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Columna
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Mi yo 'online' frente a mi yo 'offline'

Los efectos de la violencia demuestran que la barrera que dividía la esfera virtual y la física ya no existe

El otro día quedé con amigos en el Anticafé, cafetería donde hacen la mejor tarta de chocolate vegana que jamás he probado, y surgió el tema de #OTNoEsOdio, una iniciativa de Operación Triunfo para denunciar las violencias que se viven en las redes sociales y que afectan a los participantes de la academia.

Empezamos a compartir nuestras experiencias y descubrimos que todos habíamos sido víctimas de lo mismo. Nadie se salvaba. Me acordé de la frase del lema feminista de los años sesenta: lo personal es político. Descubrí lo importante que es abrir más debates sobre este tema, ya que no son casos aislados. Las redes sociales son un arma de doble filo que nos conecta y desconecta a partes iguales.

La convergencia entre los espacios virtuales y reales ha permeado en nuestro día a día. Imágenes distópicas de Videodrome, de David Cronenberg, me pasan por la cabeza, inevitablemente. La distinción y la frontera que dividían estas dos realidades han desaparecido, creando nuevas lecturas sobre cómo percibimos la ciudad, sobre cómo nos percibimos como ciudadanos, al pasar, según Elena Rodríguez San Julián e Ignacio Megías Quirós, a gestionar constantemente nuestros yoes alternando nuestras dos esferas principales: el yo online y el yo offline.

Madrid, al igual que cualquier otra ciudad, no es una excepción. Es un flujo de cuerpos que diariamente gestionan sus esferas online y offline, siempre jugando con los parámetros de la ausencia y la presencia y la escala de grises entre opuesto. Si no, ¿podemos decir con certeza que nos movemos por nuestra esfera del ‘yo offline’ cuando escuchamos música desde nuestro smartphone mientras paseamos por la Gran Vía y el espacio acústico se desasemeja del espacio físico en el que estamos? ¿En qué esfera nos encontramos cuando estamos navegando por las redes y hablamos con nuestros familiares por la webcam?

La gradual materialización de los espacios virtuales requiere un nuevo acercamiento a ellos. A pesar de que a primeras parezca que no existen ni se manifiestan consecuencias en nuestras acciones, sí que las hay, y este pensamiento es la causa por la que estos espacios son abusados, llegando a crímenes y violencias por internet.

Desgraciadamente, a mi generación nos ha tocado el inicio de esta asimilación. La campaña de #OTNoEsOdio es una de las muchas iniciativas que consciente de que lo que ocurre en los espacios online repercute en los espacios offline, que el cyberbullying es un tema grave y que seguimos sin tener respuestas serias para la prevención de este tipo de acciones.

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Solo cuando veamos y entendamos que aquella barrera que dividía las esferas online y offline ya no existe, cuando asimilemos la ciudad virtual como una extensión de nuestra ciudad “física”, será cuando se implementen acciones contra los crímenes y violencias que vivimos todos en las redes.

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