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Pau Luque: “La Generalitat dio un golpe de Estado postmoderno”

El profesor de Filosofía del Derecho ha seguido el 'procés' desde México y ha escrito un ensayo en el que analiza el “otoño catalán”

Pau Luque la semana pasada en Barcelona.
Pau Luque la semana pasada en Barcelona.

Pau Luque (Barcelona, 1982) ha seguido el proceso independentista desde México, donde reside. Este profesor de Filosofía del Derecho ha escrito La secesión en los dominios del lobo (Catarata), un ensayo en el que analiza el “otoño catalán”, que comprende las semanas clave de octubre y noviembre. En este período, la Generalitat proclamó unilateralmente la independencia.

Pregunta. Sostiene que en Cataluña hubo “un golpe de estado postmoderno sin violencia”. ¿Qué hizo la Generalitat?

Respuesta. No tiene sentido hablar de un golpe de estado clásico, que es lo que insinúa el juez Llarena. El intento de golpe de estado postmoderno al que me refiero es un intento contradictorio, ambiguo de superación del orden constitucional. Se flirteó con la idea de que “nosotros no obedecemos más el orden constitucional”. El arma, el instrumento fue un uso retorcido del lenguaje político, en el que el significado de las palabras no dependía de las convenciones lingüísticas que teníamos en común, sino de aquello que más me convenía a mí. Democracia ya no significa una constitución que protege los derechos fundamentales, sino referéndum de secesión donde yo diga.

P. ¿No es necesario que haya violencia para proclamar un golpe de estado?

R. No. Así lo demuestra este episodio. El independentismo unilateralista da una vuelta de tuerca a la idea de golpe de Estado diciendo: Podemos acceder al poder sin violencia y sin respetar las reglas, aparentemente. Por eso hay que hablar de golpe de estado postmoderno.

P. En el libro descarta que los líderes independentistas hayan cometido el delito de rebelión.

R. Los códigos penales son modernos. Presuponen un uso del lenguaje racional, no ambiguo y no contradictorio. Lo que hizo el independentismo es ambiguo. Con el actual código penal no se puede sancionar un golpe de estado postmoderno, que es inmune a una manera de ver las cosas modernas, donde el lenguaje no es ambiguo.

P. ¿Han cometido otros delitos?

R. Sería fácil demostrar que hubo desobediencia, quizá malversación y también coacción, en el caso del 20 de septiembre. Sin embargo, tampoco creo que haya habido sedición.

P. ¿Por qué Llarena sí piensa que hubo rebelión?

R. Creo que Llarena es, simplemente, un mal jurista. Que el relato independentista sea ambiguo tiene ventajas y desventajas. Uno de estos inconvenientes es que das al interlocutor la oportunidad de interpretar tus acciones como él considere más oportuno. Llarena interpretó que lo que había hecho el independentismo vulneraba la constitución. Se agarra a eso, construye un argumento malo, implausible y atribuye el delito de rebelión. La ambigüedad con la que jugó el independentismo le está matando ahora en los juzgados.

P. ¿Cuál ha sido el papel de las redes sociales en el procés?

R. Sin la presión que se ejerció a través de las redes, donde no se admitía la posibilidad de dar un paso atrás y pensar qué estábamos haciendo, quizá no se hubiera llegado a la DUI. Creo que Carles Puidgemont no convocó elecciones por esa presión, que también se trasladó a la plaza Sant Jaume y por el miedo a que en Girona lo vieran como un traidor.

P. El independentismo ha intentado obtener un eco internacional. ¿Cómo se ha percibido el choque de trenes desde México?

R. La gente que conozco se asustó cuando vio los golpes de porra, pero también se queda perpleja cuando escucha que Cataluña es una nación oprimida y que aquí hay una crisis humanitaria. Visto desde México, suena obsceno. Les cuesta entender el relato victimista, que es de una exageración innecesaria.

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