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No es caperucita: ¡Es el lobo!

Cinco de los seis candidatos a las autonómicas de Madrid debaten, de la mano de Cadena SER y EL PAÍS, con una silla vacía reservada al PP

. Debate electoral de los candidatos a la Comunidad de Madrid, organizado por EL PAÍS y la Cadena SER, en el COAM. Elecciones autonómicas 26M Ampliar foto
. Debate electoral de los candidatos a la Comunidad de Madrid, organizado por EL PAÍS y la Cadena SER, en el COAM. Elecciones autonómicas 26M

Hacia mitad del debate tocó hablar de Educación. Fue cuando Rocío Monasterio, la representante de Vox, echó en cara a la izquierda su voluntad de “adoctrinar” en las escuelas. Un drama que según ella había llegado a que a los niños madrileños no se les pudiera contar en clase Caperucita Roja o La bella durmiente en aras de interpretaciones de lo políticamente correcto. Monasterio vestía una chaqueta roja, pero a tenor de cómo en ciertos momentos azuzó el debate, al público en ningún caso se le ocurrió identificarla con la alegre y desvalida niña perdida en el bosque cuando llevaba comida a su abuelita. Más bien parecía el lobo feroz.

Entre Monasterio e Ignacio Aguado, de Ciudadanos, la derecha estuvo perfectamente representada en sus posiciones distantes del centro. Apenas nadie echó en falta a Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP, que el pasado viernes rehusó acudir al debate organizado por la Cadena SER y EL PAÍS. Fue por prescripción facultativa de su propio equipo de campaña. Hacia la silla vacía —por si aparecía en el último momento— dispararon incluso más los de su bando —el fuego amigo— que el bloque de izquierda.

A partir de las 11 de la mañana se presentaron en la sede del Colegio de Arquitectos Íñigo Errejón (Más Madrid), Isa Serra (Unidas Podemos), Ángel Gabilondo (PSOE), Aguado y Monasterio, recibidos en la puerta por Soledad Gallego-Díaz, directora de EL PAÍS y Daniel Gavela, de la SER. Puntuales y prestos a un nuevo encuentro después de haber debatido la noche anterior en Telemadrid sin Errejón. Llegaron dispuestos a enfrentarse a los temas que sobre la mesa pusieron los moderadores: Lucía González y Javier Casal.

Pronto se hizo evidente la estrategia. Errejón, Serra y Gabilondo conformaron un bloque bien avenido que no evitó admitir su voluntad de pacto antes de que los votantes acudan a las urnas. El frente común de Vox y Ciudadanos, con consignas casi calcadas en cuanto a sanidad, educación o transporte, sólo permitía adivinar una boda de conveniencia tras los resultados. Pero evitaron la deseable transparencia de admitirlo en público.

Monasterio comenzó modosa y precavida tratando de adueñarse valores ajenos. No haber sido invitados, según ellos, a cortejar a Mateo Salvini en Milán el pasado sábado junto a sus correligionarios europeos, les ha concedido cierta pátina de moderación respecto a los ogros del populismo continental con tintes fascistas: “Somos el único partido que defiende la constitución, la libertad, la igualdad entre géneros y razas”, comentaba la candidata ultra. Nadie le preguntó: ¿Libertad? ¿Para quién?

Planeaba cierta intención de evitar el cuerpo a cuerpo. No por parte de Monasterio, que defiende con habilidad las obsesiones de Vox. Recita machaconamente mensajes como: cerrar el paso a socialdemócratas y progres. Su cruzada, según ellos: el Madrid que madruga, evitar que la ciudad se llene de violadores por las políticas de la izquierda, cheques escolares y auditorías por doquier. Hasta para Cáritas o Save the Children…

Aguado, por su parte, se mostró guerrero contra las subidas de impuestos: “Los sablazos anunciados por Sánchez y Gabilondo”. El candidato socialista le echó en cara tener una relación oblicua con la verdad: “Soy partidario de que el 98% de la gente no pagué más, pero hay un dos por ciento con rentas altas que deben aportar”. En eso coincidió con Errejón, quien ha repetido hasta la saciedad que la pregunta a la hora de hablar de impuestos no es cuánto, sino a quién.

La puja para arreglar el metro osciló entre los 100 millones de Isa Serra y los 200 de Errejón. El quid de la educación anduvo entre los que defienden aumentar el gasto público; los que hablan de garantizar la libertad de los padres que la quieren concertada (Vox y Cs); y quienes apostaron de manera casi unilateral por la pública (Errejón y Serra) sin, desde luego, un euro para quienes fomentan la segregación por sexo en las aulas. La pelea en Sanidad también se jugó en el campo público y privado. Para Más Madrid es un ejemplo más de la fractura social propiciada tras 24 años de gobiernos ininterrumpidos del PP. “La sanidad pública es más barata y se ha demostrado que desviar pacientes a la privada aumenta el gasto”, comentó Errejón.

Dos ausentes contaron con momentos polémicos: Diaz Ayuso se llevó pellizcos de ambos bandos. Sobre todo de Monasterio: “Nosotros sí damos la cara”. Otro fue Amancio Ortega, el presidente de Inditex, de quién se preguntó si aceptarían los 40 millones que está dispuesto a donar a la sanidad pública y que Podemos rechaza: “No puede solventar con caridad el hecho de que evada impuestos”, aseguró Isa Serra. Vox, Ciudadanos y PSOE lo aceptarían encantados, aunque Gabilondo puntualizó que eso no exime de aportar lo necesario al presupuesto.

El debate fluyó, pero la ausencia de Díaz Ayuso obligó a que no compareciera ningún representante de las siglas que han liderado la comunidad durante más de dos décadas. La memoria fue excesivamente ligera respecto a la huella de los gobiernos de Aguirre, Gallardón o Cifuentes. Nadie se hacía responsable a conciencia, tan sólo tangencialmente. Ni siquiera hubo apenas alusiones para Ángel Garrido, recién incorporado a Ciudadanos —sostén del gobierno regional toda la legislatura— después de haber presidido la Comunidad de Madrid bajo las siglas del PP. Su presencia entre el público hacía aún más extraña esa sensación. Parecía evidente que ni siquiera él asumió responsabilidades ni de los logros ni de los platos rotos pertenecientes a un tiempo que las encuestas amenazan con enterrar.

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