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Barcelona cambia el rol del zoo y restringe las especies

El pleno aprobará hoy una modificación de la ordenanza de animales que limita la reproducción de animales a aquellos que se puedan reintroducir en la naturaleza

Trabajadores en huelga del zoo en las puertas del parque.
Trabajadores en huelga del zoo en las puertas del parque. EL PAÍS

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona marcará hoy el futuro del zoo. Un parque donde solo tendrán cabida las especies decomisadas y aquellas protegidas que puedan reintroducirse en la naturaleza. A los animales que no cumplan estos criterios no se les permitirá reproducirse, por lo que al morir los ejemplares actuales de especies como el rinoceronte, los osos, los elefantes o los delfines desaparecerán definitivamente de un parque inaugurado en 1892.

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobará hoy la modificación de la “ordenanza de protección, tenencia y venta de animales” impulsada por la entidad animalista Libera.

El pasado febrero la comisión de ecología del Ayuntamiento de Barcelona aprobó, por un lado, un plan estratégico confeccionado por la dirección y los trabajadores del parque que dotaba de 65 millones de euros —desde ahora y hasta 2031— a una infraestructura que en la actualidad está anticuada. En el zoo viven 2.000 animales de 300 especies diferentes. La misma comisión aprobaba, a la vez, la iniciativa ciudadana Zoo XXI, impulsada por Libera, que prohibía la reproducción de especies que no pudiesen liberarse en la naturaleza. Un criterio que solo cumplen actualmente 11 especies.

Pronto saltaron las alarmas. Los 150 trabajadores del zoo, junto con representantes científicos, denunciaron que se estaba clausurando el parque por la vía del agotamiento. Se dejaban de reproducir especies por lo que era cuestión de años que no quedaran animales.

Las negociaciones hicieron que se intentara llegar a un término medio. Desde la dirección del zoo se apostaba por mantener los animales de ecosistemas mediterráneos, los amenazados y aquellos para los que existan planes de conservación. De esta forma, se reducía el número de especies a 200. Una vez que hayan muerto las elefantas, el rinoceronte, los camellos o los osos no habría más ejemplares de estas especies. No era suficiente para los animalistas, que limaron su propuesta.
Hoy, si no hay sorpresas, se aprobará en el pleno —con el apoyo de BComú, ERC y PDeCAT— la iniciativa animalista Zoo XXI. Su promotor, Leonardo Anselmi, se mostraba ayer orgulloso y aseguró que será el “antes y el después” del zoo que ahora conocemos. El futuro parque será un “centro de rescate, recuperación y reubicación” de animales “maltratados, heridos, decomisados o encontrados”. Aquellos ejemplares que se encuentre en buenas condiciones para ser reubicados y no formen parte de “un proyecto de especie” serán derivados a “santuarios, refugios o equivalentes, donde se encuentren en condiciones que presenten más similitudes con las del estado natural”.
Pero el futuro del zoo, tal y como lo conocemos, no acabará en los santuarios sino en los “proyectos de especie”. Según la ordenanza que se aprobará hoy, los técnicos del parque deberán redactar un informe por cada especie: “El proyecto deberá especificar, entre otras, cómo la reproducción de animales contribuirá con beneficios cuantificables en la conservación y la viabilidad de la especie y del hábitat natural objeto de conservación a corto medio y largo plazo, así como las fases en las que se realizará la reintroducción o refuerzo de poblaciones en la naturaleza. Todos los proyectos de especie deberán contener la reintroducción o el refuerzo poblacional en alguna de sus fases. En ningún caso, los individuos que formen parte de un proyecto de especie se derivarán a otras funciones diferentes a la conservación”.

Anselmi aseguraba ayer que estos informes serán evaluados por un comité científico-ético, que “velará por la correcta aplicación de los criterios de reproducción y después será el Ayuntamiento quién tome la decisión última”.

El zoo también se deshace de aquello que garantizaba su supervivencia: las entidades internacionales de parques que se intercambiaban animales para evitar consanguinidades y garantizaban el futuro de las especies. La ordenanza marca que Barcelona promoverá la creación de una red que Anselmi quiere bautizar como “zoos por el cambio” para trasladar la propuesta animalista a otros parques.

Los trabajadores van a la huelga por miedo al cierre

Los trabajadores del Zoo de Barcelona protagonizaron ayer una huelga de 9.45 a 14.45 en la que impidieron el acceso a la instalación en protesta por la situación en la que se encuentra el parque y que, a juicio de los empleados, pone en peligro el futuro de los 150 puestos de trabajo directos y los casi 100 indirectos. Los empleados aseguran haberse “perdido” con las modificaciones del plan estratégico y la iniciativa ciudadana y luchan ahora por mantener sus puestos de trabajo. El comité de empresa mantiene la huelga parcial también los días 5, 9, 11, 12, 15, 18 y 19 de mayo.

Ayer la teniente de alcalde de Ecología, Janet Sanz, aseguró a EL PAÍS que con la aprobación del plan estratégico y la iniciativa que modifica la ordenanza de animales se “garantiza el futuro” del Zoo. “A partir de ahora, todo el mundo puede estar tranquilo porque el plan de especies estará justificado. Son seres vivos y no era posible seguir tratando al Zoo con un plan de colección. Ahora hemos pasado a un plan de conservación y a garantizar que las especies sigan existiendo. Es un gran paso para la ciudad saber por qué mantendremos unas especies y otras no”, remarcó Sanz.

Para los trabajadores, BComú no ha apostado por la instalación y ha dejado que “muriera” sin inversiones. “Los animales son muy importantes para nosotros y no se merecen esto”, lamentó ayer un miembro del comité de empresa.

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