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La presión vecinal obliga a suspender la clausura de una mezquita en Getafe

El Ayuntamiento solicitó el cierre porque el local no cumple los requisitos como centro religioso

Miembros de la asociación Al Falah de Getafe durante la protesta de este miércoles por el cierre de su mezquita.
Miembros de la asociación Al Falah de Getafe durante la protesta de este miércoles por el cierre de su mezquita.

"Nuestra mezquita no se cierra", gritaba este miércoles por la mañana un centenar de personas en la puerta de la asociación Al Falah de Getafe. El grupo, en el que había mujeres y niños, ha conseguido detener la clausura del local hasta el martes 18 de julio, cuando la policía retomará el precintado, que estaba previsto para este miércoles a las 11.00. El Ayuntamiento explica que el espacio no cumple con los requisitos de un centro religioso y que para que se pueda rezar en él es preciso adaptarlo.

Al Falah es una asociación sociocultural que aglutina a la comunidad islámica de Getafe en el barrio de Las Margaritas, donde está situado el local sobre el que pesa la orden de cierre. Con las protestas de este miércoles, sus miembros han conseguido ganar unos días para negociar con el Consistorio (gobernado por PSOE e IU-CM), al que le solicita un local alternativo donde realizar sus oraciones.

"No hemos dejado pasar a la policía porque iba a cometer una injusticia: echar por tierra 21 años de trabajo. Les dijimos que no nos íbamos de allí sin el compromiso escrito de posponer la clausura”, narra Mohamed Salah, vicepresidente de Al Falah. La organización debe encontrar una solución antes del martes 18 de julio a las 9.00. A esa hora, los agentes volverán al centro dispuestos a precintarlo definitivamente. Al Falah espera una llamada del Ayuntamiento para desbloquear la situación, aunque esta aún no se ha producido.

"La comunidad musulmana está plenamente integrada en el barrio", certifica Vicente Martín, presidente de la asociación de vecinos. Al Falah compró en 1996 y con sus recursos el local en cuestión, un bajo de un bloque de pisos en la calle del doctor Barraquer. En estos 21 años solo ha tenido un problema: fue en 2014, cuando la queja de algún vecino estuvo a punto de costarle ya la clausura del local. Lo impidió, como ahora, la presión popular. En esta ocasión, la clausura se ha demorado ante la imposibilidad de desalojar al centenar de personas que protestaban, entre ellos muchos niños y mujeres.

Un golpe al barrio

"El cierre no solo sería un golpe a nuestra comunidad, sino a todo el barrio", sostiene Noureddine Abader, presidente de Al Falah desde hace 15 años. En su opinión, hay árabes que llevan 45 años viviendo en la zona. "Muchos, incluso, han nacido aquí. Ahora se sienten marginados. Solo solicitamos rezar en nuestra mezquita, no un trato especial". Durante la protesta, y mientras impedían el paso de los agentes, los manifestantes han clamado diferentes lemas. Entre ellos destaca uno: "Somos ciudadanos, no terroristas".

Salah, vicepresidente de Al Falah, critica lo que considera un trato discriminatorio: "Frente a nuestro local hay otro de una confesión diferente. Ambos tienen la misma altura, pero ellos siguen realizando su actividad sin problemas". Salah se refiere a la iglesia evangelista Buenas Nuevas, con sede en otro bajo de la calle del doctor Barraquer, losas de mármol en la pared y apariencia de local comercial.

Una resolución municipal firmada el 26 de junio ordenaba "la suspensión inmediata de los usos que se realizan" en el local de Al Falah. Entre los motivos, que el espacio no cuenta con "las correspondientes licencias". Tampoco reúne, según el escrito, "las condiciones señaladas en el plan general para uso religioso". El problema radica en la altura mínima del local. Al Falah sostiene que "solo" son 20 centrímetros menos de los requeridos (la normativa marca 3,20 metros). Pero el documento señala también problemas con la seguridad y la salubridad del espacio. "Tratamos de garantizar la seguridad de las personas que utilicen este y cualquier espacio", subraya Jorge Rodríguez, concejal de Urbanismo.

Resolución municipal

El documento del Consistorio incluye un informe sobre las inspecciones realizadas por la policía local, presentado el 12 de junio, y una resolución efectuada el día 16 por la Unidad Administrativa de Licencias del Ayuntamiento que acredita lo expuesto. "Somos conscientes del problema", ha admitido Abader. El presidente de Al Falah, que reside en España desde hace 25 años, asegura que han presentado alternativas, pero que el Consistorio aún no ha respondido. "Nuestra intención es construir una mezquita como la de la M-30. Solicitamos unos terrenos al Ayuntamiento en 1998 pero aún no nos los han concedido".

A los rezos del centro de Las Margaritas acuden entre 30 y 40 personas durante cada oración (la primera del día es a las cinco de la madrugada, la última a las 23.00). Para no molestar durante el Ramadán, cuando las oraciones congregan a medio millar de creyentes, y tras la denuncia por ruidos de 2014, Abader explica que la asociación que preside ha alquilado, con recursos propios, una nave en el polígono industrial. "Cada uno aporta lo que puede, pero la solución no es irse hasta allí porque damos soporte a la gente del barrio", confirma. Sobre la posibilidad de buscar un nuevo local en Las Margaritas, Abader destaca que han buscado, pero que los lugares que cumplen con la normativa, todos edificio nuevo, traspasan su presupuesto.

El cambio de postura que critica Al Falah

El presidente de Al Falah, el marroquí Nourredine Abader, critica que mientras la actual alcaldesa, la socialista Sara Hernández, estaba en la oposición, se negó en varias ocasiones al cierre del centro. “Ahora ha cambiado de postura. Nos sentimos traicionados”. El lunes, un centenar de miembros de la asociación ya se concentraron para protestar a las puertas del Ayuntamiento. Abader se queja de que Hernández no quiso atenderles, aunque han solicitado una reunión con ella.
El presidente de la Comisión Islámica de España, Riay Tatany, también ha pedido en una carta una solución a la alcaldesa. Sin embargo, un portavoz municipal afirma que la solicitud de cierre no es una decisión política, sino un trámite administrativo que surge al detectarse que el local no cumple con la normativa. Los manifestantes no lo han entendido así. Durante la protesta de ayer, en la que impidieron a la policía cumplir con el dictamen municipal, realizaron cánticos contra el PSOE. “No entiendo la actitud de un partido que siempre ha contado con nuestra confianza”, sentenció Abader.

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