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La palabra rimada se hace oír en el Sónar

Las voces de Stormzy, Octavius, Vince Staples y el sonido urbano de Bad Gyal

conquistaron un notable y contundente espacio en los escenarios

Un momento de la actuación de Bad Gyal en Sónar.

El Sónar diurno se despidió este año en Barcelona con calor, el calor de julio y el que debió sentir Bad Gyal sobre el escenario, aupada por el festival y por el público que llenaba el Village en su incipiente carrera internacional. Otros artistas que destacaron en la nutrida oferta de la jornada diurna fueron Kelly Moran, Nicola Cruz, Actress y un Cecilio G que presume en una canción de haberse colado en un Sonar y que ayer entró en el festival a lomos de un caballo, como lo hiciera Jimi Tenor en la Mar Bella hace ya unos años.

 Kelly Moran ofreció un delicado concierto para piano tratado; es decir, acentuó el carácter percutivo del instrumento colocando tornillos y piezas metálicas entre sus cuerdas. Su música, envolvente y apoyada por samplers, se visualizó en colores que para ella suponen un registro emocional del sonido.

El festival pierde ‘solo’ 21.000 asistentes

Alivio era la sensación que transmitía la cúpula del Sonar cuando valoraron ayer las cifras, que no han sido trágicas pese a la pérdida de asistencia en relación con la media de los tres últimos años. “Con todo lo que ha pasado, son razonables y muestran un Sónar asentado”, aseguró Ricard Robles, uno de los tres directores del evento. La asistencia ha sido de 105.000 personas: 46.000 en las jornadas diurnas y 59.000 en los conciertos nocturnos, lejos de los 126.000 del año pasado. La pérdida mayor se ha producido en la noche, que Robles atribuyó a que “la crisis de la huelga de montadores explotó cuando el público local compraba sus entradas”. Tanto Robles como Enric Palau y Sergi Caballero, la cúpula del festival, aseguraron: “No estamos en contra de la huelga de los montadores, sino de la gestión que de ella se ha hecho. No sabemos por qué no se ha desactivado el problema antes”. Por lo que respecta a blindar las fechas del festival, Robles precisó que las tres próximas ediciones ya están garantizadas en junio. También anunciaron que en breve se abordará con las instituciones el tibio papel que, en su opinión, han jugado en la intermediación de la crisis. El Sónar menos perjudicado ha sido el Sónar+D; por lo que respecta a la expansión global de la marca, dos ciudades se suman al festival: Atenas y México.

Y hablando de colores, ácidos eran los que vestían Bad Gyal y sus cuatro bailarinas, reinas de la tarde ante un público que pareció tener acento local. Sin tener un show aún plenamente competitivo en términos internacionales, la joven de Vilassar de Mar va redondeando un proyecto que, aunque poco original falto de peso y de frágil carisma, puede claramente prosperar. La oscuridad de Actress y la electrónica andina de Nicola Cruz marcaron las otras caras de la jornada del festival.

La programación del viernes noche coronó a Stormzy, el rapero inglés adicto al grime, un hip-hop dicho a bastante más velocidad, en un inglés casi críptico y con descaradas bases electrónicas. En una demostración atlética tanto de garganta como de prestaciones físicas, el inglés ofreció un concierto muy compacto y sólido como el granito, traducido en litros de sudor que hicieron brillar la negritud de su piel como si de un metal precioso se tratase. Una escena plásticamente perfecta que traducía la potencia rítmica de piezas como Vossi Bop, antesala de la postrer Shut Up que arrasó con su melodía.

 Poco más o menos lo que más tarde consiguieron en ese mismo escenario Underworld y su épica electrónica, útil para derribar las murallas de Jericó en un plis. Su concierto fue un crescendo de estribillos y largos fragmentos rítmicos que lograron su cénit con Born Slippy, una composición que evidencia cómo ha evolucionado la electrónica desde que la pieza vio la luz. Con Karl Hyde en plan estrella del rock en un subidón de gloria, los móviles empezaron a destellar en el hangar bañado por láser y el Sonar pareció devolvernos a la estética de los noventa. Eso sí, la cantidad de público fue de las menores detectadas en los últimos años.

Los otros dos astros de la palabra en la primera noche del Sonar fueron Octavian y Vince Staples. El primero ofreció un concierto de trap vitalista y melódico impulsado por unos subgraves que removían los dientes en sus encías, haciendo vibrar el cerebro en su cavidad craneal: impresionante. Piezas como Hands, King Essie, Don’t Cry o Hit azotaron la pista en una actuación estupenda. Más tarde, Vince Staples bajó las revoluciones cerrando las tres patas de la palabra con piezas como Big Fish o 745. El poder de la palabra.

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