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Roban una bicicleta única a la medallista paralímpica Gema Hassen-Bey durante el Orgullo

La atleta pide que se la devuelvan, porque es una pieza fabricada para ella en Polonia por 15.000 euros sin la que no puede entrenar

En la madrugada del domingo, durante las fiestas del Orgullo, le robaron la bicicleta adaptada a la atleta paralímpica Gema Hassen-Bey, cuando tenía el coche aparcado en una plaza de discapacitados con el remolque en la ronda de Atocha 5. La medallista paralímpica en esgrima es parapléjica y está “muy preocupada” porque la bicicleta es “única, fabricada para mí en Polonia, no puedo conseguir otra en España, y es imprescindible para seguir adelante el proyecto solidario en el que estoy inmersa”. “No se trata de ningún artículo de lujo, sino de la bicicleta con la que entreno”, advierte. Pagó por la bicicleta 15.000 euros.

Hassen-Bey participó en el desfile del World Pride y después se acercó a plaza de España para asistir a otro evento. Dejó el coche aparcado aproximadamente a las 23.00 y cuando volvió hacia las tres de la mañana le habían cortado los cuatro candados con los que estaba asegurada al remolque y se la habían llevado. “Fui como a cinco comisarías, porque estaban todas muy llenas debido a los robos que se habían producido”, explica. Piensa que quien se la ha robado “no sabe lo que me han quitado”.

La atleta confía en que aparezca, en cuanto la gente conozca lo “que supone para mí, porque sin ella no puedo entrenar”. Ofrece a los ladrones que la devuelvan de forma anónima si quieren en la Iglesia de San Antón a nombre del padre Ángel, en la calle Hortaleza 63.

El proyecto en el que Hassen-Bey trabaja desde hace años culminará con el ascenso al Kilimanjaro (5.985 metros). Si lo consigue sería la primera mujer en sillas de rueda que coronase el techo de África. Con este reto pretende conseguir que se desarrolle la tecnología necesaria para mejorar las bicicletas y acercar, de esa forma, la montaña a personas con problemas de movilidad. La siguiente escala, que ya está preparando, es la subida al Teide.

En octubre de 2015 coronó la Bola del Mundo (2.275 metros), una de las cimas más altas de la región. Pedalada tras pedalada, pero utilizando los brazos, resistió el viento, el frío y pendientes del 19%. Tardó cuatro horas y media en recorrer cuatro kilómetros y un desnivel de 400 metros. Sin la bicicleta le es imposible continuar el duro entrenamiento en el que está inmersa.