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El pasado militar de Benidorm

La Universidad de Alicante aclara el origen de un fortín romano situado en el Tossal de La Cala

Sexta campaña de excavaciones en el fortín romano del siglo I a.C. situado en el Tossal de La Cala de la localidad turística.
Sexta campaña de excavaciones en el fortín romano del siglo I a.C. situado en el Tossal de La Cala de la localidad turística.

Lo que hoy es Benidorm ya era un significativo enclave muchos siglos antes de que los turistas españoles y británicos se sintieran seducidos por sus atractivos turísticos. Más de 2.000 años antes de que la ciudad se convirtiese en uno de los iconos mundiales del turismo de sol y playa, los romanos ya habían escogido una parte de su actual término municipal por su privilegiada y estratégica posición para la vigilancia militar.

Ese pasado es el que desde hace algunos años está sacando a la luz la Universidad de Alicante con las campañas de excavaciones que se llevan a cabo cada verano y que han permitido actualizar y corregir creencias que se tenían por seguras. Por ejemplo, que el yacimiento del Tossal de La Cala había sido en tiempos un poblado ibero de los siglos III y II a. C.

Esa fue la corriente válida durante mucho tiempo, hasta muy avanzado el siglo pasado. Sin embargo, los continuos hallazgos de materiales, muy raros en ese tipo de poblados pero muy comunes en asentamientos romanos, motivaron que el pensamiento empezase a girar significativamente.

Con la primera excavación dirigida en 2013 por la profesora de la Universidad de Alicante y arqueóloga Feliciana Sala ya se determinó que aquello tenía muy poco de poblado ibero y mucho de fortificación romana. Se certificó además que el ‘castellum’ databa de las guerras sertorianas (siglo I a. C.) y que el asentamiento era un fortín en el que se alojaba un destacamento de militares. En concreto, los arqueólogos consideran que el yacimiento de Benidorm fue uno de los cuarteles del general Quinto Sertorio, un rebelde en tiempos de la República, y que lo empleó para vigilar desde la parte alta del Tossal la posible llegada de tropas o embarcaciones de sus enemigos Pompeyo y Metelo. Además, debió ser un acuartelamiento destacado puesto que la base principal del general rebelde se encontraba en Dianium, la actual Denia.

Después de aquella primera campaña se han sucedido otras bajo la dirección de la propia Sala y el profesor Jesús Moratalla y con cada una de ellas las teorías se han ido confirmando mientras los investigadores han recopilado una valiosa información. “Este yacimiento se convertirá en una referencia ineludible de arquitectura militar romana para todos los arqueólogos” sostiene Sala. El valor de la zona podría haber sido aún mayor si el crecimiento urbanístico de la ciudad en los años del boom turístico no hubiera sepultado para siempre buena parte del ‘castellum’ que según Moratalla abarcaba una superficie de media hectárea y que pudo albergar “como máximo a un centenar de soldados”.

En estos años se ha desenterrado la muralla de la fortificación, los alojamientos de los soldados romanos e incluso una vía central que algunos han calificado como “la primera calle de Benidorm”. Este verano se ha conocido, tras sacar a la luz diez metros más, que la vía fue incluso nivelada al 8% para una perfecta movilidad de personas. Han aparecido también los clásicos utensilios de la época como restos de cerámica, alguna moneda y hasta una llave.

Igualmente se ha localizado la entrada al cuartel romano y los últimos trabajos se han centrado en averiguar la función de otras cuatro habitaciones que se han desenterrado en esta campaña y que difieren en tamaño –son algo más amplias- de las habitaciones de los soldados. “Podría tratarse de un almacén, una herrería, un hospital o una armería” explican ambos profesores. Tanto Sala como Moratalla creen que han dado con la denominada “habitación de los plomos”, una estancia que ya fue documentada por el padre Belda en sus excavaciones de 1944 y que sería una suerte de herrería en la que se fundía el plomo, un material muy maleable, para fabricar proyectiles o reparar objetos dañados.

Parece claro, pues, que no se trataba de un poblado ibero, pero también se ha descubierto que los ocupantes romanos tenían un contacto fluido con los indígenas de la zona. “Hemos encontrado mucha mezcla de elementos romanos con locales, lo que hoy se conoce como hibridación cultural” explica Jesús Moratalla.

El próximo paso en el yacimiento será su musealización, que “debe estar en marcha en abril de 2019” según precisaba la concejal de Patrimonio Histórico, Ana Pellicer, una vez conseguidos 250.000 euros de fondos europeos para financiar el 50% del proyecto. “La puesta en valor permitirá contextualizar y divulgar entre el público cómo era, su uso y la vida de las tropas que allí habitaban” decía la regidora.

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