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“Ojalá el aeropuerto no sea otra mentira más”

Los vecinos de Navalcarnero y El Álamo, los más cercanos, esperan el aeródromo entre el escepticismo y la esperanza

El aeródromo de Casarrubios, este miércoles. En vídeo, un reportaje sobre el aeropuerto emitido por CMM en 2013.

“El aeropuerto llegará el mismo día que el cercanías”, dice con sorna Alba Tapia, una joven estudiante de grado medio en Navalcarnero. Antes del anuncio del gran aeródromo comercial que se planea en la zona —adelantado este miércoles por EL PAÍS—, la localidad ha vivido muchas otras promesas, entre ellas otro aeropuerto, Eurovegas y, sobre todo, el tren de cercanías hasta Madrid, prometido por Esperanza Aguirre (PP) y que se quedó a medias. “Ojalá el aeropuerto sea verdad y no otra mentira más, porque a este pueblo se le ha engañado muchas veces”, confirma José Luis Adell (PSOE), alcalde de este municipio de 26.000 habitantes. En su opinión, la infraestructura traerá progreso, “pero vamos a estar atentos a la contaminación acústica, que no debe afectar a la población, y a cómo mejoran el transporte público y las comunicaciones por tren”, añade.

Los vecinos contemplan el plan con una mezcla de escepticismo y esperanza en el desarrollo de su localidad, de casas bajas y unifamiliares. “Ahora mismo nos sentimos abandonados. Faltan líneas de autobuses urbanos y una mejor comunicación con la capital. Yo creo que si de verdad construyeran el aeropuerto podrían por fin traer el cercanías que nunca llegó y crecería la hostelería”, dice Álvaro Sánchez, estudiante. José Luis, de 22 años, viene del cercano Casarrubios (5.300 habitantes), sede del actual aeródromo, para echar currículos en Navalcarnero: “Seguro que si lo inauguran habrá más trabajo”, dice confiado.

“Ojalá el aeropuerto no sea otra mentira más”

Un grupo de parroquianos toma café en el Mesón El Pijorro, frente al Ayuntamiento, regentado por dos chinos. Manuel pone la primera queja: “Los aviones traerán mucho ruido”. José Luis Navarro, jubilado, coincide: “A mí me gusta la tranquilidad de vivir en un pueblo, no quiero ruidos. Pero para los años que me quedan en el convento, que hagan lo que quieran”. Otro de los parroquianos, Ángel Fernández se muestra escéptico. “Cuando hicieron la cárcel de Navalcarnero dijeron que iba a haber mucho trabajo, y al final casi no se ha notado. Y también iban a traer el cercanías y nunca llegó”. Manuel Rufo cree que, si se hace el aeropuerto, sin duda traerá trabajo y el enlace con cercanías.

Carmen, que trabaja en la Inmobiliaria La Doctora, se muestra crítica: “Preferiría que no lo construyeran, porque supondrá mucho ruido y trasiego. Eso sí, supongo que las casas se revalorizarán un poco”. La carretera que enlaza este municipio con El Álamo es la M-404, tiene un solo carril por sentido y por la mañana la transitan pocos coches y algún ciclista. Un tractor surca los campos, bastante secos.

Un grupo de turistas frente al Ayuntamiento de Navalcarnero, este miércoles.
Un grupo de turistas frente al Ayuntamiento de Navalcarnero, este miércoles.

Quejas por el ruido

El Álamo (9.000 habitantes) también tiene casas bajas y una amplia plaza casi peatonal y muy tranquila, donde un grupo de jubilados toma el sol. El aeródromo les queda bastante cerca. Juan Carlos lo explica: “Vivo en la parte de fuera y allí es donde más se escuchan las avionetas, meten muchísimo ruido cuando hacen acrobacias. Pero seguro que el futuro aeropuerto beneficiará a los comercios y la gente se vendrá a vivir aquí. Será bueno para el pueblo”. José María, propietario de Embutidos José, cree que será muy positivo: “Estamos locos porque se haga, es la única esperanza que tenemos en el pueblo para que tire para arriba”. Hilario García le ve muchas ventajas: “Traerá mucho trabajo, vendrá más gente a vivir y beneficiará al comercio”, señala. Ángel Gómez es también optimista: “Ayudará a los bares, a los comercios, y seguro que hasta vienen algunos pilotos a vivir al pueblo. Y construirán hoteles. Ahora mismo solo hay una pensión triste con diez habitaciones”.

El Ayuntamiento de El Álamo, este miércoles.
El Ayuntamiento de El Álamo, este miércoles.

Los únicos jóvenes que se ven en el pueblo están en una sala de apuestas cercana al Ayuntamiento. José, Víctor y Roberto trabajan ahí. “Será bueno porque va a traer trabajo”, dice uno. “Para los bares y restaurantes desde luego que será positivo”, añade el segundo. “Aquí no hay nada que hacer, no viene nadie, intentaron hacer un hotel cerca y está en ruinas. Pueden venir a vivir los pilotos y las casas valdrán más caras”, dice el tercero. Todos apuestan porque la infraestructura ayudará a mejorar las conexiones con la capital. Otro joven, Juan Manuel, se muestra optimista: “Creo que va a ser positivo, aquí solo hay trabajo en la construcción y en jardinería, seguro que con esto hay más trabajo”, dice confiado. Fuera, María toma un café: “Lo veo muy negativo por el ruido”, critica. Miguel y María José empujan un carrito de bebé. “No creo que sea positivo, me fui de Cuatro Vientos por el ruido y ahora me lo traen aquí”, dice ella.

A tan solo dos kilómetros, el pequeño aeródromo de Casarrubios, al que se llega por una intrincada y estrecha carretera y donde este miércoles solo había diez coches aparcados, espera los planes para convertirse en el segundo gran aeropuerto de Madrid.

Garrido: “La última palabra, del Gobierno central”

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, se mostró ayer feliz con el proyecto del nuevo aeropuerto porque las empresas “siguen apostando por Madrid”, puesto que “creen en el potencial económico” de la región, según recoge EFE. Garrido señaló que el Gobierno regional conoce los planes de Air City Madrid Sur y ya ha emitido un primer informe en el que se dictamina que cuenta con los recursos económicos y técnicos para llevar a cabo este proyecto, si bien recordó que “la última palabra” sobre la infraestructura le corresponde al Gobierno central.

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