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“En el mar te das cuenta de que la gente es marrana”

Sergio Salmerón trabaja como barquero recogiendo residuos por el litoral de Barcelona

Sergio Salmerón recoge a diario con una barca los residuos que flotan en el litoral de Barcelona.
Sergio Salmerón recoge a diario con una barca los residuos que flotan en el litoral de Barcelona.

Tiene un moreno de muchas capas, profundo. Del que está expuesto al sol de forma continuada. Sergio Salmerón, 33 años, empezó ya de joven a tener una estrecha relación con el mar. Es que lo adora. Cuenta que es su vida en todos los sentidos, casi desde su nacimiento, en Vilanova i la Geltrú. “Vivía en un barrio muy cerca del mar, mi padre era pescador y mis amigos también eran gente de mar”, explica. Laboralmente, casi siempre ha estado entre olas. Primero fue buzo de trabajos hidráulicos y de mantenimiento en Andalucía. Después, en servicios portuarios y también enrolado en un barco de pesca de arrastre. Desde hace cuatro temporadas trabaja para FCC, la empresa que se encarga de la recogida de residuos del litoral barcelonés. Son esas embarcaciones que pasan muy cerca de la costa, las que miles de bañistas ven desde la orilla.

La barca tiene dos grandes brazos hidráulicos que sostienen dos palas con redes que recogen todo lo que encuentran. En lo que va de la mañana del encuentro, el “botín” está compuesto por bolsas y botellas de plástico, restos de paquetes y un gran tronco de más de dos metros de largo que ha pescado con un gancho. “En el mar te das cuenta de que la gente es marrana y que no son conscientes de lo que hacen cuando tiran las cosas”, dice ofendido. Cuenta que ha recogido de todo. “Tortugas marinas, conejos, animales muertos y, por supuesto, peces”, pero también botellas de oxígeno, bañeras infantiles, neveras, un cartel de compra venta de una empresa de coches ¡de Perpiñán¡. Cree que por la playa de Nova Icaria se debe hacer algún ritual de magia negra porque ya ha pescado varias muñecas envueltas y agujereadas, en plan vudú.

También ha recogido botellas con mensajes de amor o cosas sobre la vida, sobre todo hacia Levante. No se imagina si detrás de ellos puede haber una historia de amor tan magistral como la que interpretan Kevin Costner y Robin Wright en la película Message in a bottle, pero cree, seguro, que muchas de ellas son personas enamoradas o desengañadas. “Sí que leo los mensajes de las botellas. Son bonitos”, sonríe.

No tiene tiempo para encantarse demasiado mirando el mar porque además de recoger todo lo que flota tiene que estar muy atento a no tropezarse con buceadores. En teoría, los practicantes de buceo y de pesca submarina deben señalizar con una boya pero no todos lo hacen: “Algunas veces he visto burbujas y me he apartado por si acaso. Tengo que ir con cuatro ojos”. Sus recorridos son siempre los mismos: hacia el Hotel Vela, unos días, y, otros, en dirección opuesta, hasta el Fòrum. Utiliza una barca de 6.10 de eslora de 30 caballos que se impulsa con gas comprimido, un tipo de combustible que no contamina. Unas pequeñas placas solares alimentan los mandos de la pequeña cabina.

“El verano huele a salitre”

¿Dónde irías de vacaciones?

A cualquier sitio que tenga mar.

¿Qué quieres ser de mayor?

Persona. Y alguien que trabaje en el mar.

A que huele el verano?

A salitre.

¿Eres más de Gin tonic o tinto de verano?

Más bien de Gin tonic.

¿Y no da un poco de rabia ver desde la barca a todos los bañistas tomando el sol y chapuzándose mientras se está trabajando? Pues no: “No me sabe mal porque además de que es un trabajo y me gano la vida con ello, me satisface personalmente porque es mi granito de arena para mantener un poco más limpio el mar. No lo veo como una penitencia, más bien algo gratificante”. Riendo añade que cuando acabe la temporada se irá de vacaciones—por supuesto a algún sitio de playa porque practica todo lo que acaba en surf— mientras todo el mundo estará de vuelta al trabajo.

Una vez rescató a un hombre al que le falló el motor de la zodiac: “Son las leyes del mar, hay que auxiliar al que lo necesite”. Pero no ha tenido serios problemas en sus rondas. Si hay temporal no salen y si repentinamente se gira el mar —el Mediterráneo es traicionero y la puede liar en cinco minutos— media vuelta. Lo peor es después de los temporales, sobre todo si son de levante, cuando las rieras escupen cañas y ramas al mar. Este barquero comenta que el tipo de residuos que recoge tiene hasta cierta correspondencia horaria: latas, botellas y plásticos cuando va por las playas de la Mar Bella a primera hora de la mañana “de las juergas de la noche” y cajas de pescadores que se caen cuando vuelven a puerto. ¿Y no sería más agradable ser patrón de embarcaciones de recreo que hacer de basurero de mar? “No lo creas, también lo hice una temporada en Ibiza”. Se lo piensa y añade: “A veces es mejor tratar con residuos que con según qué personas”.