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La catedral laica de Juan Muñoz, en una cantera

La última obra del artista creada para la Tate Modern se instala en Cataluña durante cinco años

Detalle de 'Double bind', de Juan Muñoz.
Detalle de 'Double bind', de Juan Muñoz.

Double bind, la obra cumbre de Juan Muñoz ya ha encontrado un hogar en Planta, el espacio dedicado a la intersección entre arte, creatividad e industria, situado en la cantera fundacional del grupo Sorigué en la Plana del Corb, cerca de Lleida. Juan Muñoz (Madrid, 1953 - Ibiza, 2001) la creó para la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, donde se inauguró en junio de 2001. La inesperada y prematura muerte del artista en agosto de ese año la convirtió en su última obra, una suerte de testamento creativo que deja imaginar cuánto aún hubiera podido crecer y sorprendernos. Desde entonces, debido a sus dimensiones y características, sólo se expuso una vez en HangarBicocca de Milán, en 2015 y nunca hasta ahora se había visto en España.

Uno de los espacios de 'Double bind', de Juan Muñoz.
Uno de los espacios de 'Double bind', de Juan Muñoz.

Bajo una lluvia incesante, en un panorama a lo Blade Runner, la presidenta de Planta Anna Vallés presentó el espectacular montaje acompañada por James Lingwood, comisario del proyecto original, la artista Cristina Iglesias, viuda de Muñoz y su hija Lucia, que se ha encargado de la instalación de la gigantesca pieza: más de 100 metros de largo por 20 de ancho y 18 de alto. “Hemos reproducido el espacio al que se accede por una rampa similar a la de Herzog y De Meuron para la Sala de Turbinas, pero todos los personajes y demás elementos, persianas, puertas y ventanas, son los originales creados por Juan con resina, fibra de vidrio, tela y pigmentos naturales”, apunta Lucia Muñoz. El espacio al que se refiere es un limbo, que el visitante vislumbra desde abajo e intuye desde arriba, pero al que nunca puede acceder. Lo pueblan personajes inquietantes, incluido uno de sus raros autorretratos, que plantean un juego de referencias entre realidad y fantasía, visible e invisible, arquitectura y escultura. Completan el montaje dos elevadores, que suben y bajan eternamente vacíos en una metáfora de las paradojas contemporáneas. “A pesar de ocupar una gran superficie, la obra no cae en lo monumental y consigue crear espacios íntimos de experiencia”, indicó Lingwood, definiéndola “una catedral laica, que incorpora el visitante y le convierte en parte de la experiencia”.

Nuevos espacios en un paisaje lunar

Dentro de dos años en el paisaje lunar de la cantera surgirá un nuevo edificio, que acogerá parte de las 450 obras de la colección Sorigué. El proyecto de Iñaki Ábalos y Renata Sentkiewicz, que está siendo expuesto en la Bienal de Chicago, “se define como un experimento de termodinámica arquitectónica, que pone en relación el clima local y el material de construcción para ser autónomo al 100%”, en palabras de Anna Vallés.

El cineasta alemán Wim Wenders ya está trabajando en una obra audiovisual pensada especialmente para este lugar, así como la japonesa Chiharu Shiota, que para el museo está creando una instalación ubicada bajo tierra, que se verá desde arriba. Junto con el nuevo edificio, la Fundación mantendrá también el espacio de Lleida, donde se actualmente se exhibe la colección.

“Juan no quería una escenografía, buscaba un ambiente anónimo parecido a un aparcamiento. Le hubiera gustado este sitio”, afirmó Cristina Iglesias, que ha firmado con la Fundación Sorigué un acuerdo de cinco años prorrogables, si bien no descarta la idea de encontrar un espacio permanente. Con la ayuda de Vicente Todolí, director de la Tate por aquel entonces, Iglesias llevaba años buscando un lugar idóneo en España para exponer Double Bind y por el momento lo ha encontrado en la cantera leridana, donde Sorigué plantea crear un entorno peculiar capaz de atraer apasionados de arte contemporáneo de todo lado y convertirse en visita obligada para las escuelas de Cataluña.

Además de un centro de documentación con fotos y bocetos de Muñoz, Planta alberga otras importantes obras: dos grandes dibujos y un vídeo de William Kentridge, recién galardonado con el premio Princesa de Asturias, dos vídeos de Bill Viola (uno instalado en un bunker de la Guerra Civil), unas gigantescas pinturas matéricas de Anselm Kiefer y dos enormes cabezas de Antonio López, plantadas en medio de los olivos que se utilizan para regenerar la tierra explotada.