Un verano extremo y de récord: España ha vivido 42 días atrapada en olas de calor desde junio

El país ha sufrido tres episodios de temperaturas disparadas que se han salido de los registros por su dureza, extensión geográfica y duración. A esto se suma una falta de lluvias también histórica y una devastadora temporada de incendios

Varias personas se refrescaban el viernes, cobijadas del sol, en el estanque de la plaza de España de Sevilla.
Varias personas se refrescaban el viernes, cobijadas del sol, en el estanque de la plaza de España de Sevilla.PACO PUENTES

Este verano no está siendo normal. No es cierto que en España siempre haya hecho este calor, porque el de este año está siendo extremo y plagado de anomalías referidas a las temperaturas medias, las máximas, las mínimas nocturnas... También es un verano récord por la sequía y por el número de grandes incendios que se han producido y las hectáreas que se han quemado ya. Aunque hace falta esperar a que el estío concluya, el 23 de septiembre, para poder tener el retrato completo, algunos datos con los que cuentan los científicos ya son elocuentes: por ejemplo, el de las olas de calor, que simplemente se han salido de los registros. España ha sufrido tres eventos de este tipo este año. Han sido anómalos por su dureza, por su extensión geográfica y por su duración. En total, la España peninsular y Baleares han estado 42 días oficialmente bajo los efectos de las olas de calor, según el balance provisional facilitado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) a EL PAÍS.

“Es el máximo de toda la serie, muy por delante de 2015, que con 29 días era el anterior máximo”, resalta Bea Hervella, portavoz de la Aemet. Ya la primera ola que se vivió en España se salió de los registros, porque “fue muy temprana”, añade Hervella. “Comenzó el 12 de junio y duró siete días”, según los datos de esta agencia estatal. “Afectó a 39 provincias, lo que la convierte en la tercera más extensa de la serie”, que arranca en 1975.

La segunda también fue “extraordinaria” y duró 18 días —empezó el 9 de julio y no terminó hasta el 26—. Afectó a 43 provincias y es la segunda más larga registrada en España. Además, según el último balance de la Aemet, ha sido “la más intensa de la serie”, con una anomalía de 4,6 grados Celsius. La tercera y más reciente —empezó el 30 de julio y acabó el 15 de agosto― y llegó a afectar a 27 provincias, según el análisis provisional de esta agencia estatal, que podría cambiar algo cuando se terminen de procesar todos los datos de las estaciones que se estudian, 137 del país. En el caso de Canarias, Aemet apunta a que se han producido dos olas de calor hasta el momento, “la primera entre el 9 y el 11 de julio y la segunda entre el 24 y el 26 de julio”.

Una ola de calor es un episodio de temperaturas anormalmente altas que se mantienen varios días y afectan a una parte importante de una área geográfica, como un país. Pero no existen criterios concretos, precisos y unificados en todo el mundo. Aemet considera que existe una ola de calor cuando se produce un episodio de al menos tres días consecutivos en que como mínimo el 10% de las estaciones que se toman como referencia registran máximas diarias por encima de la media de los meses de julio y agosto del periodo comprendido entre 1971 y 2000.

Partiendo de esos criterios, la Aemet tiene contabilizadas cerca de 70 olas de calor en las últimas cinco décadas. En toda la serie nunca se habían producido 42 días con ola de calor un año en España. Como apunta Hervella, el anterior máximo de días ocurrió en 2015. Que el antecedente sea de hace solo siete años no es casualidad, porque este tipo de fenómenos extremos están aumentando en frecuencia e intensidad en la última década en España. Y los científicos miran directamente a la crisis climática para explicarlo.

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“El IPCC [el panel de expertos, en cambio, climático de la ONU] nos advierte de que este tipo de fenómenos extremos aumentan por el calentamiento”, recuerda Hervella. Pero el sistema climático es complejo y existen multitud de variables, que en estos momentos se están analizando, añade esta especialista. “Se necesita un estudio para poder atribuir una ola de calor concreta directamente al cambio climático”, concluye.

El grupo de científicos de World Weather Attribution (WWA) se dedica precisamente a eso. Este verano elaboraron un informe de atribución sobre la ola de calor que se vivió también en julio en el Reino Unido y que llevó a que por primera vez se superarán los 40 grados en ese país. “El cambio climático causado por el hombre hizo que el evento fuera al menos 10 veces más probable”, concluía ese análisis exprés.


Dos personas tomaban el sol en Hyde Park (Londres), el día 12.
Dos personas tomaban el sol en Hyde Park (Londres), el día 12.TOLGA AKMEN (EFE)

El calor extremo no solo ha golpeado a España, sino que ha afectado a gran parte de Europa. Como explica Carlo Buontempo, director del servicio de Cambio Climático de Copernicus, que forma parte del Programa Espacial de la UE, el verano está siendo extremadamente seco y caluroso en casi toda Europa. “Es algo bastante inusual”, dice al referirse a la “extensión espacial” de este fenómeno.

El mes más cálido jamás registrado

Si se toman como referencia las temperaturas medias, el verano de 2022 también está siendo anómalo en España. Julio, con 25,6 grados de media, es el mes más cálido jamás registrado en España desde al menos 1961, cuando comienzan las series de la Aemet. Este mes va por un camino parecido: el periodo entre el 1 y el 21 de agosto de 2022, con 24,8 grados de media, “es el segundo más cálido de la serie, por detrás de 2003″, señala Hervella.

Si se levanta un poco más el foco, y se toma como referencia el periodo comprendido entre el 1 de mayo y el 21 de agosto de este año, los datos vuelven a mostrar que nos encaminamos hacia un año récord: “Es el más cálido de la serie, con 22,4 grados de temperatura de media nacional, seguido de 2017, con 21,6 grados”.

Falta de lluvias

Además de caluroso, el verano está siendo extremadamente seco. “El periodo comprendido del 1 de mayo al 21 de agosto es el más seco a nivel nacional, con una precipitación media de 57,4 mm”, señala la Aemet. El segundo de la serie, con 63,2 mm, es 1965. Esta falta de lluvias, unida al calor, está llevando al extremo a la reserva de agua en España.

El embalse de Belesar (Lugo), el viernes.
El embalse de Belesar (Lugo), el viernes.ÓSCAR CORRAL

Esta semana, los embalses peninsulares estaban al 36,9% de su capacidad, casi 20 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años. Para encontrar un nivel tan bajo de reserva de agua en esta misma semana del año hay que retroceder hasta la gran sequía de 1995. Las restricciones en pequeños municipios y a los regadíos —que son los principales consumidores del agua embalsada del país— se están extendiendo. Y la generación de energía en las centrales hidroeléctricas, que usan los saltos de agua, está también en mínimos: entre el 1 de enero y el 15 de agosto la producción en estas centrales en España ha sido de menos de 11.400 gigavatios hora (GWh), la cifra más baja desde 1992, según los datos de Red Eléctrica de España.

De nuevo, lo que está ocurriendo en España no es algo aislado del contexto europeo. Según el último informe de seguimiento de la sequía del Centro Común de Investigación (JRC), un grupo de científicos dependiente de la Comisión, esta semana, el 64% del territorio europeo estaba en “situación de advertencia o alerta” por falta de lluvias. El coordinador de ese boletín es el investigador Andrea Toreti, que apunta que la sequía de este año puede ser histórica. En 2019, Toreti y un grupo de investigadores del JRC publicaron un estudio en el que, tras analizar datos paleoclimáticos, concluye que la sequía que sufrió Europa en 2018 fue la más grave en casi 500 años. “El año 1540 fue casi tan severo como 2018″, apunta Toreti a través de un correo electrónico. “La sequía actual parece ser peor que la de 2018 y, por lo tanto, la peor de los últimos 500 años. Los datos definitivos al final de la temporada confirmarán esta evaluación preliminar”, añade este investigador.

En el caso español, la falta de precipitaciones durante este verano no es, sin embargo, la principal causa de la mala situación de las reservas. El país viene arrastrando una época con poca agua embalsada desde hace meses. Ya en marzo las reservas habían caído hasta los niveles de la gran sequía de los noventa del siglo pasado.

Incendios

Ligado a las temperaturas extremas y la falta de lluvias, los fuegos también se han disparado este año en España. Hasta el 14 de agosto se habían producido 50 grandes incendios forestales (aquellos que afectan a más de 500 hectáreas). Hasta el 14 de agosto se habían quemado casi 230.000 hectáreas este año, una cifra que está cuatro veces por encima de la media de la última década. Los registros del Gobierno se remontan a 1968 y muestran que el peor año en España en cuanto a superficie afectada por incendios fue 1985, con 484.475 hectáreas afectadas. Pero eso fue durante los 365 días de aquel año y a 2022 todavía le quedan cuatro meses.

Además de las tres personas fallecidas y los casi 90 heridos, los fuegos de este año en España han causado importantes daños materiales. El Consejo de Ministros ha aprobado declarar como “zonas afectadas gravemente por emergencias de protección civil” las áreas afectadas por 119 incendios ocurridos este verano en 15 de las 17 comunidades autónomas.

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Sobre la firma

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.

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