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Dos visiones opuestas de la Diada

Una familia que nunca falta a la manifestación independentista y amigos de Tarragona que no se identifican con las movilizaciones

Diada 2018
La familia Riera, en el parque de la Ciutadella.

Dos visiones opuestas de una misma jornada. Hablamos con una familia de Arenys de Munt (Barcelona) que nunca falta a la manifestación independentista y amigos de Tarragona que no se identifican con las movilizaciones. Estos son sus argumentos.

“Esto es picar piedra, pero no hay que bajar los brazos”

No fallaron. Como cada año desde el inicio del procés.¿11 de septiembre? A Barcelona. A la manifestación independentista. La familia Roig-Riera, de Arenys de Munt —el primer municipio que celebró una consulta sobre la independencia de Cataluña, en 2009— tampoco faltó este año. Tres generaciones. Este martes, por primera vez, se quedaron en casa los mayores. Con todo, en total, sumando familia y amigos, eran una veintena.

“Alcanzar la independencia costará mucho, pero cada año somos más”, afirmaba Santi Roig: “Esto es picar piedra, quien piense que será de un día para otro se equivoca. Será largo, pero no hay que bajar los brazos”. De hecho, se interrumpió Roig, sí faltaron a la movilización de una Diada, la del año pasado: “Pero para compensar, nos fuimos a la manifestación de Bruselas”, se disculpó.

Ayer, al kit de la manifestación (comida, bebida, senyeres estelades, la camiseta reglamentaria), sumaron bolsas de plástico amarillas para responder a la llamada de colgar lazos exigiendo la libertad de los líderes independentistas presos. “Llevan un año en la cárcel porque defendieron lo que nosotros les pedimos que hicieran”, se emocionaba Xavi, otro integrante del grupo. Cree que hay motivos para desear más que nunca la independencia de Cataluña. Es de los que estaría dispuesto a ir a la cárcel... “si no fuera por la familia”.

La mujer de Roig, Anna Riera, celebraba los cambios que ha observado en seis años de manifestaciones independentistas: “La gente va cambiando, hemos visto catalanes que no son independentistas pero que se han dado cuenta de que no somos tan malos y también ven cómo nos tratan en el país donde viven sus hijos”.

Casi un año después del referéndum (que vivieron con emoción por la movilización y con rabia por la actuación policial); y de la fallida declaración de independencia, estos fieles independentistas solo lanzan una crítica a los líderes del procés: “La incapacidad para ir todos los partidos a una”. Por lo demás, aseguran que el independentismo ha actuado correctamente: “No sabemos todo lo que pasó. Si llegan a saber que estarían como ahora, presos y exiliados, quizás no hubieran dado marcha atrás”.

Los Roig-Riera y sus amigos descartaban ayer que la solución al conflicto político entre Cataluña y España llegue de Madrid. “La única diferencia entre el PP y PSOE es el color del logotipo”, precisaba Santi. Su amigo Ricard añadía que la solución, si llega, lo hará “porque interviene Europa”. El grupo subrayaba el ambiente festivo de las movilizaciones y lamentaba que “la represión y la violencia siempre viene del otro lado”. “1-O, agresiones a los que retiran lazos... si nos quieren en España, ¿por qué nos pegan?”, preguntaba Roig.

Grupo de amigos unionistas en Tarragona.
Grupo de amigos unionistas en Tarragona.

“No es una manifestación para todos los catalanes”

A la misma hora que la manifestación de la Diada arrancaba en Barcelona, cuatro amigos remataban su almuerzo en una terraza de Tarragona. Dani, de Castellvell del Camp, un pequeño pueblo pegado a Reus, y Elisabet, de Tarragona con ascendencia cordobesa, comparten mesa con Francisco, de Barcelona y con raíces en Sant Boi de Llobregat, y con su acompañante, una chica de nacionalidad ucraniana atenta a la conversación y que apenas mascullará unas palabras para pedirle a Francisco que baje la voz.

“Nunca”, responden sobre si alguna vez han asistido a la manifestación de la Diada. “No es una manifestación para todos los catalanes, solo para unos cuantos”, alega Francisco. “Huyo de los extremismos”, apostilla Dani, antes de desplegar una conocida teoría sobre el auge del independentismo: “Ha servido para tapar la corrupción de Pujol y compañía”. Francisco abunda en las conjeturas sobre el influjo de la escolarización y dice que es en los colegios donde se siembra la semilla para hacer florecer independentistas: “En las escuelas catalanas a los niños se les enseña que Cristóbal Colón fue catalán”.

Los dos se declaran “buenos amigos”. Francisco define a Dani como “muy catalán” porque domina el idioma. “Puede ser, pero me siento más cómodo entre gente que ha llegado de fuera, de Andalucía, por ejemplo, que entre catalanes de pura cepa”, cuenta Dani. Cuando se le preguntan los motivos de tal sentimiento, esgrime que el perfil independentista tipo denota “prepotencia y superioridad”.

Francisco agrega que la supuesta supremacía no va asociada a la pureza del linaje: “Los peores, los más radicales, son los que provienen de familias castellanas, se avergüenzan de los suyos”, sentencia. Elisabet les desmiente: “No estoy de acuerdo”. Se siente igualmente lejos del independentismo, pero pide “respeto” por las opiniones de los demás: “Mi mejor amiga es independentista, y sus padres son extremeños, para nada siente vergüenza de su familia”, asegura. El camarero llega para retirar los platos y aprovecha para deslizar una nota de lo que han tomado que roza los 80 euros. “Aquí somos españoles, pero lo respetamos todo”, dice cuando advierte el tono de la charla.

Al introducir en el debate la situación de los políticos presos, Dani y Elisabet muestran coincidencias de criterio: “Me parece muy mal que se meta en la cárcel a la gente por defender sus ideas, la libertad de expresión es fundamental”, opina él. “Hubiera sido necesario resolver las cosas de una manera más sutil, sin llegar tan lejos”, considera ella. Francisco, en cambio, cree que la cárcel es justa y necesaria: “Fue un golpe de Estado, y Tejero bien que pagó lo suyo”. Las consecuencias del procés generan controversia. Para Francisco, el “enfrentamiento civil” está al caer; Elisabet y Dani abogan por el diálogo.