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TRIBUNA

El jovencito Frankestein

La autora compara el uso que Ahora Madrid está haciendo del Consejo Consultivo de la Cultura con la película de Mel Brooks

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y la concejal Mar Espinar durante la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y la concejal Mar Espinar durante la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

En política no se puede aplicar la parábola del óbolo de la viuda porque los ciudadanos necesitan valorar la labor de sus representantes. Es una cuestión de confianza y de compromiso. Los madrileños tienen que saber que el Consejo Consultivo de la Cultura es una idea del PSOE, una propuesta que lanzamos con nuestro pacto para la cultura al principio de la legislatura y que impusimos a Ahora Madrid para dar nuestro apoyo a los últimos presupuestos. En un tiempo como este, en el que el gatillo de los prejuicios adanistas se dispara con demasiada facilidad, resulta necesario dejar las cosas claras.

Una vez más, Ahora Madrid deforma hasta lo grotesco una aportación constructiva. Ellos gobiernan con nuestro apoyo y entendemos lo de la guarda y custodia del Consejo Consultivo, pero su obsesión por arrebatarnos la patria potestad tiene como resultado una iniciativa que ni de lejos cubre las necesidades de un sector que sigue condenado al ostracismo. Como venidos arriba por un éxtasis creativo, muy típico de ellos, han apartado a las fuerzas políticas para construir un híbrido caótico que me recuerda, no puedo evitarlo, al Igor de Mel Brooks buscando un cerebro para el jovencito Frankestein. Por eso, el PSOE se desvincula de la criatura creada por Ahora Madrid, pues nace sin competencias, sin músculo político y sin entender, una vez más, la realidad cultural de nuestra ciudad.

Lo que el PSOE quería era un organismo que pudiera asentarse en la estabilidad institucional para que los futuros cambios de gobierno (que los habrá, a pesar de aquellos que han adoptado el sedentarismo en el palacio de Cibeles) no afectasen ni a su composición ni a sus cometidos. Soñábamos un Consejo Consultivo salido del consenso y sacado del mercadeo partidista. Para su creación nos resultaba fundamental la participación de los distintos sectores profesionales de la cultura de nuestra ciudad. Había que darles voz y había que construir con ellos. Ahora Madrid se vende como un mago cuando no es más que un trilero, pues las opiniones del sector cultural madrileño no han sido tenidas en cuenta. Las reuniones que buscaban una foto se programaron, sí; pero los encuentros para hacer de sparring, discutir, escuchar y encajar las reivindicaciones del tejido cultural, las mesas de trabajo para conformar un Consejo Consultivo eficaz y garantista, no.

Con la misma determinación con la que Ahora Madrid no ha dudado en distorsionar una idea bien articulada, desde aquí advierto que el PSOE no aceptará ninguna responsabilidad ante un fracaso que no deseamos en absoluto. Este Consejo es el suyo, no el nuestro, que buscaba ser el de todos.

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