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Voluntarios contra la soledad

Cerca de 250.000 mayores viven solos en la región; un proyecto intenta atender a este colectivo vulnerable

María (izquierda) y Nuria, voluntarias; Alfonso García de la Puente, psicólogo y Tomás Rey (de espaldas), que padece demencia senil.
María (izquierda) y Nuria, voluntarias; Alfonso García de la Puente, psicólogo y Tomás Rey (de espaldas), que padece demencia senil.

“Patricia [nombre ficticio] tiene agorafobia. Cuando la conocí llevaba sin salir de casa muchos meses. Pero poco a poco hemos conseguido que vaya al médico de cabecera completamente sola. Además, ha podido empezar a tramitar los papeles para su pensión”, cuenta María, de 27 años. Patricia, de 66, es una de las 248.000 personas mayores que viven solas en la Comunidad de Madrid (14.000 más que en 2016). Y María es uno de los 20 jóvenes voluntarios que realizan acompañamiento a domicilio dentro del proyecto Making Sharing, de la Obra Social La Caixa. Dedicado a atender a personas mayores vulnerables, el programa está en marcha en distintos puntos de España desde 2015 y ha arrancado hace cuatro meses en Madrid, donde atiende ya a 35 personas, sobre todo en el distrito de Latina.

María asegura que, aunque suene a tópico, es totalmente cierto eso de que el que da acaba recibiendo todavía más. Por ejemplo, ella ha aprendido algo fundamental: a ordenar mejor sus propios problemas. Una opinión parecida ofrece Nuria, otra de las voluntarias del programa. Esta madrileña cuida todos los jueves por la tarde de Felicidad, de 91 años, una anciana que no tiene familia. “Desde el primer día me mostró su agradecimiento por la compañía y cada vez tiene más ganas de hablar”, cuenta. Desde hace unas semanas también visita a Tomás Rey, de 92 años.

“Mi padre murió cuando yo era muy pequeño y lo enterramos en mi pueblo, que está cerca de Cuenca. Fue un momento difícil para mí”, afirma Rey desde el sofá de su casa y con la mirada perdida; el anciano padece demencia senil. En su caso, no vive solo, sino con su hija, María Antonia, de 70 años. El programa, de hecho, también trata de aliviar la pesada carga de los cuidadores y María Antonia lo ha sido por partida doble; antes ya tuvo que hacerse cargo de su madre, que padecía alzhéimer. “Estoy agotada, llevo 16 años con mis padres, he hipotecado mi vida para poder cuidarles”, cuenta la mujer con resignación.

Ahora, con su progenitor, el problema no es solo que, debido a su enfermedad, tenga más la cabeza en el pueblo donde nació que en el presente, sino que algunos días se le endurece el carácter e incluso llega a pensar que su propia familia le miente sobre las cosas cotidianas. “Que venga alguien a estar con mi padre aunque, solo sea una tarde a la semana, nos viene bien a ambos. A él, para hablar con gente diferente, y a mí, para tener al menos unas horas libres para y dar un paseo o tomar un café”, explica.

Los voluntarios se enfrentan a situaciones muy difíciles. Por eso, se les forma para saber como afrontar “el duelo, los sentimientos, y hay un grupo de autocuidado para soltar toda la carga que supone trabajar acompañando a otros”, explica Alonso García de la Puente, psicólogo de Obra Social La Caixa y una de los responsables del proyecto. Este se coordina con los equipos de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, que son los encargados de derivar a los mayores vulnerables —muchos de ellos con enfermedades crónicas o avanzadas— que necesitan la ayuda de voluntarios para paliar su soledad.

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