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“El cine solo puede ser disidente”, defiende Costa-Gavras

Puigdemont elogia del premio Cataluña su denuncia de “los abusos de los Estados”

El presidente Carles Puigdemont, apaludiendo ayer al director de cine Costa-Gavras tras recibir el Premio Internacional Cataluña en el Palau de la Generalitat.
El presidente Carles Puigdemont, apaludiendo ayer al director de cine Costa-Gavras tras recibir el Premio Internacional Cataluña en el Palau de la Generalitat.

Ante la imposibilidad de rodar en una América Latina infestada de regímenes totalitarios una película que denunciaba la dictadura de Chile y sus desaparecidos, Constantin Costa-Gavras propuso a la Universal rodar la película en Barcelona. Un equipo de la productora norteamericana se desplazó a la capital catalana. Era febrero de 1981 y su estancia coincidió con una inopinada entrada en el Congreso de los Diputados de un teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, proclamando un golpe de Estado. Pánico de la Universal y decisión de llevar el rodaje de la futura Desaparecidos, uno de los filmes más populares del director franco-griego, a México.

La anécdota la desveló el propio Costa-Gavras (Atenas, 1933), firme creyente de que “el cine sólo puede ser disidente”, durante sus palabras de agradecimiento por el XXIX Premio Internacional Cataluña, que ayer por la tarde recibió de manos del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Éste, con sutileza, aprovechó el acto en el Saló Sant Jordi del Palau de la Generalitat para resaltar de las virtudes del cineasta su compromiso en denunciar “los abusos de los Estados”, a veces “técnicamente democráticos, pero que se burlan de las libertades”, en lo que podrían ser veladas referencias a las actuales tensiones de su gobierno con el Estado español.

Padre de algunas de las mejores películas políticas de todos los tiempos (Z, La confesión, Estado de sitio…), Costa-Gavras hizo, coherente, un discurso comprometido y combativo. “Me ha enseñado la crítica profunda y la mirada de la experiencia compleja”, reconoció el sociólogo norteamericano Richard Sennett, que glosó su figura como miembro del jurado que le otorgó los 80.000 euros y una escultura de Antoni Tàpies.

El director de La caja de música y El capital volvió a demostrarlo. El punto de mira de su discurso de aceptación fue esa Europa que a pesar de “la condición modesta de mi país y mi familia que hacía que no tuviera ninguna posibilidad de llevar a cabo mi ilusión”, refiriéndose a su Grecia natal, le acabó permitiéndoselo en Francia. Una Europa, sin embargo, “capaz de crear lo mejor y perpetuar lo peor” y que está gestando su unidad “amamantada con un espíritu mercantilista”. Amén de los dominadores políticos y económicos, alertó de la presencia de “estos nuevos depredadores digitales que se aprovechan de la vulnerabilidad de una Europa en manos de los funcionarios”. Sin tapujos, Costa-Gravas citó a Netflix, Amazon y Google, que gozan de “total libertad para controlar e imponer criterios culturales”. Bajo la premisa de que “las obras del espíritu no son como las demás”, Costa-Gravas hizo un llamamiento a la revuelta por la excepción cultural en Europa ante las negociaciones comerciales con Estados Unidos: “La catástrofe está en marcha, por eso la guerra debe continuar”.

Capital en una sociedad cada vez más audiovisual donde “cada media hora te muestran la evolución de la bolsa y se crea un personaje mediático”, el cine (el suyo, declaró, busca “emocionar”) “sólo puede ser disidente” y pidió que se enseñe en las escuelas, “como la filosofía o el arte, para aprender a interpretarlo y escogerlo”.

“Su mirada crítica del mundo y su compromiso social, esa cólera por la injusticia y su admiración por los hombres justos, nos interpela, conmueve y sacude”, dijo Puigdemont, que a partir de ahí fue dejando mensajes casi subliminales: “Costa-Gavras nos habla del abuso del Estado, de esa mal invocada muchas veces razón de Estado”, que se apoya en “farsas judiciales, regresiones de las libertades o golpes de Estado... Y nadie puede decir que eso sean cosas del pasado o de países en vías de desarrollo”. En su opinión, esos marcos políticos “están más cerca de lo que uno se pueda imaginar, regímenes totalitarios que se han refinado mucho”. Y estrechó más el cerco: en algunos casos son “Estados técnicamente democráticos pero que se burlan de las libertades”. En esa línea, Puigdemont le agradeció su “compromiso social y político para desenmascarar los Estados y los sistemas que los amparan”. Por la mañana, en declaraciones a TV-3, Costa-Gavras afirmó que “la situación catalana es complicada, pero Madrid debería permitir votar”.