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PATRIMONIO

Patrimonio protege el gimnasio del Colegio Maravillas

La protección del edificio, de 1962 e ideado por Alejandro de la Sota, se enmarca dentro de un proyecto de la Comunidad de divulgación de la arquitectura contemporánea de Madrid

Gimnasio del Colegio Maravillas (1962), obra de Alejandro de la Sota.
Gimnasio del Colegio Maravillas (1962), obra de Alejandro de la Sota.

La Dirección General de Patrimonio ha incoado el expediente que dará la máxima protección al gimnasio del Colegio Maravillas, ubicado en Joaquín Costa, número 21. Fue construido en 1962 por el arquitecto Alejandro de la Sota. La actuación se enmarca dentro del proyecto que pretende dar a conocer la arquitectura contemporánea entre los ciudadanos. El inmueble está considerado como una de las obras más innovadoras e influyentes de la historia reciente de la arquitectura española.

“Se trata de poner en valor al genial arquitecto, al que tanto debemos”, explica la directora general de Patrimonio Paloma Sobrini. También de evitar desastres como la demolición de la Casa Guzmán, un chalé en Algete que se había convertido en una de las obras más emblemáticas de Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913-Madrid, 1996). La construcción, de la que se guarda una maqueta en el Museo de Arquitectura de Munich, carecía de protección.

A comienzos de 1960, De la Sota recibió el encargo de continuar con un proyecto de construcción del gimnasio cubierto en el Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, perteneciente a la orden religiosa de La Salle. Lo concluyó dos años más tarde. Su diseño proponía modificar uno anterior más conservador, por lo que se topó con cierta resistencia.

El arquitecto apostó por la modernidad, como ya había hecho en el diseño de la sede del Gobierno Civil de Tarragona; resolvió el edificio con una estructura de acero y una arquitectura “radicalmente moderna, próxima a los planteamientos de la industrial o la ingeniería”, explican desde la Dirección de Patrimonio, dependiente de la Consejería de Cultura, en la descripción de edificio. Por esta construcción, De la Sota recibió en 1963 el Gran Premio Nacional de las Artes Plásticas, en la sección de Arquitectura.

Uno de los retos del proyecto consistió en iluminar todos los espacios interiores desde la fachada a la calle Joaquín Costa, a la que da el gimnasio. De la Sota lo solventó estratificando la fachada y retranqueando las aulas. Para evitar invadir la cancha deportiva con pilares, el arquitecto utilizó grandes cerchas invertidas. La ingeniosa solución tuvo un resultado “prácticamente inmejorable” y dio lugar a un gimnasio con techo curvo que ocultaba a los espectadores la fuente de luz y evitaba el deslumbramiento. La utilización de las cerchas invertidas era bastante frecuente en la ingeniería civil y militar. “Lo realmente original fue el aprovechamiento del espacio ocupado por las mismas”, dicen desde Patrimonio, “donde se construyeron aulas”

Pero la mayor aportación de De La Sota en esta obra fue su “planteamiento compositivo y estético, que abrió la puerta a otras maneras de entender la arquitectura”, indican los técnicos. Además de presentar la estructura metálica vista “sin ningún tipo de complejos”, utilizó otros materiales considerados en ese momento como “innobles”. Entre ellos, la chapa plegada o los paneles acústicos Viroterm. El edificio, que roza lo industrial sin serlo, prefiguró algunas de las tendencias desarrolladas en años posteriores.

La calificación como Bien de Interés Cultural (BIC) de esta obra forma parte del proyecto emprendido por la Comunidad de Madrid para proteger los trabajos de arquitectos contemporáneos. “Se trata de reconocer que son obras de un indudable valor arquitectónico, además de fijar los criterios para futuras intervenciones, dado que son edificios que por su edad van necesitando mejoras”, resume Sobrini.

Con esa visibilización de su valor, los ciudadanos conocen la importancia de los edificios y “se convierten en los mejores garantes de preservar la arquitectura contemporánea”, puntualiza. Este año se ha iniciado también el procedimiento para proteger el edificio del BBVA en Castellana, de Javier Sáenz de Oiza o el Capitol de Gran Vía, famoso por el luminoso de Schweppes.

Teresa Couceiro, miembro de la Fundación Alejandro de la Sota, considera que parte del interés por estas obras se debe a la repercusión que tuvo en la sociedad la destrucción de la Casa Guzmán: “La gente está tomando conciencia de que estas edificaciones son patrimonio arquitectónico moderno y es necesario protegerlo”.

El maravilloso gimnasio del Maravillas

El arquitecto De la Sota durante las obras en el colegio Maravillas.
El arquitecto De la Sota durante las obras en el colegio Maravillas.
  • Autor: El arquitecto Alejandro de la Sota recibió el encargo en 1960. La obra finalizó dos años más tarde.
  • Premios: En 1963 De la Sota recibió el Gran Premio Nacional de las Artes Plásticas por el proyecto del gimnasio del Colegio Maravillas.
  • Aportaciones de la obra: Cerchas metálicas invertidas a la vista y utilización de materiales considerados en ese momento innobles como la chapa plegada, entre otras.

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