La espera media para operarse varía hasta un 258% entre hospitales

En Traumatología, las diferencias en la demora quirúrgica superan los cuatro meses

Hospital público Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares, este viernes.
Hospital público Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares, este viernes.KIKE PARA

Las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo para el que queda peor. Y eso que muchas veces tienen detrás explicaciones comprensibles: un contratiempo, una herencia maldita, una gestión complicada. Sin embargo, estas no suelen consolar a pacientes como Ángel, de 29 años, que ha esperado seis meses para operarse de una lesión de ligamento cruzado en la rodilla izquierda. Su hospital es el Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares. De allí salía el pasado miércoles, apoyado en las muletas, de una abarrotada sala de espera de Traumatología.

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El centro sanitario de Alcalá, abierto hace casi tres décadas, tiene una espera quirúrgica media de 114 días, 23,25 más que el siguiente, la Fundación Alcorcón. En cinco de sus ocho especialidades se superan los tres meses de demora y en ninguna está por debajo del mes.

Desde el hospital y la Consejería de Sanidad insisten en que las cifras mejoraron durante unos meses del año pasado, gracias, aseguran, a los pactos de gestión puestos en marcha en el centro dentro del plan de choque del Gobierno regional para reducir las listas de espera. Las vacaciones de verano y, después, en octubre, el cierre de cinco quirófanos para hacer unas obras que pretenden aumentar la capacidad del hospital fueron los culpables, añaden, de que se truncara la mejora.

Pero lo cierto es que el Príncipe de Asturias lleva mucho tiempo entre los hospitales con más espera. ¿Por qué? ¿Qué lo diferencia del hospital público que tiene el mejor dato? En este caso, se trata del Tajo, con una media global de 31,86 días (dejando aparte los a los centros con concesiones administrativas, que sí se han incluido en los dos buscadores que acompañan a este texto).

El hospital del Tajo, nacido en Aranjuez hace nueve años como un centro mixto público-privado, polémico por sus desajustes económicos (ha estado al borde de la quiebra), es uno de los seis hospitales cuya gestión directa ha recuperado el Gobierno regional en los últimos meses. Es mucho más pequeño que el Príncipe de Alcalá: según la última memoria publicada de ambos, de 2015, es aproximadamente un tercio, tanto en recursos humanos, como en medios y las operaciones hechas al año. Sin embargo, el número total de pacientes ingresados sí muestra una descompensación: fue cuatro veces más alto en el Príncipe de Asturias.

La gerente asistencial de Gestión Hospitalaria de la consejería, María Luz de los Mártires Almingol, insiste en que el tamaño no es un factor clave, al menos no por la dificultad de gestión, aunque sí afecta cuando los grandes son centros de referencia en alguna especialidad (lo que atrae las intervenciones más complicadas). Tras insistir en la eficacia del plan de choque del Gobierno contra las listas de espera, la gerente achaca las enormes diferencias entre hospitales, más bien, a la imprevisibilidad lógica de las afecciones y a que toda la región es un área única en la que los pacientes pueden elegir centro de atención.

Alfredo Cámara, delegado sindical de UGT en el Príncipe de Asturias, aparte de hablar de algún caso enquistado desde hace años que empeora la media, ofrece otras claves. Por ejemplo, que cuando se inauguró a finales de 2011 el cercano hospital de Torrejón (privado concertado), el suyo perdió unas 100 camas y unos 123 puestos de trabajo. Pese a lo cual, asegura, sigue atendiendo a mucha de la población que supuestamente iba a desviarse al nuevo centro, pero con la merma de aquellos medios.

Mientras, en el Tajo de Aranjuez, con la llegada de la crisis y el parón urbanístico, su previsión de pacientes nunca se llegó a cumplir, explican fuentes sindicales. No hay más que ver sus amplios, espaciosos y no muy concurridos pasillos. A diferencia de otros centros más grandes, en este se reparten todo el trabajo entre todos, es decir, que una persona que necesite hospitalización puede acabar en Maternidad o en Pediatría si hay un hueco. “Cama libre, cama disponible”, suelen decir por allí.

El ritmo de las operaciones también suele ser muy alto —como atestiguan las cifras— y además ha aumentado en los últimos meses, por ejemplo, en Traumatología. Pero no todo son buenas noticias cuando los cirujanos sacan mucho más trabajo del que puede absorber, por ejemplo, el equipo de Rehabilitación. En ese caso, el tapón se traslada a otra estación posterior del sistema, al igual que en otros centros puede estar antes, en las pruebas diagnósticas. En este caso, sin embargo, la estadística solo ofrece la cifra global de demora media para las pruebas en toda la región: fueron 39,70 días en febrero, cinco menos que en enero.

Sobre la firma

J. A. Aunión

Coordinador del espacio de Educación de EL PAÍS. Especializado en información educativa durante más de una década, también ha trabajado para las secciones de Local-Madrid, Reportajes, Cultura y EL PAÍS_LAB, el equipo del diario dedicado a experimentar con nuevos formatos.

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