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La transición tranquila del Hospital de Alzira al sector público

Los pacientes aseguran que de momento no han notado cambios por la desprivatización

Pacientes en el Hospital de La Ribera, en Alzira.
Pacientes en el Hospital de La Ribera, en Alzira. EL PAÍS

El Hospital de Alzira, referencia del modelo de gestión privado de la sanidad pública, pasó a ser administrado directamente por la Generalitat valenciana el 1 de abril, dos décadas después de ser inaugurado. Por primera vez en España se revertía una privatización sanitaria a gran escala. Ha afectado a 250.000 personas, atendidas en el hospital y los 43 ambulatorios integrados en su departamento de salud, el de La Ribera. Y a 1.423 trabajadores, que han pasado de depender de una empresa, Ribera Salud, a convertirse en empleados públicos. A pesar de la trascendencia del cambio, los pacientes, por ahora, no han notado nada.

A excepción, coinciden los 20 entrevistados para este reportaje, del aparcamiento, que ahora es gratuito y donde, paradójicamente, cuesta más aparcar. El motivo son las colas que forman en su acceso. La Generalitat prevé revertir en los próximos años los cuatro departamentos de salud que continúan siendo gestionados por operadoras privadas, y no está escatimando recursos para que la primera desprivatización salga bien.

“La atención, de momento, es igual. Hemos venido dos veces este mes y no hemos notado ningún cambio”, afirman Francisco Bañón, de 77 años, y Claudina Pastor, de 75, él agricultor y pintor jubilado, ella ama de casa, vecinos de Alcúdia. “Hoy teníamos consulta las tres y nos han atendido muy bien, como siempre. Incluso hemos ido a una médico con la que no teníamos cita y no nos ha puesto ningún problema”, prosigue Eva Roig, contable, de 36 años, acompañada por su madre y su bebé. “Por desgracia hemos tenido que utilizar mucho el hospital y siempre hemos estado contentas. Espero que siga igual”.

“Nosotros no notábamos que fuera privado”, dice Amparo Gassó, ama de casa de 78 años, y su afirmación resume lo que cuentan otros usuarios de la Ribera. El llamado modelo Alzira se basa en eso: los ciudadanos utilizan los servicios sanitarios de forma gratuita, aunque es una empresa la que los gestiona y la que contrata a los médicos y demás personal a cambio de un canon anual que paga la Administración autonómica.

“No es lo mismo que el hospital esté centrado solo en la salud de los pacientes que también busque obtener beneficio. Si todo el dinero que ahora va a venir al hospital no se pierde por algún sitio, la gestión pública va a ser mejor”, cree Pepe Ferrer, de 30 años, delineante en una industria metalúrgica, cuya opinión también representa la de otros entrevistados.

A la nueva gerente del hospital de Alzira y del departamento de salud de La Ribera en el que está integrado, Isabel González, le parecen bien las respuestas. “Lo que pretendemos es que, de entrada, los pacientes no noten el cambio. Lo que podrían haber percibido desde que llegamos, cuando las decisiones que estamos tomando todavía no han generado efectos, sería que empeorara. El paciente lo va a notar, para bien, a medio y largo plazo. Entre otras razones por el aumento de personal”.

La Generalitat, gobernada por socialistas y Compromís, considera Alzira como la primera de una serie de reversiones sanitarias. Durante las dos décadas que estuvo al frente del Ejecutivo autonómico (1995-2015), el Partido Popular privatizó la gestión de cinco departamentos de salud que cubrían la atención, en total, de 905.000 ciudadanos. Una vez revertido el primer departamento, quedan todavía 655.000 valencianos cuya sanidad gestionan operadoras. Sus concesiones vencen la próxima década.

Un ejemplo

Con esa perspectiva, el Ejecutivo que preside Ximo Puig tiene interés en que la restitución al sector público de Alzira sirva de ejemplo. La Generalitat ha heredado la plantilla de 1.423 personas que tenía Ribera Salud y va a incorporar a 303 profesionales más, 60 de ellos especialistas, para igualar la ratio con los departamentos de gestión pública directa. Ha empezado a licitar la adquisición de nueva tecnología, con una partida inmediata de equipos por importe de siete millones de euros. Va a elevar el número de especialistas en los centros de salud, para que los pacientes los tengan más cerca de donde viven. Baraja construir un nuevo edificio de consultas externas en el hospital. Y ha empezado a tratar con el Ayuntamiento de Alzira la expropiación de una parcela para aumentar las plazas de aparcamiento del hospital.

Todo ello implicará un aumento de gasto, uno de los argumentos esgrimidos por los críticos con la reversión, como la asociación Sanitat Sols Una.

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