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La partida de póker de las negociaciones políticas

Los partidos juegan a colocar mensajes en los medios de comunicación, lanzan faroles, pero se guardan en la manga la información más importante

La número dos del Partido Popular Andrea Levy, junto al resto del equipo negociador del PP con Ciudadanos en el Ayuntamiento.
La número dos del Partido Popular Andrea Levy, junto al resto del equipo negociador del PP con Ciudadanos en el Ayuntamiento. EFE

Los políticos tienen mucho de actores, como los jugadores de póker. Estos días de pactos postelectorales despliegan sus mejores artes interpretativas para presionar al adversario, marcarse faroles y lanzarse guiños, pero los ases se los guardan en la manga. La partida no puede eternizarse, sin embargo. Este martes deberán haber cerrado un acuerdo para repartirse los siete puestos de la Mesa. En el Ayuntamiento tienen hasta este sábado, cuando los gobiernos municipales de todo el país toman posesión. Mientras tanto, asistimos al teatro de las negociaciones, en las que Ciudadanos pasa de tener un papel de reparto a uno protagonista. De ellos depende que gobierne la derecha o no, pero sus decisiones vienen marcadas también por los equipos negociadores nacionales.

En público, los partidos fijan sus posiciones con mensajes clave y ponen en valor su marca con un punto de dramatización. Vox ha cargado durante días contra Ciudadanos por no querer sentarse con ellos y por tratarles como “apestados”. Cs se ha mantenido inflexible, con su veto al PSOE y su negativa a hablar con Vox. Finalmente, Rocío Monasterio (Vox) e Ignacio Aguado (Cs) se reunieron ayer después de dos semanas de desacuerdo.

El PSOE en la Comunidad ha escenificado una ronda de contactos como el partido más votado y Más Madrid le ha dejado la mano tendida a Cs. El relato que todos marcan ahora les servirá para el resto de la legislatura y tienen que aprovechar los focos.

Los principios básicos de unas negociaciones postelectorales pasan por “no precipitarse ni en un sentido ni en otro, no renunciar a nada y saber realmente con qué fuerza se cuenta”, según Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública. Esa fuerza, “hay que ponerla en valor, por pequeña que sea”, añade Toni Aira, director del máster de Comunicación política de la Universidad Pompeu Fabra. La segunda regla es “desplazar la presión mediática al otro y restarse el máximo de presión a uno mismo”, dice. Y la tercera, y más importante para él: “Que la negociación real sea lo menos visible posible”.

Mientras las discusiones importantes ocurren a puerta cerrada —y se suceden las llamadas y, también, las presiones de los grupos de interés— sin que trascienda casi nada, los políticos se dedican a un “juego mediático”, como lo llama Aira. “Si con esto consigues que haya una mayoría de medios a favor de lo que pretendes, ¡bingo! porque igual acabas haciendo plausible algo que parecía improbable o imposible”, señala el experto en estrategia.

En esa cascada de declaraciones y gestos, el PSOE intenta fijar un marco en el que reclama su legitimidad para gobernar como la fuerza más votada. Sabe que lo tiene complicado y no lo niega, pero el candidato Ángel Gabilondo está haciendo una ronda de contactos con todos los partidos. “Si al final el Gobierno que sale es del PP, si el PSOE ha trabajado bien el marco mental de la primera fuerza, el resto de la legislatura va a poder emplear el relato de que la derecha le ha usurpado su puesto”, señala, Verónica Fumanal, asesora de comunicación.

“Hay gesticulación hacia fuera para cargar culpas o pretender dibujar quiénes son los responsables o los culpables de que haya o no acuerdo”, apunta el politólogo Pepe Fernández Albertos. Se ha visto en Íñigo Errejón, el candidato de Más Madrid a la Comunidad, cuando esta semana ha señalado que Aguado comete “un error histórico” si pacta con la derecha y le entrega “la llave a Vox”.

Fernández Albertos recuerda además que con los mensajes que los líderes intentan colocar en los medios también pretenden fortalecer posiciones internas. “Dentro de los partidos hay preferencias diferentes por tipos de gobiernos y de coaliciones, y a través del discurso haces más difícil a los contrincantes internos una determinada estrategia”, señala. Esto encaja con Ciudadanos, con las presiones que se han visto de sectores más centristas que cuestionan el veto al PSOE. “Romper o difuminar esa línea roja le abriría un espacio de negociación mucho más potente”, continúa. Ser el partido que pueda decidir que gobierne un bloque u otro, “en las teorías de las negociaciones le debería dar mucho poder”. En Castilla y León ya se abren a negociar con el PSOE.

Teatro y realidad  

En este juego que se traen, ¿cuánto hay de teatro y cuánto de real en las posiciones “maximalistas”, como las llamó el PP, de Cs y Vox? “Lo que se consigue con la polémica es encarecer ese pacto, en caso de que se dé”, opina Aira. Los dos partidos intentan presionar al PP con conflictos, como el intento de Cs de reivindicar la alcaldía de Madrid para Begoña Villacís. Quieren que los populares vean que la imagen de victoria que proyectó en la noche electoral, con José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso dando por conquistados el Ayuntamiento y la Comunidad, no está tan clara. Consiguen así “que el PP también tenga que remangarse y poner sobre la mesa unas opciones para desencallar la situación”, dice el asesor político. “Quien dice opciones dice cargos y concesiones para conseguir su apoyo”.

En esta partida, como en las de póker, resistir es vencer. Los líderes políticos tienen que poner al límite sus posibilidades, intentar aparentar, al menos de cara al público, que tienen mejores cartas de las que realmente tienen. Pero aunque jueguen a tensionar, como Vox y Ciudadanos, hay un momento en el que tienen que ceder. Quedó claro ayer con la reunión de ambos partidos. Cs trató de circunscribirla a la cortesía parlamentaria, pero Vox aseguró que se trataba de “estudiar propuestas de programa”. “Saber hasta dónde puedes aguantar y que no se proyecte la idea de que te has rendido antes de tiempo” es tan importante como todo lo demás, según el profesor de comunicación política.

El juego termina cuando se forma gobierno. No gana solo quien lo preside. También quien puede vender que ha contribuido a formarlo o, al menos, que ha puesto en valor mejor que nadie sus votos. Aunque el contenido de las negociaciones sea un iceberg del que solo vemos la punta, el relato que se construye estos días marcará los próximos cuatro años.

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