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Todos los caminos de Madrid pasan por Vox

El PP se abre a gobernar con el partido de ultraderecha en la Comunidad, Cs intenta evitarlo en el Ayuntamiento y Monasterio reclama un peso acorde a su representación

Desde la izquierda: Iván Espinosa de los Monteros, Jorge Buxadé, Rocío Monasterio, Javier Ortega Smith y Santiago Abascal.

El día después de las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo descubrió al PP, a Ciudadanos y al PSOE intentando descifrar el jeroglífico de Vox. La formación de extrema derecha, que logró 12 diputados y cuatro concejales clave para formar el Gobierno autonómico y el municipal, reclamó este lunes entrar en esos Ejecutivos. Ese planteamiento, que busca normalizar su presencia en las instituciones y profundizar en el pacto a tres que firmó con el PP y Ciudadanos en Andalucía, provocó reacciones encontradas entre socios potenciales y rivales declarados. ¿La razón? Vox tiene la llave para investir como presidenta regional y alcalde de la capital a dos políticos del PP que no ganaron las elecciones: Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida. Y eso abocará a todas las formaciones a largos días de tensas negociaciones.

"Nuestro objetivo es hacer valer nuestros escaños, y sí, probablemente entrar en el Gobierno es la mejor manera de hacerlos valer y que se vea sobre todo el trabajo que queremos desarrollar", dijo en RNE Rocío Monasterio, la líder regional del partido de Santiago Abascal. "Pero esto ya se hablará. Lo primero es conseguir sentarnos con las partes, que no se hagan cordones sanitarios, que se olviden los insultos y estigmas dirigidos contra Vox durante la campaña", añadió. "Los resultados de ayer, que no esté el socialismo en Madrid, que haya salido Carmena, ha sido gracias a partidos como Vox", advirtió. 

En enero, el PP, Ciudadanos y Vox firmaron un acuerdo para poner fin a 40 años de gobiernos socialistas en Andalucía. Sin embargo, la formación de extrema derecha se limitó en esa ocasión a prestar su apoyo a la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), sin entrar en el Gobierno, y tuvo que digerir que la formación de Albert Rivera le obviara en la foto final, actuando como si no fuera parte de la alianza.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Abascal ya ha entrado con 24 diputados en el Congreso, también tiene representación en el Senado y será decisivo en la formación del gobierno de casi una decena de capitales de provincia —Madrid, Oviedo, Córdoba, Huesca, Teruel o Alicante—. En consecuencia, Vox no admitirá el mismo trato de Andalucía en Madrid. Quiere estar en la foto y negociar su entrada en los Ejecutivos de Madrid, donde su propuesta de máximos —siempre susceptible de ser rebajada— probablemente incluya la petición de carteras relevantes que le permitan tener un papel protagonista durante los próximos cuatro años. Este lunes, sus portavoces solo avanzaron ese deseo, sin entrar en más detalles.

"Nosotros ya hemos hecho un ejercicio de generosidad política, de sacrificio, de demostración de que no teníamos interés en llegar por llegar", explicó en la SER Iván Espinosa de los Monteros, en referencia al pacto de Andalucía. "Ahora las cosas son distintas. (...) En proporción a nuestra fuerza en cada sitio, así debería ser la participación de Vox en la política local o la autonómica".

Los partidos reaccionaron a ese posicionamiento de manera muy distinta.

El PSOE inicia una ronda de contactos

El PSOE, que ganó con Ángel Gabilondo las elecciones de la Comunidad por primera vez desde 1987, anunció este lunes que iniciará una ronda de contactos con el resto de aspirantes para tantear la posibilidad de una investidura.

"Vine aquí para aglutinar fuerzas y voy a intentarlo", lanzó Gabilondo el mismo domingo por la noche. Desde entonces, el PSOE elucubra la posibilidad de que Cs le apoye en la Comunidad a cambio de que los socialistas voten por Begoña Villacís en la capital. Una operación complicada que necesitaría del apoyo de un tercero, como Más Madrid.

"Es lo que procede por ser primera fuerza", explicó sobre la ronda de contactos un colaborador de Gabilondo. "Por responsabilidad se invita al resto para abrir abierta y detalladamente un diálogo para otear el horizonte y ver si hay que arremangarse [y ponerse a negociar en serio", continuó. "Pero Aguado [el candidato de Ciudadanos] va muy rápido diciendo que quiere ser vicepresidente del PP", añadió, antes de recordar que la formación de Albert Rivera ya explicitó en campaña su veto a cualquier acuerdo con el PSOE, y su preferencia por un pacto con el PP. "Será un explíquense ustedes, porque es un poco raro ese cordón sanitario a Gabilondo", remató este interlocutor.

Los estrategas socialistas asumen que sus proyectos tienen pocas opciones de éxito. Pero buscan cumplir un objetivo que sirva de precedente para próximas citas electorales: evidenciar que Ciudadanos prefiere pactar con la extrema derecha de Vox para darle el gobierno al PP, que detenta el poder en la región desde hace 24 años, en lugar de impulsar el cambio hacia la izquierda.

Villacís, con el PSOE y sin Vox

Para Ciudadanos el problema no es el PSOE, al que por ahora descarta como socio potencial por su afán de superar al PP como líder de la derecha. Es Vox. Todos los portavoces de la formación naranja intentaron obviar este lunes que el partido de extrema derecha es necesario para sacar adelante los ejecutivos conservadores de la capital y la Comunidad.

"Nosotros vamos a sentarnos con el PP", dijo el líder autonómico de la formación, Aguado, en un intento de reproducir la fórmula andaluza, cuando el PP negoció por separado con los representantes de Rivera y Abascal. Y Begoña Villacís incluso abogó por buscar un pacto alternativo de PP, PSOE y Ciudadanos en el Ayuntamiento, apostando por lograr la complicidad de José Vicente Pepu Hernández con el argumento de que así se restaría capacidad de decisión a la ultraderecha.

"La mejor fórmula es una coalición", dijo Villacís del pacto que aspira a firmar con José Luis Martínez Almeida (PP). "[Pepu Hernández] perfectamente podría apoyar otro Gobierno que no fuera el de la señora Carmena (...) Sigo abriéndole la puerta y perfectamente podría hacerlo", añadió, explicitando su preferencia por un más que improbable acuerdo PP-Cs-PSOE. "No veo a Vox en el gobierno municipal para nada", remató, informa F. J. Barroso.

Sin apostar por ese acuerdo, Martínez Almeida (PP) también insinuó este lunes su preferencia porque Vox apoye su investidura pero no entre en el gobierno municipal, al mencionar que sería deseable conformarlo con quienes conocen bien el trabajo del Ayuntamiento —Vox ha logrado representación por primera vez—.

"Estoy dispuesto a negociar con Vox", dijo el alcaldable; "pero lo razonable es que los que hemos estado en la oposición [por PP y Cs] y conocemos a fondo el Ayuntamiento podamos gestionarlo, aunque no voy a cerrar la puerta a ninguna posibilidad".

Todo está en el aire. De hecho, no es descartable que Ciudadanos llegue a pelear porque Villacís sea alcaldesa en lugar de Martínez Almeida. El PP depende de sus votos para investir a sus candidatos como presidentes de las comunidades autónomas de Murcia y Castilla y León. ¿Se podría pedir a cambio la alcaldía de la capital de España?

"Aún no hay nada planteado", contestó una fuente de la dirección nacional que cuenta con la confianza de Albert Rivera, que formará un comité de pactos para uniformizar las negociaciones de los acuerdos que intentará alcanzar por toda España. "Habrá que empezar a negociar, pero lo normal es que cada sitio se plantee la negociación según las circunstancias de ese sitio, sin negociaciones cruzadas".

El PP, dispuesto a contar con Vox en el Gobierno de la Comunidad

Queda el PP. Con la formación conservadora aliviada por la posibilidad de gobernar la capital y la Comunidad durante los próximos cuatro años, Díaz Ayuso se abrió este lunes a la entrada de Vox en su Gobierno.

"¿Y si no hay otra alternativa?", se preguntó la candidata. "No lo sé en estos momentos", reconoció. "Voy a pensar en el electorado de los tres partidos, voy a defender e intentar cumplir los compromisos de mi programa, pero tratando con sumo respeto a los votantes de los otros dos", siguió. "Quiero hablar con los dos partidos y ver en qué situación estamos. Estoy dispuesto a sacar esto adelante. Tengo que ver qué sintonía tienen los dos [por Ciudadanos y Vox]. No quiero que ninguno de los votantes de los tres se sientan infrarrepresentados".

Son las consecuencias electorales del 26 de mayo. No hay mayorías absolutas. Ninguno de los ganadores en las principales circunscripciones puede gobernar. Y eso ha dejado al PP y a Ciudadanos en manos de Vox, que ahora reclama dar un paso extra. Andalucía ya no es la referencia. En Madrid se está construyendo el nuevo paradigma de los pactos a tres entre las tres formaciones de derechas.

Dos severas derrotas del PP se convirtieron en una victoria

Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida serán proclamados como presidenta de la Comunidad y alcalde de Madrid si alcanzan un acuerdo con Ciudadanos y Vox. Eso permitiría a su partido, el PP, convertir dos derrotas de las que hacen época en un triunfo impensable hace solo un par de días.

Díaz Ayuso perdió 18 diputados y más de 300.000 votos con respecto a los comicios de 2015, que ganó Cristina Cifuentes; y 42 y más de 800.000 sufragios sobre los de 2011, en los que venció Esperanza Aguirre. Almeida, por su parte, se dejó seis concejales y 168.000 sufragios con respecto a hace cuatro años, cuando Aguirre fue la cabeza de cartel popular; y 16 y 360.000 votos frente a hace ocho años, cuando Alberto Ruiz Gallardón fue quien defendió sus mismas siglas. Un resultado a la baja que se reprodujo en todos los municipios de la región.

Así, el PP logró 796.000 votos (24,60%), 762 concejales y 47 mayorías absolutas en toda la Comunidad de Madrid. En 2015, fueron más de un millón de sufragios (32,87%), 921 concejales y 61 mayorías absolutas en los municipios de la región. Son 159 ediles menos. Aunque en ambas ocasiones fuera la fuerza más votada, eso supone un retroceso evidente.

La crisis electoral tiene nombres y apellidos. Boadilla del Monte y Torrejón de Ardoz, con sus mayorías absolutísimas para el PP, fueron una excepción. El partido de Pablo Casado conservó Majadahonda o Alcobendas, pero perdió gobiernos emblemáticos como los de Alcorcón, o graneros electorales tradicionales como el de Pinto —donde había ganado todas las elecciones desde 2007—.

En paralelo, vio cómo el PSOE avanzaba por toda la región con respecto a 2015, tiñendo de rojo Móstoles, Getafe, Fuenlabrada o Valdemoro.

Los socialistas fueron la segunda formación con más votos (678.914) en la Comunidad y obtuvieron 653 concejales, algo más que en 2015, cuando consiguió 523. Además, con el 20,96% de los sufragios lograron hasta 25 mayorías absolutas.

Les siguieron Ciudadanos, con 544.129 votos (16,80%, una mayoría absoluta) y 257 ediles (en 2015 tuvo 137) y Vox con 248.628 votos y 140 representantes municipales (en las anteriores elecciones tuvo 5).

Y al borde de la irrelevancia quedó Más Madrid, que no consiguió echar raíces municipales con las que alimentar su proyecto autonómico los próximos cuatro años.

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