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ARQUITECTURA

Arquitectura con empatía

Un grupo de personas con diferentes discapacidades intelectuales han trabajado con futuros arquitectos para construir los proyectos finales de una de las asignaturas de su carrera

Louis Lacorne (izquierda), alumno de cuarto de Arquitectura, y Alejandro Saenz ultiman su proyecto de escuela para personas con discapacidad.
Louis Lacorne (izquierda), alumno de cuarto de Arquitectura, y Alejandro Saenz ultiman su proyecto de escuela para personas con discapacidad.

Clara Gutiérrez tiene 26 años y una discapacidad intelectual, lo que no le impide dar una lección a un grupo de estudiantes de cuarto de arquitectura de la Universidad CEU-San Pablo: “Que no se basen en un patrón, que cuenten con nuestra opinión. No pueden decidir lo que alguien necesita sin preguntarle a esa persona”. “Una reflexión muy arquitectónica”, puntualiza Pablo Campos, profesor de Composición arquitectónica e impulsor de un convenio de colaboración entre esta universidad y Fundación Prodis, que trabaja por la integración de niños y jóvenes con discapacidad intelectual.

Campos —tras 18 años como docente—, en su afán por innovar, por motivar a sus alumnos y huir de los formatos de enseñanza tradicional y hacerla más dinámica, materializó la vinculación de la universidad con Prodis en su asignatura. Así, el primer día, les explicó que había dos partes: la teórica y la práctica, y que esta última, en la que tendrían que proyectar una escuela para unos 50 alumnos con alguna discapacidad, la realizarían mano a mano con sus clientes y usuarios. A pesar de las dudas e incertidumbre de esa primera clase, comenzó una asignatura donde se ha hecho patente lo necesario que es que los arquitectos dialoguen y escuchen a quien va a habitar sus creaciones.

Así, se formaron siete grupos mixtos con los estudiantes del CEU y de la fundación, donde estos último marcaban los requisitos fundamentales para construir un proyecto acorde a sus necesidades. Jadi Chej, de 21 años, pidió un edificio con espacios amplios, sin escaleras ni pasillos. Siguiendo el dibujo inicial que ella realizó, su grupo, formado por Diego Fortea y Valentine Soene, ha ideado un proyecto basado en el croquis de Chej, cuya planta del edificio es muy similar al que mostrarán el próximo día 11 cuando todos tienen que presentar el resultado final de sus hipotéticos edificios. A la pregunta de si un cliente puede pedir un edificio sin pasillos y sin escaleras, lo tienen claro: “¡Y cosas peores!”

Cada grupo ha tenido muy en cuenta la opinión de sus colaboradores de Prodis y han añadido elementos con los que no contaban como una piscina en el trabajo del equipo de Alejandro Sanz, de 22 años; o una estrecha vinculación de todo el centro con el teatro, mucho más allá de construir un convencional salón de actos. Y es que a Candela Bravo-Morata le apasiona esta arte escénica y quería que esto se viera reflejado.

Trabajando con empatía

Había ciertas peticiones comunes que se repetían: una buena iluminación, la conexión con la naturaleza, incluso desde el interior de los edificios... Pero la diversidad que hay dentro de la diversidad también se manifestó en asuntos como los volúmenes y, sobre todo, en los colores. Cada uno prefiere el suyo, incluso Javier López-Aranda a la hora de decidir un tono, dio una respuesta que Beatriz Galofré, una de las alumnas de cuarto, se apuntó porque le hizo pensar: “Depende del día y de mi estado de ánimo”, y aunque no es una contestación esclarecedora ni práctica, refleja la disparidad.

Cuando finalice la asignatura, además de la parte académica que no se puede obviar, estos futuros arquitectos habrán trabajado el trato directo con los clientes: "Habrán desarrollado la capacidad de comunicar sin usar un lenguaje técnico, la empatía necesaria para ponerse en su lugar y entender lo que necesitan", cuenta el profesor. Campos explica que solo después de mucha charla, de investigación y de saber exactamente qué quiere el otro, los arquitectos pueden empezar a dibujar: “Hay que pisar mucha calle, ser una persona comprometida socialmente, tener clara la dimensión humana. El arquitecto tiene el poder de hacer una vida más fácil, más cómoda y más feliz a los ciudadanos. A partir de ahí, y tirando de talento, se diseña lo mejor que cada uno pueda”.

Dibujo realizado por Jadi Chej, a partir del que ella junto a sus compañeros Diego Fortea y Valentine Soenen idearon el proyecto de escuela para personas con discapacidad.
Dibujo realizado por Jadi Chej, a partir del que ella junto a sus compañeros Diego Fortea y Valentine Soenen idearon el proyecto de escuela para personas con discapacidad.