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OPERACIÓN CHAMARTÍN

El consenso como forma de hacer ciudad

La alcaldesa de Madrid defiende el acuerdo alcanzado sobre el proyecto de prolongación de la Castellana

Paseo de la Castellana de Madrid.
Paseo de la Castellana de Madrid.

No hay problema, por difícil que sea, que no deba resolverse por medio de la negociación. Con estas palabras anunciábamos hace ocho meses el acuerdo alcanzado con el Ministerio de Fomento-Adif y la empresa Distrito Castellana Norte (DCN) para definir las bases estructurantes del proyecto Madrid Nuevo Norte (MNN), comúnmente conocido como Operación Chamartín.

Negociación, algo que hoy tanto echamos en falta para resolver multitud de conflictos que parecen enquistados por su ausencia. Fueron necesarias grandes dosis de negociación para llegar al consenso que expusimos el verano pasado y muchas más para concretar después el proyecto que da forma a ese acuerdo. Pero ya lo tenemos.

La solución planteada es una evolución del plan Madrid Puerta Norte —que presentamos en mayo de 2016 como alternativa al que estuvo a punto de aprobar el gobierno de Ana Botella—, incorporando ya todos los condicionantes funcionales, urbanos y medioambientales que operan en este ámbito.

Al sur de la M-30, en el entorno de la estación, planteamos una importante concentración de oficinas que va a ampliar en un millón de metros cuadrados la oferta del actual Central Business District (CBD) de Madrid. Chamartín adquiere un papel central en el nuevo sistema de movilidad, basado no en el vehículo privado —como sucedía en los planes anteriores— sino en el transporte público: metro, cercanías y autobús. 80.000 nuevos puestos de trabajo conectados con todos los municipios de la región a través de ese gran nodo multimodal que será la futura estación. También al sur está prevista la construcción de unas 2.600 viviendas para garantizar la necesaria vida urbana fuera del horario de oficinas. Un centro 24/7.

Por su parte, al norte de M-30 proponemos un desarrollo cuya densidad es menor que la del sur, en el que predomina el uso residencial, casi 8.000 viviendas, con agrupaciones de terciario-oficinas junto a las estaciones de Fuencarral-Malmea —cuya construcción prevería el plan— y la existente de Fuencarral. El diseño de este ámbito incorpora las principales demandas vecinales, de forma que la nueva ordenación contempla la creación de un gran parque lineal a lo largo del trazado del Canal de Isabel II que articula la relación entre las futuras edificaciones y los barrios de Begoña, Fuencarral y Tres Olivos. Además, la ubicación de los equipamientos está pensada para atender no solo a las necesidades de los nuevos vecindarios, sino también de los existentes, lo que contribuye a reducir el déficit dotacional que han arrastrado históricamente.

Con este proyecto cerramos una herida urbana abierta durante 25 años. Y lo hacemos inaugurando una nueva forma de hacer ciudad: mediante la negociación y la búsqueda de consensos. Otro ejemplo, quizá el más relevante, del urbanismo del cambio.

Manuela Carmena es la alcaldesa de Madrid

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