que se muriera de hambre y de sed. Un particular lo encontró días después esquelético, cojo y abandonado. Llamó a la Guardia Civil y los agentes del Seprona requisaron el perro y denunciaron a su dueño —tenía chip—. “Me lo encontré, le puse un microchip y lo estaba cuidando”, alegó el denunciado para defenderse.

Lindor ha sido operado y se recupera en el refugio de la asociación Galgos del Sur, que cada año recoge unos 400 galgos y podencos abandonados exclusivamente por cazadores, con patas rotas, golpes, malnutrición y hasta disparos, que se elevan hasta los 21.800 si se cuentan los perros de caza acogidos en todas las protectoras de España, según la Fundación Affinity. Esta cifra, de 2021, representa el 13% de todos los perros que se abandonan (unos 168.000), sean mascotas o de caza. Son una minoría pero están en el centro de la polémica: quedarían más desamparados si finalmente se quedan fuera de la ley de protección animal, que ahora se encuentra en plena tramitación parlamentaria. El maltrato a todos los animales (salvo los salvajes) ya está penado por el artículo 337 del Código Penal, pero en los que son utilizados para actividades económicas (como la caza o la producción) esos delitos son muy difíciles de perseguir.

Javier Luna y Patricia Almansa, miembros de Galgos del Sur, acarician a 'Lindor', un podenco recuperado en sus instalaciones.
Javier Luna y Patricia Almansa, miembros de Galgos del Sur, acarician a 'Lindor', un podenco recuperado en sus instalaciones. PACO PUENTES

La legislación busca, entre otras cosas, endurecer las penas por maltrato animal —con una reforma del Código Penal—, proteger a todos los vertebrados (también los salvajes, salvo cuando son cazados de manera legal) y acabar con el abandono de mascotas (en 2021, el fin de la temporada de caza fue el segundo motivo de abandono en España tras las camadas no deseadas, según la Fundación Afinitty). La norma ha enervado al mundo rural. “La caza es un factor definitorio [en estas zonas], supone mucho dinero y trabajo que ayuda a fijar población en la España vaciada”, dice Luis Muñoz, veterinario y dueño de una clínica en La Carolina, en Jaén, donde atiende a un 40% de perros de rehalas (grupos de perros de caza). En Andalucía se caza mucho: de las 678.483 licencias expedidas en España en 2020 (último dato disponible, según Transición Ecológica), 217.779 se emitieron en esta comunidad, casi el triple que Castilla-La Mancha (82.165). De los 337.000 cazadores federados, más de 88.000 están al sur de Despeñaperros.

Uno de esos lugares es la localidad jienense que, al estar junto a Sierra Morena, es una zona tradicional de monterías. “Aquí gobierna el PSOE, y también en los cercanos Vilches y Santa Elena, todos pueblos con muchos cazadores. Pero si se aprueba la ley de protección animal, ese voto podría variar”, vaticina Muñoz. Ese voto es una de las claves del enfrentamiento de esta semana entre Unidas Podemos y el PSOE. Los primeros han elaborado una norma que pretende aumentar la protección de todos los animales; los segundos la apoyan, pero quieren dejar fuera a los perros de caza —para los que plantean una regulación específica—, después de las protestas de los cazadores, que se manifestaron contra la ley por miles en marzo en Madrid.

El pleno en el que se debatió sobre los derechos de las personas LGTBI, el bienestar de los animales y la interrupción voluntaria del embarazo, el 6 de octubre.Foto: Europa Press | Vídeo: Europa Press
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En La Carolina, a unos cien kilómetros de la protectora donde está Lindor, se encuentra la otra cara del trato y el cuidado de los cazadores a los perros. Allí, el veterinario Luis Muñoz, que también es cazador, muestra orgulloso su rehala, un grupo de perros que se usan la caza mayor y que Andalucía considera bien de interés cultural. “Una rehala son mínimo 35 o 40 perros, porque si vas a cazar un día te llevas 25 perros y dejas a 15 para que estén más frescos el segundo día”, explica Muñoz mientras pasea por las perreras de sus 75 canes. “Hemos elegido un perro cruzado al que le decimos urraco, mezcla de mastín con podenco. Es nuestra línea desde hace muchos años, no compramos ni vendemos, los criamos nosotros”, sigue.

La nave está impoluta, con luz, serrín en el suelo y una temperatura agradable. Hay calefacción con placas solares y, en verano, ventilación con dispersión de agua fresca. Fuera, 15 hectáreas para que los perros corran. Miguel Ángel Fernández es el cuidador de la rehala. “Todos los días hay que asearlos, sacarlos dos veces a que hagan sus necesidades, darles de comer —60 kilos de pienso al día— y estar pendientes por si alguno se pone enfermo”, dice.

Además de su labor diaria —”los 365 días del año”—, su trabajo como podenquero incluye acompañar a los perros durante las monterías. “Esos días me levanto a las seis, aseo a los perros, los saco a que hagan sus necesidades, elijo 25 y los monto en la furgoneta. La mayoría de las monterías son en Sierra Morena, aunque también hay en Córdoba y Castilla-La Mancha”, explica Fernández. “Cuando empieza, los perros baten una mancha [zona] de la sierra intentando encontrar una pieza —ciervos, venados y jabalíes— y que salga de su escondite y vaya hacia los puestos donde están esperando los cazadores”, añade. Junto al podenquero siempre va un alano, un perro de agarre, para defenderlo por si algún jabalí va hacia él.

En estas situaciones, a veces hay accidentes, como explica Luis Muñoz: “Por ejemplo, un jabalí puede defenderse y morder a un perro. Un venado puede dar una coz. O un ciervo puede darle una cornada. Eso le pasó a uno de nuestros perros hace unos días y ahora se recupera de sus heridas. Es ley de vida”. En sus instalaciones, Muñoz tiene una zona denominada lazareto donde lleva a los perros heridos. “Les ponemos agua caliente, cortamos la hemorragia y los atendemos”. Luego, si hace falta, los lleva a la clínica para operarlos. “Al perro herido lo hemos intervenido de una pata y de una luxación de cadera”. Asegura que todos los cazadores que conoce llevan a sus perros con urgencia al veterinario tras estos lances. “Si un perro ha sufrido un accidente es que es bueno, porque no se achanta. Sería absurdo dejarlo morir”, prosigue. ¿Luego pueden volver a cazar? “Todos los perros que hay aquí tienen heridas de guerra y todos siguen cazando”.

Si en Sierra Morena hay monterías, gran parte de Córdoba tiene cotos de caza menor. En una nave a las afueras de Fernán Núñez, a una media hora de la capital, Francisco Berral enseña sus perreras, individuales y bien cuidadas, donde ladran cuatro podencos, dos bretones, y cinco cachorritos de podenco. “Las perreras tienen luz natural, doble chapa para que no pasen calor ni frío, las limpio a menudo y les echo de comer el pienso más caro”, cuenta Berral. “Cuando voy a cazar, me llevo tres perros [lo máximo que permite la ley andaluza en la caza menor] para que busquen entre la maleza, ahí pueden encontrar un conejo o una perdiz, lo asustan para que salga y entonces le disparo. A veces les das, a veces no”, prosigue.

Francisco Cano, delegado de la Federación Andaluza de Caza en Córdoba, resume la postura del colectivo en la nave de su amigo Berral: “La ley de protección animal que se está debatiendo va contra la caza. No podríamos utilizar a los perros, habría un riesgo tremendo de que haya un accidente y nos cueste la cárcel. Y sin perros no hay caza”.

Sergio García Torres, director de Derechos de los Animales en el Ministerio de Derechos Sociales, considera infundados estos temores: “Si un perro sufre un accidente es un accidente, no es maltrato. De hecho, el maltrato está penado desde 2015 y no hay denuncias durante la actividad cinegética. Las leyes de Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana establecen que los lances de caza no pueden considerarse maltrato, eso es lo que nos pidió el sector y eso lo hemos incorporado a la propuesta”.

¿Qué cambiaría la ley si se aprueba tal y como está? Se dificulta el sacrificio de los perros salvo para evitar el sufrimiento y se prohíbe llevar animales atados a vehículos en marcha, una de las formas de entrenar a los galgos. Los animales deberán inscribirse en el Registro de Animales de Compañía y, para tener cachorros, los dueños deberán inscribirse en el Registro de criadores. Ambas medidas buscan reducir el abandono, pero molestan a los cazadores, acostumbrados a regalarse y cambiarse los perros sin papel de por medio. Los perros en exterior deben estar protegidos de las inclemencias del tiempo y tendrán un seguro de responsabilidad civil (esto último ya es obligatorio en la caza). Además, los cazadores estarían exentos del curso de manejo de perros y del test de sociabilidad que se aplicaría a todos los demás.

La otra opción es que se apruebe la ley excluyendo a los perros de caza, como quiere el PSOE, y hacer luego una norma específica para ellos. Los socialistas ven este punto innegociable por su compromiso con el sector cinegético y colectivos del medio rural. Se trataría de sacar de la norma a los perros de caza, pastores, de rescate, de Policía y Guardia Civil, así como aves de cetrería. Según la izquierda parlamentaria y las organizaciones animalistas, esto dejaría “desprotegidos a los canes más vulnerables”. En un punto intermedio está la última propuesta de Podemos: sacar a los perros de caza de la norma solo mientras están cazando, como ya pasa en Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana, ambas del PSOE. La negociación continúa este martes.

Denuncias por maltrato

“Los perros de caza son los animales más vulnerables y, si sale adelante la enmienda del PSOE, quedarían desprotegidos”, defiende Patricia Almansa, presidenta de Galgos del Sur, la protectora situada en Villafranca de Córdoba, a unos 20 minutos de la capital. “Se suelen abandonar muchos galgos al final de la temporada de caza, en febrero, cuando ya no les valen, y también al inicio, en octubre, porque si la hembra tiene que amamantar en ese momento no puede cazar”, explica Almansa, interrumpida por los ladridos de los 120 animales que la rodean. Hay galgos, podencos, mastines y otros perros de caza. Se abandonan porque no sirven para la caza, o porque están heridos, también porque se escapan. Las 10 hectáreas de la asociación incluyen una gran nave con tres espacios para perreras (para los recién llegados, para los que están en adopción y para los que necesitan tratamiento), así como muchos patios a los que los perros salen dos veces al día.

Cada uno de los que llega aquí tiene una historia. A Clark, un galgo, lo trajo a la asociación otro cazador. En ese momento no había hueco en las instalaciones, así que el hombre se fue y más tarde el animal apareció atado a la puerta del refugio; tenía, además, una pata rota. Glory, una bretona, fue atropellada, tenía una cadera rota y el rabo amputado, algo prohibido en España. Elisabeth Viejo, veterinaria del centro, señala: “Todos los perros que llegan aquí suelen venir desnutridos, con garrapatas, pulgas, enfermedades, tumores… En general, en muy mal estado. Hace poco vino Grupo, un podenco al que le habían disparado en la cara, y la metralla no se puede sacar, aunque sí curar las heridas”.

Reciben avisos de perros abandonados, atados a árboles, tirados a la basura, atropellados. También denuncian a cazadores cuyos canes malviven. Fruto de una de esas denuncias, el Seprona decomisó una rehala en Granada en una situación “dantesca”, cuyo propietario ha sido condenado a 18 meses de prisión. En otra intervención en la misma provincia los agentes encontraron a Danco, un mastín famélico: pesaba solo 25 kilos cuando lo normal son unos 50 y tenía garrapatas y signos evidentes de maltrato. Ahora luce rollizo en las instalaciones de la asociación, a la espera de que lo adopten. Un trabajo similar hace la Fundación Benjamín Mehnert, en Sevilla, que recoge unos 1.100 galgos abandonados por la caza al año. La mayoría se suelen adoptar en países del centro de Europa, más concienciados.

Otro escenario de horror se encuentra en el camino de Carbonell, un carril sin asfaltar muy cerca de la capital cordobesa jalonado por parcelas donde suelen dormir animales. Al final, hay una con decenas de chamizos, muchos de ellos sin luz natural, donde centenares de perros de caza malviven entre el frío y la lluvia, algunos con evidentes signos de desnutrición. “Aquí hay un par de rehalas, y luego muchos perros de caza, los animales están en condiciones de insalubridad, pasan frío, comen poco, siempre están ladrando y mal atendidos”, dice Javier Luna, también de Galgos del Sur, mientras señala uno de los chamizos. El Ayuntamiento de Córdoba no tiene constancia de ninguna denuncia ni de inspecciones al lugar.

El Seprona de la Guardia Civil es el encargado de vigilar el estado de estos animales. Aunque no hay datos a nivel nacional, sirva como ejemplo la provincia de Córdoba, donde el cuerpo ha realizado unas 100 inspecciones en los últimos tres años y ha constatado 162 infracciones, la mayoría por falta de chip o vacunas. Pablo Muñoz es cabo primero en el cuerpo y ha realizado muchas inspecciones: “Al inicio de la temporada de caza comprobamos que los perros tengan chip, obligatorio desde los tres meses. Es importante para que luego no haya abandonos. Durante la temporada miramos además si los vehículos cumplen la normativa de bienestar animal. Y también inspeccionamos instalaciones, para ver si están en buen estado. En la mayoría de los casos lo están, porque los perros son la mano derecha del cazador”. Está por ver si la norma protegerá a estos animales si la mano del cazador golpea al perro.

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Miguel Ángel Medina
Escribe sobre medio ambiente, movilidad -es un apasionado de la bicicleta-, consumo y urbanismo. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, ha ganado los premios Pobre el que no cambia su mirada y Semana Española de la Movilidad Sostenible. Ha publicado el libro ‘Madrid, preguntas y respuestas. 75 historias para descubrir la capital’.

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