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El novio que escondía una muerte en el arcón

El supuesto descuartizador de Alcalá de Henares guardó en secreto durante año y medio un cadáver en su congelador. La policía cree que corresponde a su pareja

Policías nacionales trasladan al supuesto descuartizador a una celda de la comisaría de Alcalá.

La dependienta le hizo una pregunta indiscreta: "¿Tienes novia?". Manuel Moreno, un hombre alto, delgado, de aspecto juvenil, con el rostro anguloso, contestó remangándose para dejar a la vista un tatuaje en el antebrazo en el que se leía: Daría. La curiosidad de la mujer creció y quiso saber entonces qué había sido de esa chica que había marcado a fuego en su piel. “Está muerta”, zanjó Moreno. La conversación había terminado. La dependienta nunca más volvió a saber de aquel cliente taciturno.

Si esa conversación reproduce fielmente lo que dijo ese día, Manuel Moreno, de 42 años, estaba revelando un secreto que solo él parecía conocer: que su pareja, una joven de 22 de la que hacia año y medio que nadie sabía nada, estaba muerta. La policía entró el jueves por la tarde en la casa que compartía la pareja en Alcalá de Henares y encontró un cadáver descuartizado y escondido en un arcón congelador. Aún no ha sido identificado, pero los investigadores están plenamente convencidos de que se trata de Daría. Ayer no se le pudo practicar todavía la autopsia porque el cuerpo permanecía congelado, según fuentes policiales.

Manuel y Daría eran pareja desde hacia más de dos años. Él andaluz, de Linares (Jaén), camarero de profesión, vivió en Latinoamérica varios años. Ella, madrileña de origen ruso, adoptada por una familia española junto a sus otros dos hermanos. No se sabe exactamente cómo se conocieron, pero el caso es que a los pocos meses se fueron a vivir juntos a un local a pie de calle, una antigua autoescuela reconvertida por su dueño en una especie de hostal compuesto de tres habitaciones independientes con baño, microondas y nevera. Un piso en el número 3 de la calle del Camino de Santiago. La única zona común es un salón del que los inquilinos apenas hacen uso.

Manuel Moreno Aguado.
Manuel Moreno Aguado.

Uno de los compañeros de piso explicó ayer que apenas había tenido relación con el supuesto descuartizador, en prisión provisional comunicada y sin fianza, acusado en principio de un delito de homicidio. Él solo llevaba un mes y ocho días en ese domicilio. “No he notado nada extraño, el dueño de la vivienda tiene un perro y no ha detectado nada, como algún olor raro. Es lógico si realmente estaba congelada…”, añadió.

La mujer que interrogó sobre su vida amorosa al supuesto asesino no volvió a verlo, aunque le hizo un encargo al saber que él planeaba ir a ver a su madre a Jaén en Navidades. “¿Y si me traes un billete de lotería?”.

El barrio de Alcalá de Henares en el que vivía la pareja seguía ayer consternado por la noticia. La pregunta que se hacía el dueño del Guerrero, el bar al que iba habitualmente el detenido, era qué había pasado con el pastor alemán que tenía Daría y que desapareció a la vez que su propietaria. Algunos vecinos especulaban que posiblemente el animal también se encontraba en el arcón donde fue localizado el cuerpo de la mujer. “Lo que tendría que hacer ahora la policía es investigar todo su pasado porque él sí que dijo que había estado viviendo en Sudamérica y que había tenido una novia de la que no contó cómo terminó”, se preguntaba un vecino habitual de los bares de la zona.

Daría vino a España de niña. El matrimonio que la adoptó también quiso hacerse cargo de sus dos hermanas, así que de golpe se hizo cargo de tres niñas. Daría dejó de mantener contacto con su familia en octubre de 2017. La relación no era la mejor. Fue la madre la que intentó retomar el contacto con ella antes del inicio de las vacaciones de Navidad del año pasado. Como no logró localizarla denunció su desaparición ante la Policía Nacional en Alcalá de Henares.

Muy buen profesional

Amante de la música electrónica, contestatario en redes sociales, Manuel trabajó hasta su detención en el bar Gigante, también en Alcalá de Henares. “Nos gustó a mi marido y a mí cómo trabajaba. Me parecía una persona muy profesional y que atendía muy bien a los clientes, por lo que le hice una oferta”, afirma la dueña, Verónica Navarro.

La señora lo recuerda dicharachero, que constantemente hablaba de su tierra andaluza. En ningún momento pensó que Manuel podía haber cometido, supuestamente, un crimen tan horroroso como descuartizar a una mujer. “Estamos muy sorprendidos. Nos ha chocado todo lo que ha pasado, porque desde luego no parecía el tipo de persona que pueda hacer algo así”, añade.

En el año y medio que creen los investigadores que Manuel convivió en casa con el cadáver de su expareja, la octava víctima de violencia machista en lo que va de año en España, el descuartizador llevaba vida nocturna. Entraba a trabajar a las tres de la tarde y salía cuando cerraba el local, ya de noche. Se encargaba de hacer los pinchos y las tapas en la cocina, además de atender a los clientes. Los dueños no conocieron a ningún amigo o familiar. Era un ser solitario, a su modo de entender. “Tan solo hablaba de un hermano que tiene en Linares. Le dimos vacaciones en Nochebuena y Nochevieja y nos dijo que se iba a su tierra, pero ahora ya incluso dudo”, comenta Navarro.

Antes de despedirse de su anterior empleo, en otro bar llamado La Oficina, Manuel dio los 15 días de preaviso en su trabajo para quedar bien con los dueños. Aquello le dio un halo de formalidad en un sector en el que los trabajadores suelen irse sin despedirse.

Hasta el momento Manuel no ha abierto la boca. Se ha negado a declarar ante los policías del Grupo V de Homicidios que trataron de interrogarle el viernes por la tarde. Los mismos que, una semana antes de recibir del juzgado la orden de entrada en su domicilio, sabían algo que él les negaba con vehemencia: que era el único que sabía exactamente dónde estaba la chica cuyo nombre llevaba tatuado en el antebrazo.

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