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Hechizo wagneriano en el Liceo

Iréne Theorin triunfa en el poético ‘Tristán e Isolda’ firmado por Josep Pons y Àlex Ollé

Una escena de 'Tristan e Isolda', en el Liceo
Una escena de 'Tristan e Isolda', en el Liceo

La fuerza de Tristán e Isolda nace y muere en la orquesta. En su revolucionaria partitura, Richard Wagner marcó el devenir de la ópera con geniales hallazgos que Josep Pons reveló con finura y transparencia al frente de la orquesta del Liceo; el gran rendimiento en el foso aseguró el pulso del relato wagneriano —cuatro horas que conducen al éxtasis lírico- en una poética producción de Àlex Ollé, de La Fura dels Baus. Triunfó como memorable Isolda la soprano sueca Iréne Theorin. El tenor alemán Stefan Vinke no estuvo fino, pero mantuvo el tipo como Tristán.

Tras dos versiones en concierto una histórica, en 2012, con la compañía del Festival de Bayreuth, dirigida por Peter Schneider, con Theorin como inolvidable Isolda, y la otra, lamentable en lo vocal, dirigida en 2015 por Valery Gergiev al frente del Mariinsky de San Petersburgo-, ya tocaba un Tristán escenificado. Ha habido suerte. Voces poderosas, respuesta orquestal rica en dinámicas y sombríos colores, atenta a los finos matices que pide Pons, y la poesía y magia visual del montaje, procedente de la Ópera de Lyon, entusiasmaron al público.

Felizmente recuperada de las secuelas del accidente en las calles de Macerata que el pasado verano la obligaron a cancelar sus actuaciones, Theorin consiguió un nuevo y emocionante triunfo en el coliseo de la Rambla dando vida a Isolda con colores vocales y variedad de matices tan intensos como su sentido dramático. Hay emoción y valentía en su canto, con un control de medios que le permite culminar la velada con una Muerte de amor de commovedora expresividad.

Stefan Vinke afrontó la inclemente tesitura de Tristán con sólidos recursos y aguantó el tipo, pero la voz no es muy atractiva y su afinación, dudosa en algunos pasajes. Ganaron las voces femeninas en esta producción, con una cálida y emotiva Brangäne a cargo de la mezzosoprano británica Sarah Connolly.

El conmovedor Rey Marke del bajo-barítono alemán Alberth Dohmen y el valiente y sonoro Kurwenal de su colega de cuerda, el estadounidense Greer Grimsley, mantuvieron alto el nivel de un cohesionado reparto completado por los tenores Francisco Vas y Jorge Rodríguez-Norton y el barítono Germán Olvera.

Ollé envuelve los sentimientos de los personajes en un marco visual cargado de simbolismos, con videoproyecciones de Franc Aleu, algo frío; no es mala opción en obra tan cargada de pasiones en el foso. La escenografía de Alfons Flores enmarca la acción en una gigantesca semiesfera que se convierte en una gran luna en el primer acto, se transforma en el castillo de Marke en el segundo y acaba siendo una pesada losa que carga Tristán en el tercero y último acto. Atractivo vestuario de Josep Abril, estupenda iluminación de Urs Schönebaum.