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Madrid destruye 700 refugios de orugas al día por una plaga

El aumento de las temperaturas y la prohibición de usar productos químicos ha agravado la situación

orugas madrid
Plaga de larvas de galeruca en La Elipa en 2014.

“El parque de la amistad (en Villaverde Bajo) está lleno de orugas procesionarias que ponen en peligro la vida de los perros y en grave riesgo la de los niños. Por favor, ponedle solución”. Andrea Pino hizo esta petición vía Twitter hace unas semanas al Ayuntamiento de Madrid, que padece una plaga de orugas procesionarias y galeruca adelantada a la fecha habitual por el suave invierno y la ausencia de lluvias. La situación se ha agravado porque el Consistorio no pudo utilizar el año pasado productos químicos para fumigar por imposición de la UE. De momento, unas brigadas municipales eliminan los lepidópteros destruyendo al día unos 700 bolsones (refugio de invierno) y eliminando las orugas que bajan de los árboles.

La plaga tiene a los árboles como elemento básico. Sin ellos no tendría lugar, ya que las orugas nacen en ellos y se alimentan de sus hojas, subraya José María Cámara, responsable de control de plagas del Ayuntamiento. La presencia de estos insectos no sorprende a los expertos. Las orugas llevan mucho tiempo afectando a los pinares de la región (al menos, a dos tercios de sus 60.000 hectáreas), pero en los últimos años su número se ha multiplicado. Las altas temperaturas registradas estas semanas solo han propiciado que el problema sea más visible. “Las condiciones ambientales han adelantado su proliferación”, certifica Óscar Soriano, científico del CSIC y entomólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Soriano considera que la situación se ha agravado por la merma de determinados animales, como hormigas, murciélagos, avispas y aves, que actúan como depredadores de estas plagas evitando que se reproduzcan. La existencia de la oruga es más un problema de salud pública que forestal: condena a los árboles a retrasar su crecimiento, pero su presencia sirve para alimentar a numerosas especies. Sin embargo, suponen un riesgo para mascotas y humanos. “La oruga galeruca, o escarabajo del olmo, es un insecto parásito de árboles y no tiene tanta incidencia como la procesionaria, más peligrosa”, advierte este experto. Llamadas así por su costumbre de desplazarse en fila, están protegidas por sus pelillos urticantes, que se desprenden con facilidad y se propagan por el aire. El contacto directo con ellos puede ser mortal para los animales.

Reacciones alérgicas

“A los perros les produce una reacción urticaria según el grado de exposición. Se les inflaman labios y lengua, que hay que cortar si es grave. Algunos han fallecido porque la ingesta produce necrosis”, explica el veterinario José Luis Blázquez. En las personas produce reacciones alérgicas e inflamatorias. Los síntomas son principalmente cutáneos: hinchazón y mucho picor, que remite en varios días. El afectado puede eliminar los pelillos de su piel lavando con agua y jabón. Si la reacción es fuerte debe acudir al médico para que le suministre un tratamiento antihistamínico, incluso corticoides. “En un grado de exposición elevado puede causar problemas oculares y bronquiales. En casos extremos lleva a la anafilaxia, una reacción inmunitaria severa que puede ser mortal”, sostiene María del Carmen García Avilés, alergóloga de Ruber Internacional Paseo La Habana.

La oruga procesionaria siempre ha estado presente en la región. “La especie forma parte del ecosistema y es imposible erradicarla. Usamos puntualmente insecticidas, pero a veces lo mejor es no hacer nada, porque se regula a sí misma. Cuando baja del árbol, la oruga se entierra en el suelo y los productos químicos no tienen incidencia. Lo idóneo es actuar de forma preventiva instalando cajas nido para aumentar la población de pájaros insectívoros, sus depredadores, o creando bosques mixtos”, explica Miguel Higueras, jefe de los agentes forestales de la Comunidad. El Gobierno regional también prevé elaborar, por primera vez, un mapa de zonas de riesgo.

En el caso de la capital, el control se basa en la destrucción de nidos, la eliminación de las orugas que han bajado del árbol y las trampas de feromonas, que atraen a los machos para aniquilarlos, lo que evita que puedan reproducirse. La UE levantó el veto a los insecticidas en zonas urbanas en febrero, por lo que podrán usarse en la próxima temporada. De momento, el Ayuntamiento no prevé hacer uso de ellos, pero sí va a autorizar el uso de unas inyecciones en los troncos de los árboles para acabar con los insectos. El programa se realizará en lugares concretos o en pequeñas superficies arbóreas debido al coste del tratamiento (unos 50 euros por unidad) y la complejidad de llevarlo a cabo.

El Consistorio también dispone de un banco de pruebas en una finca de Fuencarral-El Pardo donde se experimentan diferentes trampas contra las orugas, todas ellas ecológicas, para implantarlas en las zonas urbanas. Los distritos más afectados son Latina, Fuencarral, Vallecas y Villaverde. Los vecinos aseguran que los insectos son una auténtica pesadilla. Antonio Martínez, presidente de la Asociación Vecinal El Parral, en Puente de Vallecas, reconoce que ha recibido muchas quejas y que los servicios municipales han tenido que podar árboles: “Las ramas estaban muy cerca de las ventanas y las orugas entraban en las casas. La gente tiende la ropa fuera y cuando iban a recogerla, estaba repleta de bichos”. El Ayuntamiento advierte de que, si un ciudadano observa orugas, no debe tocarlas y pide que llame al teléfono gratuito 010.

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