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OPINIÓN i

Reiniciar el capitalismo

El ‘Financial Times’ y 200 grandes empresas norteamericanas sostienen que el beneficio de los accionistas no ha de ser el principal objetivo de las empresas. ¿Le estarán viendo las orejas al lobo?

Jeff Bezos, fundador de Amazon, durante una conferencia.
Jeff Bezos, fundador de Amazon, durante una conferencia. EFE

Capitalism. Time for a reset. Con este título en portada, el Financial Times, diario económico de referencia, propuso el jueves reiniciar el capitalismo. Y para remarcar el giro editorial, ese día levantó el muro de pago para permitir el libre acceso a su edición digital. Lionel Barber, editor del diario, lo explicaba así: “El modelo capitalista liberal ha brindado paz, prosperidad y progreso tecnológico durante los últimos 50 años, reduciendo la pobreza y elevando el nivel de vida en todo el mundo. Pero en la década posterior a la crisis financiera mundial el modelo está en cuestión, principalmente por centrarse en maximizar las ganancias y el valor para los accionistas. (...) Es hora de un reinicio”.

Semanas antes, la Business Roundtable, una plataforma que reúne a 200 de las mayores empresas de Estados Unidos, había lanzado un insólito comunicado en el que proponía redefinir los objetivos corporativos y abogaba por abandonar el dogma de que el interés del accionista debe prevalecer sobre cualquier otro. Que el club al que pertenecen gigantes como Apple, JP Morgan o General Motors diga que el accionista debe ser considerado uno más a la hora de tomar decisiones es muy significativo. Proponen situar al accionista al mismo nivel que los trabajadores, los clientes, los proveedores y las comunidades. Cada una de estas partes es esencial, dicen, y se comprometen a crear valor para todas porque de ello depende el futuro de las compañías, las comunidades y el país.

La Business Roundtable sitúa al accionista al mismo nivel que los trabajadores, los clientes o las comunidades

Lástima que no lo hubieran pensando antes porque, ¿cuántas empresas han decidido despidos masivos para aumentar beneficios y dividendos? ¿Y cuántas veces la notificación de un ERE ha provocado la subida de las acciones en la Bolsa? ¿Cuántas externalizaciones y deslocalizaciones se han hecho para satisfacer a los accionistas? Fue el Nobel de Economía Milton Friedman quien teorizó que “las corporaciones existen principalmente para servir a los accionistas”. Si estuviera vivo, sufriría una sacudida porque el comunicado lo desautoriza claramente. Vehemente defensor del mercado, la desregulación y el achicamiento del Estado, Friedman es el ideólogo del neoliberalismo más descarnado. Como explica Naomi Klein en La doctrina del shock, las teorías de Friedman y la Escuela de Chicago han causado estragos en el Estado de bienestar. Tras una primera prueba en el Chile de Pinochet, se extendieron por todo Occidente con Ronald Reagan y Margaret Thatcher como abanderados.

Que el Financial Times o la Business Roundtable las pongan ahora en cuestión indica que detectan movimientos en las placas tectónicas del capitalismo. El estallido de la crisis en 2008 fue un golpe psicológico tan grande que hasta Nicolas Sarkozy proclamó que había que refundar el capitalismo. No le hicieron mucho caso. Se impuso de nuevo la doctrina del shock. La teoría de la crisis como oportunidad. Así lo explicaba el propio Friedman: “Solo una crisis —real o percibida— da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis se produce, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable”. ¿Les suena? La crisis como pretexto para imponer contrarreformas sociales: políticas de austeridad para recortar el Estado de bienestar; reformas laborales para reducir los salarios y generalizar la precariedad...

La riqueza se concentra de forma tan obscena que los ricos ya no saben qué hacer con tanto dinero

¿A dónde llevan estas políticas? Economistas tan influyentes como Thomas Piketty, Joseph Stiglitz o Paul Krugman han advertido sobre el peligro del aumento de las desigualdades. La riqueza se concentra de forma tan obscena que los ricos ya no saben qué hacer con tanto dinero, mientras capas cada vez más amplias de la población quedan a la intemperie excluidas del bienestar. El modelo neoliberal rompe la cohesión social y deja sin horizonte a las nuevas generaciones.

Los caballeros de la Business Roundtable empiezan a ver las consecuencias: “Estados Unidos merece una economía que permita a cada persona tener éxito a través del esfuerzo y la creatividad y llevar una vida digna”; “hay que proteger el medio ambiente” y “fomentar la diversidad, la inclusión, la dignidad y el respeto”. A este coro se unió hace dos días la voz de Jeff Bezos, el hombre más rico del planeta: “Hasta ahora hemos estado en medio del rebaño, pero ahora queremos ser líderes y modelos de comportamiento”, dijo al presentar el plan de Amazon para reducir emisiones. Mientras los gurús de la economía hablan de que viene una nueva recesión, la marea de jóvenes en defensa del planeta no deja de crecer en un movimiento global que impugna todo el modelo económico. ¿Será que le han visto las orejas al lobo?

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