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CRÍTICA FESTIVAL JAZZ DE VALENCIA CRÍTICA i

The Blind Boys of Alabama y Amadou & Mariam, dos culturas y un mismo ‘feeling’

Un auténtico festín musical de gospel y soul dieron estos dos grupos de invidentes en el Teatro Principal de Valencia

The Blind Boys of Alabama en los Grammy en 2018.
The Blind Boys of Alabama en los Grammy en 2018.

Hay un lenguaje común, que no entiende de fronteras ni de limitaciones físicas, que une de forma aparentemente invisible (y no es una ironía ni un juego de palabras con su condición) a músicos que forjaron sus credos a miles de kilómetros de distancia. Podríamos recurrir a ese amplio concepto de negritud que defiende desde hace años Santiago Auserón: esa raíz común que pervive entre las músicas arcanas del Caribe, de Norteamérica y de África.

No hay ceguera que pueda con eso, al contrario: tanto los legendarios The Blind Boys of Alabama como el tándem Amadou & Mariam son invidentes, y quién sabe si lo que en principio sería para cualquie mortal una gran tara no hizo más que agudizar su instinto para sintonizar con discursos que discurren en similar frecuencia. El currículo de colaboraciones que lucen ambos (TV on the Radio, Ben Harper, Jools Holland, Manu Chao) lo acredita. El caso es que la unión entre los dos, en este espectáculo convenientemente llamado From Bamako to Birmingham, por aquello del diálogo entre Mali y Alabama, tiene más de exposición de las virtudes de ambos (por separado) que de fusión, aunque hubo un punto de encuentro que –era inevitable –pasó sobre todo por el blues: la serpenteante Way Down in the Hole fue la primera de las canciones que abordaron juntos, después de que el venerable cuarteto de gospel despachara una primorosa media hora aborando clásicos del soul como People Get Ready (Curtis Mayfield) o Spirit in the Dark (Aretha Franklin), así como el tradicional Amazing Grace –evocando el House of The Rising Sun de The Animals –, y que la pareja maliense se explayara con esas letanías eléctricas que orientan su radar al pop de amplio espectro con más facilidad que cualquier adalid del bluestuareg.

El asunto se desmelenó más al final, con todos los músicos sobre el escenario (ya habían compartido base rítmica y guitarra toda la noche) en lo que fue toda una celebración de la música como festín sanador, como alimento espiritual. Una gozada.

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