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MUSICALES

Familia desestructurada, familia feliz

Se estrena una divertida versión musical de los Addams

Recreación de la mansión de los Addams en el teatro Calderón.
Recreación de la mansión de los Addams en el teatro Calderón.

“Queridos espectadores, les rogamos que apaguen los p***s móviles”. Este anuncio, escuchado en el Teatro Calderón, es toda una declaración de intenciones de la obra a la que precede. Tras el consejo, Cosa, una mano que tiene vida propia, aparece en escena y se mueve al son de una icónica melodía: la de La familia Addams, compuesta en los años sesenta por Vic Mizzy para la serie de televisión. En esta ocasión, los Addams aparecen en formato musical y reciben en su mansión instalada en el centro de Madrid (Teatro Calderón; Atocha, 18; entradas desde 20 euros).

“Buscaba una comedia gamberra y este me pareció un título perfecto”, reconoce Iñaki Fernández, al frente de la productora Let’s Go, responsable del espectáculo. Los personajes de La familia Addams fueron creados en 1938 por el dibujante Charles Addams para The New Yorker. Esta familia, satírica, macabra y en ocasiones nihilista, saltó de las tiras cómicas a la tele en 1964 y al cine en los años noventa. Posteriormente, en 2009, Morticia, Gómez, Miércoles, Pugsley, el tío Fétido, la abuela y el mayordomo Lurch llegaron al musical, con libreto de Marshall Brickman y Rick Elice y música de Andrew Lippa.

“No triunfó en Broadway por el apabullante componente escénico que se comía la historia y a los personajes”, opina Esteve Ferrer, director del musical que se acaba de estrenar. “Eso se corrigió en la gira y en posteriores producciones, que sí han triunfado”, añade. Let’s Go decidió arriesgarse y montar el espectáculo en España: “Estamos muy contentos: la gente sale sonriendo del musical, que no tiene nada que envidiar a los libretos de Broadway. Eso demuestra que aquí hay un gran talento creativo”, dice Fernández.

Aunque la trama se asemeja al musical original —Miércoles se ha enamorado de un chico perfecto, bello, pulcro y con polo azul y quiere presentárselo a su familia que tiene reparos, especialmente su madre Morticia—, “la historia se ha empezado de cero; es una producción nueva”, apunta el director. “El texto es divertido y la partitura, de calidad, muy agradecida para el público”, añade.

Lydia Fairén (Miércoles) y Alejandro Mesa (Pugsley), en escena.
Lydia Fairén (Miércoles) y Alejandro Mesa (Pugsley), en escena.

Los espectadores lo notan y las risas comienzan al abrirse las puertas de la mansión Addams, erigida en medio del teatro e ingrediente clave, como el resto de la cuidada escenografía, del espectáculo. El resto del sabor lo ponen los Addams, interpretados por Carmen Conesa, Xavi Mira, Lydia Fairén, Fernando Samper, Alejandro Mesa, una (ácida) Meritxel Duro y Javier Canales. También los Beinekes, la familia del amante de Miércoles: Íñigo Etayo, Julia Möller y Andrés Navarro. Y la música, que transita del jazz a lo latino, con seis intérpretes en directo dirigidos por Pedro Arriero.

“Es la historia de una familia disfuncionalmente funcional, que considera que lo principal es pasarlo bien”, resume Carmen Conesa, que ejerce de la rigurosa matriarca Morticia. “Los Addams siendo unos tarados, son más normales que los otros. Y los aparentemente convencionales, resultan no serlo tanto”, describe la actriz a las dos familias enfrentadas en el espectáculo.

Durante el brillante primer acto —que concluye con una cena que recuerda a la de la película Bitelchus, de Tim Burton—, queda en evidencia la disparidad moral, social y cultural de ambos clanes. Mientras que en el segundo, canción tras canción, se va resolviendo el conflicto, salpicado de la oscuridad característica de los Addams. “Los personajes están muy definidos y se han ido adaptando al paso del tiempo”, cuenta el productor Fernández; “son intergeneracionales y su identidad está grabada en el imaginario del público. Por eso creo que van a disfrutar con este reencuentro”.