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El Gremio amaga con llevar a Colau a los tribunales por la tasa de las terrazas

Los restauradores piden una revisión total de la propuesta y no se conforman con una rebaja

La terraza de un bar de plaza de Catalunya, en el centro de Barcelona.
La terraza de un bar de plaza de Catalunya, en el centro de Barcelona.

Los restauradores están en pie de guerra con el Ayuntamiento de Barcelona por la propuesta de subida de las tasas sobre las terrazas. Ni la afirmación de la concejal de Hacienda, Montserrat Ballarín, el pasado miércoles, de que negociaban con ERC una rebaja sustancial; ni la concreción, ayer, de los republicanos de que ésta pudiera ser de hasta un 40% ha calmado los ánimos del Gremio de Restauradores que tiene dudas de su “legalidad” y amaga con acciones judiciales si el gobierno de los comunes y el PSC no lo replantea.

“Nuestro plan A es intentar llegar a un acuerdo razonable ahora, pero también tenemos un plan B porque hemos hecho consultas a expertos fiscalistas y hay dudas de la legalidad de subidas del 300% y de más del 1000% en algunas zonas de Barcelona. Por eso tampoco se descarta llegar a los tribunales”, sostiene Roger Pallarols, director del Gremio de los Restauradores que esta semana han presentado las alegaciones a las ordenanzas defendidas por el Ayuntamiento de Barcelona. En ellas los restauradores alegan que no se trata solo del incremento de la tasa de las terrazas sino que también se ha hecho la revisión de la categoría fiscal, que no se hacía desde 2010. Y la suma de las dos, apuntan, es lo que dispara el impacto de la subida que,según sus cálculos, puede llegar hasta el 1.345% en las terrazas de la Plaza Reial, por ejemplo (14 veces más de lo que pagan ahora). Una de las posibilidades que apuntan desde el gremio es que la actualización de las categorías fiscales se haga de forma progresiva a lo largo del mandato.

Entienden que con las terrazas hay una “actitud fiscal confiscatoria” que se aleja mucho de las subidas aplicadas a otras tasas e impuestos municipales que la actualización supone incrementos de entre un 3% y un 20%. Una mesa —y cuatro sillas— en la calle de Enric Granados, por ejemplo, pasaría de pagar 198 euros al año a 1.053. En Salvador Seguí (Ciutat Vella) la cantidad a pagar por esa misma unidad iría de los 62,43 euros actuales a 623,70. De las 5.500 terrazas que hay en Barcelona, solo el 1% tienen una reducción real —Horta-Guinardó, Nou Barris y una parte de Sants-Montjuïc— y el 99% tiene un incremento a partir del 200%, según el gremio que alerta de las consecuencias que puede tener en muchos bares de barrio y de explotación familiar. “Se puede poner en riesgo la estabilidad de negocios familiares en un contexto de desaceleración en el que estamos como lo demuestra que en julio pasado se perdieran mil puestos de trabajo en la restauración”, apunta Pallarols.

Presupuestos pendientes

El consistorio argumenta que las tasas en Barcelona deben ser homologables a las de otras capitales europeas, como Roma, Milán o París. “No estamos de acuerdo porque la comparación tiene que ser con ciudades equiparables fiscalmente. La categoría más alta de terrazas de Madrid paga 249 euros al año —una mesa y cuatro sillas— y en Barcelona se paga 376 antes de aplicar la subida que pretende el Ayuntamiento”, concreta el presidente del gremio que dice estar “decepcionado” con la actitud del PSC en esta cuestión por “incoherente” con la posición que mantuvieron en el mandato anterior —cuando los socialistas estaban en la oposición— y porque no se han sentado a debatir la subida de las tasas “más allá de dos contactos informales”.

En las alegaciones, el gremio se queja de la “discriminación” de las tasas de las terrazas, que se pagan por el uso de un terreno de dominio público, frente a las de los mercados, que también son sobre suelo público: “en los mercados la actualización es del 10,69% y en las terrazas puede llegar a superar el 1000%”.

Mientras las negociaciones por las ordenanzas fiscales apremian (porque deben cerrarse antes del 31 de diciembre), las del presupuesto han quedado en un segundo plano y toma fuerza la posibilidad de que no se aprueben hasta después de las vacaciones de Navidad.

 

 

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