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Los usuarios de la residencia Mirasierra protestan por la falta de personal

Las familias denuncian que las habitaciones no tienen aire acondicionado y superan los 32 grados

Familiares y trabajadores de la residencia de Mirasierra, este jueves durante la protesta.

Los usuarios de la Residencia de Ancianos Mirasierra se quejan de falta de personal. El problema, advierten, está generalizado en los centros públicos de la Comunidad. El Gobierno regional, sin embargo, insiste en que se cumplen los ratios. Los familiares de los ancianos también denuncian que las habitaciones no tienen aire acondicionado y que estos días llegan a superar los 32 grados. Afirman que han elevado sus protestas a las autoridades competentes, pero que no les atienden. Este jueves se han concentrado a las puertas del centro público, gestionado desde 1999 por la empresa SARquavitae, que ha descartado hacer declaraciones.

No es la primera vez que se quejan. Ya lo hicieron el 6 de julio, aunque la convocatoria estuvo pasada por agua. A la concentración de este jueves ha acudido más de medio centenar de personas. Entre ellos algunos de los residentes, que apenas han permanecido 15 minutos en la calle. A la hora de la protesta (las 18.00) los termómetros superaban los 35 grados. Sus familiares, a los que se han sumado un grupo de trabajadores, sí han continuado casi una hora en la puerta del centro, en la poco transitada calle de Portera del cura. Traían pancartas, han realizado alguna breve performance, leído un manifiesto y recogido firmas para acompañar sus exigencias. Al final de la tarde se las han hecho llegar al director de la residencia.

El edificio es acristalado y, según familiares y trabajadores, este hecho multiplica el calor. Los usuarios solo disponen de aire acondicionado en las zonas comunes y en la cafetería, pero no en sus propias dependencias, de las que algunos no salen por ser grandes dependientes. En estas habitaciones, y según mediciones de familiares, se llegan a superar los 32 grados. “Es una sauna. Cuando voy a recoger a mi madre siempre está empapada en sudor”, subraya María Oberhuber. La mujer explica que solo desean que instalen aparatos en los pasillos, pero el director responde que su competencia solo es mantener lo que existe, no introducir nuevos servicios.

Un enfermero por la noche

La verdadera reivindicación de las familias, sin embargo, tiene que ver con el número de trabajadores que atienden de forma directa a los ancianos. “Me preocupa que, por las noches, solo haya un enfermero para 220 personas”, recalca María Antonia Slocker. Su madre, de 102 años, vive en esta residencia desde hace tres meses. “No habla, no se mueve. La he cuidado durante más de cinco años. Por eso sé que no es lógico que un auxiliar tenga que ocuparse de tantos pacientes”. En el centro de Mirasierra trabajan 41 geriatras que atienden a sus 220 residentes.

Termómetro utilizado por el familiar de un residente para registrar la temperatura en las habitaciones. ampliar foto
Termómetro utilizado por el familiar de un residente para registrar la temperatura en las habitaciones.

Andrés Santana, geriatra en la residencia de Mirasierra desde 1999 y miembro de su comité de empresa, confirma la cifra. Se reparten de la siguiente manera: 20 en el turno de mañana, 14 por la tarde y seis por la noche. Hay un medio turno por la mañana y otro por la tarde. “El problema es que la Comunidad aplica unos estándares de ratio que no se corresponden con la necesidad de estos centros. Atendemos a todos los residentes, pero en malas condiciones. Es un maltrato institucionalizado”, señala. El consejero de Políticas Sociales, Carlos Izquierdo, sostiene que el personal para estos centros está fijado por el Consejo Territorial de Salud y que, en el caso de Madrid, se cumple con las exigencias “de forma muy sobrada”.

Mirta Verdasco, cuyos padres residen en Mirasierra, revela que, después de cenar, los residentes tienen que esperar más de una hora para ser acostados. Y exclama: “Los ratios deben ser de 2,5 personas por cada trabajador. Yo aquí no veo 88 geriatras”. Un enfermero afirma que, según el pliego de condiciones, deben ser 41, justo los que están contratados. Y añade: “La gente no da abasto”. “Tienen a nuestros mayores como coches aparcados”, relata otra usuaria. Dice no poner en duda los ratios, pero entiende que “no son eficaces. Se tiene un concepto de asilo que es antiguo y que es necesario cambiar”. Los familiares también se quejan de la mala calidad de las comidas y de la inundación del 15 de julio, que tuvo a la residencia dos días sin agua caliente.

Dos casos que "preocupan"

Los usuarios aseguran estar “preocupados” por la situación de sus parientes. Aún más, tras los últimos casos acontecidos. En febrero, un anciano apareció muerto en el jardín de una residencia de Alcorcón después de que nadie le echara en falta la noche anterior. Hace unos días, un enfermero denunció la muerte de otra anciana a la que se le quedó una pierna atrapada en la barra de protección de la cama. “Lo que ha salido en los medios no refleja la realidad de lo que ocurrió. Se produjo un accidente fatídico pero fortuito. El enfermero actuó de forma correcta. El fallecimiento de la mujer no tiene nada que ver con este lamentable accidente”, ha señalado este jueves el consejero de Políticas Sociales, Carlos Izquierdo.