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El PP catalán se asoma al abismo tras fracasar con un discurso más duro

Fernández apunta que el origen de la crisis es la división del del constitucionalismo y dice que revisará su estrategia pero no sus principios

Daniel Serrano, Cayetana Álvarez de Toledo y Alejandro Fernández en la noche electoral del PP.
Daniel Serrano, Cayetana Álvarez de Toledo y Alejandro Fernández en la noche electoral del PP. EL PAÍS

El PP catalán volvió a naufragar pese a endurecer su discurso con Cayetana Álvarez de Toledo y con la advertencia de aplicar de forma inmediata el artículo 155. Los populares han pasado de seis escaños a uno por Barcelona y con 200.000 votos son sexta fuerza sin representación ya en Tarragona, Lleida y Girona. El presidente Alejandro Fernández convino ayer que deberán es evidente que deberá revisar su estrategia porque los resultados son “muy malos” pero no sus principios. “No podemos hacer de veleta en función de un resultado electoral”, dijo en Ràdio Barcelona.

Fernández rehuyó así de la autocrítica alejándose, por ejemplo, de la posición de Alfonso Alonso, presidente del PP del País Vasco y que apoyó en las primarias a Soraya Sáenz de Santamaría en su pugna con Pablo Casado. “Es necesario hacer una reflexión y volver a plantear una alternativa centrada, abierta y moderna”, dijo Alonso después de que el PP se quedara en esa comunidad sin escaños.

El PP vivió el domingo una noche de silencio lúgubre. Su situación es tan crítica que ahora sus cargos institucionales se limitan a cuatro diputados en el Parlament y a la única acta de Álvarez de Toledo, que encajó la derrota con sinceridad. La cuestión es que encara las municipales sin indicios de dar un vuelco. Los sondeos apuntan que el PP, que ha apostado por el empresario Josep Bou, podría desaparecer del Ayuntamiento de Barcelona donde suma tres ediles. Su indiscutible mejor baza en Cataluña es Xavier García Albiol, alcaldable por Badalona, que ayer difundió un polémico vídeo en el que se puso en valor frente a las siglas del partido.

Tras abrazar con entusiasmo la victoria de Casado, el PP tenía la certeza de que despegaría gracias a un discurso mucho más contundente contra el independentismo del que dictó Mariano Rajoy. De hecho, el partido asume que su crisis nació cuando el Gobierno toleró la consulta del 9-N en 2014. En el ciclo electoral de 2015 sufrió su annus horribilis: se hundió en Barcelona y Ciudadanos empezó a comerle terreno. Esa tendencia se ratificó el 21-D al pasar de 11 a cuatro escaños.

Cuando asumió el cargo, Fernández lamentó que en el otoño de 2017 el PP perdió la mitad de su espacio político insinuando que la culpa fue no haber aplicado con contundencia el artículo 155. Pero ni siquiera con el apoyo de José María Aznar, que pronunció un mitin en Barcelona por primera vez en 16 años, les ha servido para levantar el vuelo. La ecuación se ha repetido y agravado: ha sufrido otra fuga de votos hacia Ciudadanos —sube 97.000— y 100.000 que se han ido a Vox.

“No podemos hacer de veleta en función de un resultado y el PP se tiene que preparar para cuando la sociedad española vuelva a pedir nuestros servicios”, dijo recalcando que nada indica que no la valide en un futuro. Fernández admitió que deberán revisar la estrategia porque los malos resultados pero con salvedades: dijo que sus principios son sólidos y que no se pueden cambiar porque si se hace implica que no se tienen. “Pero insisto en que el problema viene de lejos porque comporta la división del constitucionalismo que es de donde está la fractura”, afirmó recordando que se fraguó en Cataluña en paralelo al procés.

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